No son las posesiones lo que importa, sino las relaciones. Son precisamente los pobres, en cierto sentido, los que son importantes para Dios. Esto es lo que Jesús deja claro en una de las Bienaventuranzas.
En su visita pastoral a África del Sur, a fines de noviembre de 2025, el Apóstol Mayor visitó varias comunidades, se encontró con líderes de la juventud, asistió a un concierto y condujo dos Servicios Divinos. Uno de ellos tuvo lugar el viernes 28 de noviembre de 2025 por la tarde, en nuestra comunidad Jeffreys Bay. El Apóstol Mayor Schneider basó su prédica en Lucas 6:20: “Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”.
Bienaventurado indica el favor de Dios
El Apóstol Mayor comenzó preguntando qué significa la bendición. No se trata de posesiones o de una ganancia inesperada, dijo, sino del amor de Dios. “Cristo está ahí para ti, personalmente”, dijo, enfatizando la naturaleza individual de esta cercanía. Según el Apóstol Mayor, la bendición no es un regalo para consumir, sino “una fuerza, una energía y una fortaleza”. Esta fuerza actúa cuando es necesario y genera paz, alegría, esperanza y confianza.
Refiriéndose a las Bienaventuranzas, explicó la ruptura con las expectativas convencionales. En tiempos de Jesús, el éxito y la riqueza material se consideraban a menudo como un signo del favor de Dios. Jesús dio un giro radical a esta suposición. “Bienaventurados los pobres”, citó el Apóstol Mayor a Jesús y explicó que la bendición, o la felicidad, se utiliza aquí en términos de una relación. “Los bienaventurados… tienen la relación correcta con Dios”. Felices son aquellos que experimentan la bondad de Dios.
La pobreza no es un defecto
El Apóstol Mayor cuestionó la idea de que la pobreza es un castigo o una señal de fracaso ante Dios. “Su pobreza no era consecuencia de su comportamiento”, dijo, explicando las cosas desde la perspectiva de Jesús. La pobreza es consecuencia de un mundo caído, no una pena divina. Es por eso que Jesús alienta a los pobres y les promete felicidad: “Bienaventurados los pobres, porque Yo estoy aquí para hacerles el bien”.
A continuación, añadió una perspectiva matizada. Existe la pobreza que es consecuencia de malas decisiones. Pero también se dirige a estas personas, dijo el Apóstol Mayor. “Aunque hayáis cometido errores en vuestra vida… esta pobreza no es un obstáculo para vuestra salvación”. Incluso aquellos que fracasan en su trabajo, en su familia o en la vida, siguen siendo plenamente aceptados por Dios. Al final, lo que importa es la fe, no el éxito exterior.
Al mismo tiempo, señaló las limitaciones. La pobreza no disminuye la culpa. Los pobres no tienen carta blanca para infringir los mandamientos. “La pobreza no es una excusa,” explicó. El mandamiento de amar al prójimo se aplica independientemente de la situación económica de cada uno.
Los pobres en el nombre de Cristo
El Apóstol Mayor destacó otro aspecto, a saber, aquellos que renuncian a algo por sus convicciones. Los discípulos lo dejaron todo para seguir a Jesús. Incluso hoy en día hay personas que renuncian a oportunidades para servir a Dios y al prójimo. El aliento y la promesa de Cristo también se aplican a ellos. “Todo lo que me hayáis dado, lo recibiréis cien veces más”, citó el Apóstol Mayor la promesa de Jesús. La recompensa no solo se recibirá en el más allá: la comunión, el consuelo y la paz ya se pueden experimentar ahora.
El Apóstol Mayor destacó que la pobreza no es ni una condición ni un obstáculo para la salvación. Los ricos también pueden ser salvos. Lo decisivo es la actitud de una persona. La riqueza adquirida honestamente nos obliga a ser agradecidos y a compartir. La riqueza obtenida ilegalmente demanda arrepentimiento y reparar lo que uno ha hecho mal, como fue el caso de Zaqueo (Lucas 19:1-10).
Los pobres en espíritu: una actitud de confianza
El Apóstol Mayor concluyó su prédica con una interpretación de la pobreza espiritual según Mateo 5. “Los pobres en espíritu son humildes y agradecidos,” dijo. Es la clase de actitud que reconoce la dependencia de la gracia de Dios. Estas personas son abiertas, siguen aprendiendo y confían, aunque no lo entiendan todo.
Es más, demuestran gratitud a través de los hechos, no simplemente con palabras. Los pobres en espíritu saben que, aunque se cumplieran todos sus deseos, sin Jesucristo no serían completamente felices. “Sin ti, no puedo ser completamente feliz”, citó el Apóstol Mayor la lógica interna de esta actitud.
El Apóstol Mayor dejó claro que Jesús está del lado de los menospreciados. “Yo estoy de su lado”, citó el mensaje de Jesús. Pero aquellos que experimentan el aliento de Jesús son al mismo tiempo llamados a servirle, a confiar en Él y a seguirlo paso a paso.