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Nicodemo: cuando la fe crece en secreto

05 02 2026

Autor: Simon Heiniger

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Una conversación de asistencia espiritual con Jesús, sin soluciones rápidas. Cuando las preguntas tienen espacio suficiente y sin vergüenza, la fe puede crecer, a menudo en secreto, a veces solo después de mucho tiempo.

Nicodemo no busca a Jesús donde la multitud puede escucharlo. Viene por la noche. No para poner a prueba a Jesús, sino para no exponerse.

Es un respetado maestro de Israel. Alguien que sabe cómo creer. Alguien que sabe cómo hablar. Y, sobre todo, alguien que sabe lo que los fariseos y los escribas piensan de Jesús.

Búsqueda cautelosa

Sin embargo, acude a Él. A aquel a quien reconoce como enviado por Dios, pero que al mismo tiempo lo inquieta. Porque algunas preguntas necesitan protección. Un lugar donde se pueda decir: “No lo entiendo”.

La noche se convierte precisamente en ese lugar:

  • Aquí no importa lo seguro que uno parezca, sino que se pueda preguntar con sinceridad.
  • Aquí no es necesario comprender de inmediato, y nadie te juzga por ello.

¿Quién no conoce noches así? Preguntas que no se formulan en voz alta porque aún no se tienen palabras para expresarlas. Porque uno se siente atrapado. Porque uno piensa: “Ya debería saberlo”.

Nicodemo encuentra en Jesús el lugar adecuado para ello: un espacio seguro para las dudas, abierto a las preguntas y respetuoso con la propia perspectiva.s: einen sicheren Raum für Zweifel, Offenheit für Fragen – und Respekt für die eigene Perspektive.

Relación en lugar de enseñanza

Jesús no reacciona con distancia, aunque el momento de la visita podría sugerir cierta reserva. No deja en evidencia a Nicodemo. No aprovecha el momento para refutar a un erudito. Lo toma en serio.

Nicodemo comienza de manera cortés, casi formal, tanteando el terreno. Pero Jesús no se queda en lo superficial. Lleva la conversación a lo más profundo, a la base de la vida. No basta con saber cosas sobre Dios. Lo decisivo es entrar en relación con él.

Jesús no le da a Nicodemo un paquete de respuestas prefabricadas. Le abre un horizonte. Habla de un nuevo comienzo, de la vida a partir del Espíritu, de una fe que no surge del control, sino de la confianza. Y habla de tal manera que Nicodemo puede pensar por sí mismo, aunque (todavía) no lo siga.

A Nicodemo no se lo presiona. Pero Jesús lo trata con claridad y respeto. Le da impulsos, le hace preguntas, le deja espacio. Esto tiene un efecto que va más allá de la conversación en sí.

A primera vista, todo queda sin un resultado tangible. Nicodemo no deja atrás su vida anterior como otros, ni sigue directamente a Jesús. Por el momento, se queda en una conversación: un primer contacto. Un acercamiento cauteloso y una primera prueba.

Cuando la confesión aún es silenciosa

Sin embargo, Nicodemo no desaparece simplemente de la historia después de la conversación nocturna. Al principio, todo sigue tranquilo a su alrededor. No hay una decisión clara, ni una confesión pública. No hay un “dejar las redes y seguir a Jesús”.

Y, sin embargo, algo está cambiando en él. El cambio lleva tiempo. El relato del Evangelio de Juan salta de la fase inicial del obrar de Jesús a la fiesta de los tabernáculos, meses, quizás años después.

Cuando Nicodemo reaparece, ya no se trata de una conversación personal, sino de un juicio. En medio de los que juzgan a Jesús, se mantiene cauteloso. Recuerda la justicia, el derecho y el procedimiento correcto en estos casos. No hay una actuación valiente, no se convierte en un ardiente defensor de Jesús. Pero es un paso más y un eco visible de la conversación nocturna. Nicodemo piensa de otra manera. Argumenta de otra manera. Su fe sigue siendo inquisitiva, pero no sin consecuencias.

A menudo se esperan grandes cambios. Se busca el giro radical de “Saulo a Pablo”. Pero muchas veces el cambio se produce primero con pequeños desplazamientos: en el tono de voz, en la actitud, en el respeto por otras perspectivas. La asistencia espiritual no siempre tiene un efecto visible. Pero puede dejar huellas: silenciosas, persistentes, duraderas.

Honores reales: cuando la fe se hace visible

Mientras los discípulos se retiran por miedo, Nicodemo y José de Arimatea dan un paso al frente. No con palabras, sino con un acto que hace visible lo que ha madurado en secreto. Juntos se encargan del entierro de Jesús. Nicodemo trae una cantidad inusualmente grande de mirra y áloe. No es un gesto menor, es un entierro con especial cuidado y reverencia. Lo que una vez comenzó con preguntas, encuentra aquí una forma que ya no necesita explicación. Ni una palabra, ni una confesión, ni una justificación. Solo un acto.

Es llamativo: Nicodemo no se convierte en predicador. No pronuncia discurso alguno. Tampoco llevará el Evangelio por todo el mundo como Apóstol más tarde. Su fe se manifiesta de otra manera: tranquila, digna, decidida. Allí donde ya no hay nada que ganar.

El camino que sale de la noche no conduce a un escenario, sino a un sepulcro. Y es precisamente allí donde se hace visible lo que ha crecido en las conversaciones, a lo largo de meses, quizás años.

Nicodemo nos recuerda que la fe no siempre se manifiesta en voz alta. Pero se hace concreta. Y que la fe necesita relación: un espacio en el que habite la honestidad. La asistencia espiritual mantiene abierto este espacio, incluso cuando el resultado aún no se ha producido. El crecimiento suele ser silencioso y lento, a veces casi imperceptible. Pero encuentra su camino:

“Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo”.

Marcos 4:26-27


Foto: generada por IA

05 02 2026

Autor: Simon Heiniger

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