¿Un agua que da vida eterna? ¿Y totalmente gratuita? ¿Dónde se encuentra algo así? En Jesucristo. Solo hay que sacarla.
“¡Despertad!”, este fue el llamamiento con el que el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider comenzó su prédica el domingo 14 de diciembre de 2025 en Hamburgo-Eppendorf (Alemania). Porque “el Rey de Paz está aquí. Jesucristo está entre nosotros” y nos concede su salvación. Este es el significado del versículo bíblico de Isaías 12:3 para este Servicio Divino: “Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación”.
El agua para la vida eterna
En la Biblia, el agua simboliza diferentes aspectos. Por un lado, es una “imagen del obrar de Dios”, “de la presencia y la ayuda de Dios”. Por otro lado, es una “imagen de la purificación” y, con el tiempo, también se ha convertido en una “imagen de la vida eterna, la vida de Dios”.
Para los cristianos está claro que “esta agua es Jesucristo”. En Él, Dios ha venido a la tierra, en medio de los seres humanos. En Él “encontramos el perdón de los pecados, la purificación del alma, y Él ha venido para traer la vida eterna”.
La fuente o el pozo de esta agua es inagotable. Porque “está presente en Jesucristo en toda su plenitud”. No importa en qué situación te encuentres, “Jesucristo puede ayudarte y consolarte”. Todo aquel que cree en Él “puede alcanzar el perdón de los pecados”. Y Dios puede dar la vida eterna a todos los seres humanos. “La ayuda, el consuelo de Dios funciona para todos en todo momento”, subrayó el dirigente de la Iglesia y continuó: “Dios ha preparado la vida eterna para todos”.
El agua de la vida es gratuita
Esta agua “ahora es accesible y está disponible para todos, y se puede obtener gratuitamente”. No se puede merecer, Dios concede gracia, salvación y ayuda. “La única condición es que nosotros debemos sacar el agua”.
Para llegar a esta fuente, a Jesucristo, hay que creer en Él. “Se trata de que nuestra fe sea verdadera”, no solo de tradición, religión y creencias. “Hay que confiar plenamente en Jesucristo”, subrayó el Apóstol Mayor, porque “nos orientamos hacia Jesucristo en cada situación”.
Sacar agua significa aceptar su palabra y actuar. Es decir, “no solo escuchar, sino orar primero y luego interiorizar la palabra, trabajarla y preguntarse seriamente: ¿qué significa esto ahora para mí?”.
Por voluntad propia a la fuente
Sacar con gozo significa: “No saco la palabra de Dios porque deba hacerlo, sino porque quiero”. Es una decisión propia. “Quiero entrar en el reino de Dios. Quiero la vida eterna. Y por eso quiero la palabra de Dios”. Dios nos concede la gracia, tenemos acceso a esta agua y estamos agradecidos de poder sacarla.
En el reino de Dios todo es santo, perfecto, completo. Quien quiera entrar allí debe llegar a ser como Cristo, aceptar la palabra de Dios y su verdad. “Porque Él me conoce y me ama, sabe que nunca podré ser perfecto, que necesito absolutamente la gracia”. Dios nos dice lo que aún debemos cambiar, cómo podemos alcanzar la gracia y cómo afrontar mejor las pruebas.
Más que buen humor: gozo divino
“Saquemos con gozo. Cuando sacamos agua así, esta nos hace sentir gozosos”. Esto no tiene nada que ver con el buen humor, un estado de ánimo o una emoción, “este gozo es un gozo divino”.
Se trata de una actitud interior. “Quien tiene una relación correcta con Dios tiene gozo divino”. Esta persona está agradecida por la salvación, es feliz por ser amada por Dios y mira al futuro con confianza. “Quien saca el agua de la salvación, tiene entonces un gozo interior, profundo y constante”.
“Quien realmente tiene este gozo en Cristo, se convierte en una fuente de bendición para su prójimo”, explicó el Apóstol Mayor y concluyó su prédica: “A través de él, el prójimo puede experimentar la cercanía, el amor y la gracia de Jesucristo”.













