Solo la fe

El Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider se describió a sí mismo como “sin hogar” cuando se presentó en el altar de la comunidad de Montreux (Suiza). Debido al coronavirus, el viaje que había planeado a Brasil fue cancelado. Esta vez, el ejemplo brillante de Abraham fue el centro de la prédica.

Pablo menciona a Abraham como un ejemplo especial de fe en su epístola a los Gálatas. Aparentemente, existía en la comunidad la opinión de que era necesario respetar la ley judía para ser salvado. El Apóstol se opuso enérgicamente a este punto de vista: No era la observancia de las reglas, la observancia de las tradiciones lo que garantizaba la salvación. El factor decisivo era la fe. La fe es la única actitud correcta frente a Dios, afirmó el máximo dirigente internacional de la Iglesia al principio de su prédica. Citó la epístola de Pablo a los Gálatas: “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gálatas 3:8-9).

Prueba 1: Salida hacia lo desconocido

Esta palabra lo había desafiado, dijo sonriendo el Apóstol Mayor. Se había ocupado durante largo tiempo de Abraham como persona y primero dio a la comunidad una breve visión de la historia de su vida: Abraham nació en Ur, en el Golfo Pérsico, pero su padre decidió abandonar el país. Se mudaron con todos sus rebaños y todas sus posesiones a la actual Turquía. Así que subieron por todo el Éufrates para establecerse allí. Y entonces Dios vino a la casa de Abraham y le dijo que lo dejara todo: la familia, la tierra, todo lo que poseía. ¡Y ni siquiera sabía adónde ir! “Vete a la tierra que te mostraré, allí te bendeciré”, fue la promesa divina.

Traté de imaginar la reacción de Abraham, reveló el Apóstol Mayor: “Abraham solo tenía la palabra de Dios. No tenía nada más, ni garantía, ni descripción, ni explicación, ¡solo la palabra de Dios!”. Abraham confió en esa palabra y fue. A partir de ese momento, se convirtió en un extraño. Como nómada, no tenía nada. Apóstol Mayor Schneider: “Esto es impresionante, ¿no?”.

Prueba 2: Promesa demorada

Y luego vino la historia con Isaac, siguió informando el Director de la Iglesia. Dios prometió a Abraham un hijo, pero no pasó nada. Pasaron años y años y Abraham se impacientó. Después finalmente nació el hijo de la promesa. “De nuevo, la Biblia dice que Abraham confió en Dios. Aunque parecía completamente improbable, completamente imposible, aunque tardó mucho tiempo en hacerse realidad, confió en Dios”, predicó el Apóstol Mayor.

Prueba 3: Sacrificio de gran alcance

Por tercera vez Abraham tuvo que probar su fe, su confianza en los caminos de Dios: ¡Isaac debía servir como un sacrificio a Dios! “¿Podemos imaginarlo? ¡Para nosotros hoy parece completamente absurdo!”. La Biblia tampoco revela lo que sucedió en el corazón de Abraham en ese momento, pero uno puede imaginarse: “¿Cuál es el sentido de esto? ¿Por qué me haces esto? Yo fui amable, obediente, confiable. Dijiste que querías bendecirme y ahora me quitas la bendición”. Abraham pudo haber pensado algo así, como lo describió el Apóstol Mayor.

Pero de nuevo la imagen familiar: Abraham confió en Dios y habría sacrificado a su hijo Isaac si Dios no lo hubiera impedido en el último momento. “¡Qué fe, qué confianza!”.

¿Y hoy?

“¿Qué significa todo esto para nosotros hoy?”, preguntó el Director de la Iglesia a la comunidad. Hoy Dios nos dice que quiere darnos salvación, felicidad, que quiere bendecirnos, pero no aquí en la tierra, sino en su reino, en el reino de Dios. Allí es donde tenemos que ir. Nuestras preguntas podrían ser entonces: “¿Cómo será allí? ¿Dónde está? ¿Cómo llegamos allí?”. Todo lo que tenemos es la palabra de Dios. “Debemos confiar en Él. Hay un lugar que no podemos imaginar, que ningún científico puede destruir, que existe solo en nuestra fe. Y Dios nos dice: Confía en mí, sigue la doctrina de Jesucristo. Es el camino hacia allí”, concluyó el Apóstol Mayor.

La fe salva

Jesús vino a este mundo y dejó claro que la visión del reino de Dios aún no está completa. “Creemos en Él. Creemos que Jesucristo vendrá otra vez. Creemos que nos dio la Iglesia, el apostolado”. Ha pasado mucho tiempo desde que el Señor hizo esta promesa, más de 2000 años: “¿Y qué ha pasado? ¡Nada, nada en absoluto! Aún no vino, así que empezamos a pensar como Abraham”. ¿Qué responde el Señor? “¡Solo confía en mí! ¡Vendré otra vez, aunque tarde mucho tiempo!”.

Dios solo pide una cosa, dijo el Apóstol Mayor para finalizar: ‘Cree en mi palabra, confía en mí hasta el final’. “Es esta fe la que nos salvará”.

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Peter Johanning
4.11.2020
Suiza, apóstol mayor, servicio Divino