De Europa a Papúa Nueva Guinea: una mirada hacia otros confines

Christian vive desde febrero de 2017 por trabajo en Lae, la segunda ciudad más grande de Papúa Nueva Guinea. Nacido en Graz, Austria está conociendo justo ahora un mundo completamente diferente. Aquí un informe que echa una mirada hacia otros confines.

Los redactores de anuncios publicitarios también llaman a Papúa Nueva Guinea el "país de lo inesperado". "Ahora que yo mismo lo estoy viviendo, sólo puedo estar de acuerdo", es la impresión de Christian. Las formas de tratarse conocidas en Europa aquí, en su nueva patria, son totalmente diferentes. Las personas impactan por su cordialidad, su amabilidad y su disposición a ayudar, sin embargo cuesta acostumbrarse a las limitaciones en la libertad de movimiento causadas por la alta criminalidad y la disposición a la violencia, dice el austríaco. "Cada día descubro cosas nuevas y miro más allá de lo que tengo ante mi vista. Estoy muy agradecido por ello".

País de gran pluralidad

Papúa Nueva Guinea es un país de una gran pluralidad. El tercer estado insular más grande del mundo concentra no menos de 800 grupos poblacionales, cada uno con su propia cultura, lengua y tradición. El paisaje es enormemente diverso: montañas de hasta 4500 metros de altura, volcanes, extensas praderas, bosques tropicales, maravillosas playas con arrecifes de coral en el Pacífico Sur. La fauna es sumamente rica en variación. No obstante, en Papúa Nueva Guinea es muy alto el riesgo de enfermar de malaria. "Lo pude comprobar yo mismo varias veces y con gran dolor", informa Christian.

Servicio Divino en el asentamiento

Visitar los Servicios Divinos nuevoapostólicos hace sentirse como en casa, resume el austríaco. "En abril el Apóstol Hungito, quien también reside en Lae, me pasó a buscar en mi domicilio para mi primer Servicio Divino. Fuimos juntos a la comunidad. Esta está ubicada en uno de los numerosos asentamientos medio legales de casitas de chapa que hay en Lae". Su visita fue una sorpresa para la comunidad, dice Christian. Hasta ese momento, ningún europeo había visitado la comunidad. "Los cantos del coro para mí conocidos conmovieron mi corazón y la liturgia para mí conocida así como el festejo de la Santa Cena me hicieron sentir como en mi patria".

Largos caminos, mucho compromiso

Christian, mientras tanto, ya pudo acompañar al Apóstol Zuhuke Hungito a otras comunidades de los alrededores. Una vivencia entre muchas: "Entre otras visitamos una comunidad en una zona montañosa. El viaje fue cansador, pero nuestro vehículo todo terreno nos llevó a salvo por caminos muy difíciles de transitar. Muchos de los miembros de la comunidad, en cambio, tuvieron que recorrer todo un día a pie un sendero lleno de obstáculos para poder participar del Servicio Divino. Para mí es increíble e impresionante cómo los hermanos, a pesar de las condiciones de vida adversas como la pobreza, la alta tasa de desempleo, la gran disposición a la violencia, practican su fe con alegría y ponen todo para poder concurrir a los Servicios Divinos". En ese Servicio Divino había más de 700 participantes, recuerda Christian. Un total de 41 niños recibieron el Sacramento del Santo Sellamiento.

Trabajo con la juventud en Lae

La afición de Christian por trabajar con la juventud no quedó oculta por mucho tiempo. En Austria ya había colaborado como encargado de la juventud en su comunidad. Por eso el Apóstol Hungito le preguntó si también en su nueva comunidad quería trabajar con la juventud. "La primera reunión de juventud fue una experiencia interesante y hermosa para mí. Los temas cotidianos que mueven a los jóvenes en esta parte del mundo son diferentes a los de Europa. Sin embargo, la fe nos vincula, también más allá de los continentes".

El Apóstol Mayor Schneider visita el país

Al final de su informe, Christian se vuelve a poner emotivo: "El Servicio Divino internacional de Pentecostés 2017 tuvo lugar en mi patria. Me hubiese gustado mucho estar presente y efectivamente, fue la única vez que sentí algo de nostalgia. Pero la compensación fue que a principios de octubre el Apóstol Mayor vino a Papúa Nueva Guinea. Junto con los hermanos y hermanas de Lae pudimos volar a Puerto Moresby y allí vivir el Servicio Divino de agradecimiento, un acontecimiento extraordinario para mí. Si Dios quiere, me quedaré más tiempo en Papúa Nueva Guinea. Estoy impaciente por todo lo que viviré todavía aquí. Lo que ya ahora me puedo llevar, es la calidez y alegría de los hermanos y estoy muy agradecido por haber sido recibido tan cordialmente en su círculo. Un conocido dicho expresa que la patria está allí donde está el corazón. No me resulta difícil encontrar una porción de mi patria en el círculo de mis hermanos y hermanas de Papúa Nueva Guinea".

Sobre la persona:

Christian Hiris tiene 36 años de edad. El cooperante humanitario nacido en Graz (Austria) vive desde febrero en Lae (Papúa Nueva Guinea). Su tarea consiste especialmente en hacer accesible la ayuda médica y medicinal a personas que viven en zonas rurales apartadas, donde no existe atención médica del estado.

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