“Vivimos, lo queramos o no, en un clima dominado por el miedo”, afirma el Apóstol Mayor. Pero él conoce el único medio eficaz contra ello: el Servicio Divino dedicado al lema del año.
El miedo y la inseguridad se perciben en todo el mundo, explicó Jean-Luc Schneider el 4 de enero de 2026 en Esch-sur-Alzette (Luxemburgo). Las razones son los numerosos conflictos armados y guerras, los cambios sociales, así como el cambio climático y la destrucción del medio ambiente, que en muchas regiones han alcanzado proporciones que amenazan la existencia. A esto se suman las preocupaciones personales, por ejemplo, por los hijos y nietos, por enfermedades o también por el futuro de la comunidad y la Iglesia.
Un Padre, una esperanza y un milagro
Todos estos miedos son fundados y comprensibles, reconoció el dirigente de la Iglesia. “Y la única reacción inteligente que podemos tener es acudir a nuestro Dios, acudir a nuestro Señor Jesús y comunicarle estos miedos, presentarle nuestras preocupaciones y confiar en Él”.
Así lo hizo el Jairo bíblico, el principal de la sinagoga, cuya hija estaba muriendo. Jesús accedió a sanarla, pero fue detenido en el camino. Y así llegó la noticia de la muerte. Entonces Jesús le dijo a Jairo: “No temas, cree solamente” (Marcos 5:36). Y, efectivamente, Jesús continuó su camino con Jairo, llegó a su casa y resucitó a la niña.
Alguien más grande que cualquier peligro
“No temas”, esto se aplica a cada uno de nosotros, independientemente de la situación en la que nos encontremos. Jesús no minimiza los peligros, pero deja claro que Él es más grande que cualquier peligro, porque Él decide el final de la historia. Al final, Él siempre gana. Y mientras no haya ganado, significa que la historia aún no ha terminado.
“Solo cree”: algunas personas consideraban esto una debilidad. En realidad, subrayó el Apóstol Mayor, la fe es una fuerza poderosa. Ayuda a confrontar las dificultades y protege de dejarse dominar por el miedo.
Cuando el miedo devora los corazones
Porque el miedo y el temor pueden apoderarse rápidamente del pensamiento y la percepción. Y eso tiene consecuencias drásticas para la propia vida espiritual, así como para la relación con Dios y con los semejantes, analizó el dirigente de la Iglesia.
Toda alegría se destruye y todo lo positivo se oculta. Uno se fija en la seguridad material y está cada vez más dispuesto a infringir los mandamientos. Con el egoísmo crece la indiferencia hacia los demás. Uno se aísla de todo lo que es diferente a uno mismo y busca allí a los culpables de su desgracia.
“No temas” significa no dejar que el miedo domine tu vida. Sabiendo que Jesucristo tiene la solución. Él nos lleva a un reino sin sufrimiento ni muerte, a una nueva creación en perfecta armonía con Dios y los seres humanos.
Cuando la fe se resquebraja
“Solo cree”: quien quiera fortalecer su fe debe escuchar la palabra de Dios y recibir los Sacramentos, pero sobre todo debe trabajar mucho en su fe personal. Y eso consiste, por ejemplo, en liberar la propia fe de lo que es secundario y concentrarse en lo esencial.
La fe personal es una mezcla, explicó el Apóstol Mayor: tradiciones y educación, consejos y recetas, convicciones e interpretaciones individuales. Muchos de estos elementos no siempre se cumplen. Las decepciones en aspectos concretos llevan a cuestionarlo todo o incluso a rechazarlo.
Volver al núcleo de la fe
Los tesoros de fe individuales son valiosos, pero no absolutos. No siempre son válidos en todas partes y para todos. Lo esencial es solo el Evangelio y las verdades de Jesucristo. Esto se formula en la Confesión nuevoapostólica en los diez artículos de la fe. “Volvamos a ocuparnos más de nuestra Confesión de fe”, apeló el Apóstol Mayor.
Porque si la fe se basa en lo esencial, no decepciona. Más bien, nos da apoyo, tranquilidad y confianza. “Si entramos en este nuevo año con esta fe, no resolverá nuestros problemas ni los problemas del mundo, pero sabremos cómo afrontarlos”.






