Un hombre que vivió lo que enseñaba y se comprometió incondicionalmente con la causa de Dios. El sábado, hace 60 años, falleció el Apóstol de Distrito Georg Schall. Un retrato de su vida.
Allí está. En el altar. En la casa de una hermana en la fe. Con 21 años, recién ordenado Pastor y dirigente de la comunidad, sin una palabra bíblica. Deja que se cante una estrofa más. ¿Qué le dirá a la comunidad?
Ayer, antes de acostarse, oró fervientemente por una palabra. Durante la noche estuvo muy inquieto, se despertaba constantemente, “nada, ningún pensamiento”. De repente, por la mañana, la palabra se le apareció: “Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?”. Pero, ¿dónde está?
Hojea la Biblia página tras página, pero no la encuentra. Después del trabajo, se apresura a volver a casa y sigue buscando, sin éxito. Se devana los sesos, en 20 minutos empieza. Hojea y hojea. Comienza el Servicio Divino, no tiene nada, absolutamente nada: “Amado Dios”, ora mientras la comunidad sigue cantando. “Ahora ni siquiera voy a mirar la Biblia, voy a abrirla y leeré lo primero que vea, ¡aunque sea sobre la muerte y el diablo!”.
Abre y ve: “Fuego vine a echar…” (Lucas 12:49). “Lloré como un niño”, contó más tarde el Apóstol de Distrito Schall sobre este, su primer Servicio Divino.
Donde la fe echó raíces
Georg Schall vino al mundo el 8 de febrero de 1886 en Steinenkirch, Alemania. Como el mayor de nueve hermanos, a menudo tenía que cuidar de sus hermanos. A esto se sumaba el duro trabajo después del colegio en la tonelería (fabricación de barriles) y en la granja de su padre. “A menudo superaba con creces nuestras fuerzas”.
A su madre le encantaba “leer algo de las Sagradas Escrituras” los domingos por la noche. A los doce años escuchó por primera vez las palabras del Apocalipsis: “Y cantaban un cántico nuevo…”. Su madre tenía lágrimas en los ojos y, aunque él no entendió las palabras de inmediato, “me conmovieron profundamente el corazón”.
Un año después, su madre falleció. Esta experiencia marcó profundamente al joven: “Aprendí mucho en aquellos días, toda la futilidad y la inconstancia de lo terrenal”. A partir de entonces, aspiró a “objetivos mejores y más elevados”.
Un nuevo mundo para el alma
Comenzó un aprendizaje como pintor en la vecina ciudad de Geislingen. A los 17 años, un compañero de trabajo le habló por primera vez de la Iglesia Nueva Apostólica y asistió a los Servicios Divinos. “Descubrí un nuevo mundo para mi alma”. Allí encontró consuelo, paz y alegría. El 21 de octubre de 1903, el Apóstol Georg Ruff lo selló.
Su padre no comprendió la decisión de su hijo y lo echó de casa. Solo y sin recursos, se fue a Ulm a buscar trabajo: “Tuve que pasar allí los días más difíciles de mi vida: pobreza, sufrimiento, enfermedad y miseria”.



Maduró en las pruebas
Georg Schall vio estas pruebas como una oportunidad para “fortalecer y purificar aún más el alma”, y se mantuvo fiel a Dios. En abril de 1907 fue instituido como Subdiácono y siete meses más tarde se convirtió en Pastor y dirigente de la comunidad Blaubeuren.
Mientras tanto, había encontrado un buen empleo en una empresa de pintura, donde finalmente llegó a ser director general. La reconciliación con su padre se produjo por iniciativa de este en 1911. Un año más tarde se casó con Margarete Junginger. Tuvieron dos hijos.
A instancias del Apóstol Mayor Hermann Niehaus, la familia se mudó a Fráncfort del Meno en 1914 para apoyar al Apóstol Johann Gottfried Bischoff. Georg Schall recibió otros ministerios y, en septiembre de 1923, el ministerio de Apóstol.



Un hombre de gran corazón
En 1927, la familia regresó a Wurtemberg, ya que el Apóstol de Distrito Karl Gutbrod necesitaba ayuda. Por motivos de salud, este tuvo que renunciar a su ministerio en noviembre de 1938 y el Apóstol Schall se convirtió en el nuevo Apóstol de Distrito. Baviera y Wurtemberg contaban con 390 comunidades, y al final de su actividad eran 500.
Se lo consideraba un hombre lleno de empatía y compasión, “tenía una palabra de consuelo y fortaleza para todos”. El ocio le era ajeno. Le gustaba asistir espontáneamente a clases de canto, veladas juveniles, reuniones ministeriales o visitar a hermanos enfermos. “Con amor abnegado, cuidaba tanto de las comunidades como de los hermanos colaboradores, así como de todos los hermanos y hermanas sin distinción”, decía la carta con motivo de su 25º aniversario de actividad.



Tranquilo y modesto hasta el final
A los 79 años, pasó a descanso por motivos de salud en agosto de 1965. En total, ejerció como portador de ministerio durante 58 años, 52 de ellos como Apóstol. El 31 de enero de 1966, el Apóstol de Distrito Schall falleció tras una breve enfermedad.
“Sirvió al Señor con alegría. Era un hombre conforme al corazón de Dios. Vivió su vida de forma tranquila y modesta”, resumió el Apóstol Mayor Walter Schmidt durante el funeral.


