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La llave al lugar de refugio

18 02 2026

Autor: Sophie Berg

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La necesidad tiene muchas caras. Ya sea por presiones externas o por caos interno, Dios sigue siendo el refugio seguro, promete el Apóstol Mayor en este Servicio Divino.

“Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí”, con Salmos 57:1-2 inició el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider el Servicio Divino del domingo 18 de enero de 2026 en Toulouse (Francia): “Porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé hasta que pasen los quebrantos. Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me favorece”.

Este salmo trata de un episodio de la vida de David: un “pobre pastorcillo” que fue “destinado a convertirse en rey”, que fue un siervo leal al lado del rey Saúl y que finalmente tuvo que huir de él porque este quería matarlo. Buscó refugio en una cueva y pidió ayuda a Dios. “Al igual que David en aquel entonces, en situaciones de necesidad nos dirigimos a Dios”.

Entre la necesidad y la tentación

Las necesidades son múltiples. Las situaciones de emergencia externas, por ejemplo, pueden “amenazar nuestra existencia” y afectar a la salud, los ingresos o la felicidad dentro de la familia.

También hay necesidades internas. Algunas personas se sienten decepcionadas porque sus sueños, esperanzas, deseos y planes no se cumplen. “Otros han vivido una situación de fracaso”. Algunos “sufren de ingratitud”, hacen todo lo posible y no reciben reconocimiento, agradecimiento ni respeto. “Otros se sienten realmente despreciados, ignorados, rechazados, moralmente desesperados”.

Todos conocen también la necesidad espiritual. “Sabemos que hemos sido elegidos por Dios para entrar en su reino, para experimentar la gloria de Dios, para ser coherederos de Cristo”, explicó el Apóstol Mayor y, sin embargo, “hay alguien que no está de acuerdo con ello, nuestro enemigo, el espíritu de abajo, Satanás”. Lucha donde puede, causa angustia, provoca sufrimiento, trae tentaciones, siembra dudas y seduce llevando al pecado. “La mayoría de las veces está en nosotros, en nuestro corazón”.

Sin pretensiones, solo gracia

En tales situaciones de necesidad, acudimos a Dios: “Por favor, sálvame”. Le pedimos su ayuda: “Ten misericordia de mí» y somos conscientes de “que esta ayuda no es algo que nos corresponda por derecho”. Dios hace lo que quiere “y nosotros solo podemos acudir a Él y suplicarle humildemente”. No tenemos derecho a ello, es una gracia.

Dios nos brinda su amparo, porque con Él estamos a salvo. “Sabemos que confiamos en Él, que Dios solo quiere lo mejor para nosotros”. Él acepta a cada uno tal como es, no juzga, no critica y no rechaza. Abre los brazos: “Ven, ven, te amo, eres bienvenido”.

“Dios puede y quiere ayudarnos”. Él es el único que sabe “absolutamente todo sobre nuestra vida, nuestra existencia, nuestras necesidades”. Se preocupa por cada una de sus criaturas y para Él nada es imposible. “Sabemos, creemos y experimentamos que su ayuda es la mejor posible. No hay nada mejor”. Aunque no sea necesariamente un milagro, sino simplemente su palabra. “Su palabra es una verdadera fuerza creadora”.

Buscar amparo: confianza, obediencia y entrega

Buscar amparo en Dios significa:

  • No solo ir al Servicio Divino y “orar con devoción”. La ayuda de Dios es, en primer lugar, su palabra. La condición para recurrir a la ayuda omnipotente de Dios es: “Yo hago lo que Él me dice”.
  • La necesidad “no es un pretexto, no es una razón para no hacer la voluntad de Dios”. Porque la solución definitiva a los problemas solo se encuentra en la cercanía a Dios.
  • “Aprovechar la gracia, pero también volver a levantarse”. Así se puede continuar el camino espiritual, empezar de nuevo y seguir luchando.
  • “Dejarse caer en las manos del Padre y decir: Haz lo que quieras. Confío en ti”. Esto no es resignación. “Esta entrega requiere mucha práctica, mucho entrenamiento, mucha fuerza de voluntad y, sobre todo, una confianza absoluta en Dios”.
  • “Ser semejantes a Cristo”. Dios quiere ayudar y su ayuda consiste en “transformarnos” para que “podamos llegar a su reino”. Esta es la solución definitiva: “estar libres del mal por toda la eternidad”.
  • “Permanecer en la comunión fraternal” o volver a ella, a pesar de las decepciones y las experiencias negativas en la Iglesia. Porque: “Consideremos también las cosas positivas”. Allí Dios quiere hacer el bien y su voluntad es que “seamos uno en Cristo”.

La Iglesia como refugio

Para que esta comunión, “esta Iglesia sea un lugar de refugio, todos debemos contribuir”, subrayó el dirigente de la Iglesia. Esto significa ser sensibles a las necesidades de los demás y aceptarlos tal como son. “Sin condiciones, tal como Cristo nos acepta”. Sin “juzgar ni condenar” al otro. Más bien “estar dispuestos a perdonar” y guardar silencio sobre las faltas. El tamaño de la comunidad no importa, lo importante es la actitud del corazón.

“Dar es mejor que recibir”. Cada uno debe aportar su granito de arena a la comunión y ayudar al prójimo. “La ayuda más importante consiste en apoyarlo en su fe”. Ayuda, ánimo, oraciones para seguir a Cristo hasta el final.

“Amados hermanos y hermanas, este es también mi deseo”, concluyó el Apóstol Mayor y apeló: “Procuremos que cada una de nuestras comunidades sea un verdadero lugar de refugio en el que todos los que están en necesidad puedan encontrar refugio en Dios”.

18 02 2026

Autor: Sophie Berg

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