El Apóstol Mayor Schneider pone el dedo en la llaga en Lusaka, tanto para cada cristiano como para la Iglesia: ¿Dónde se sustituye el encargo por el ego, las reglas, la reputación o las delimitaciones regionales?
“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”, dice la palabra bíblica de 1 Corintios 10:12, que el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider eligió como base para su prédica del 8 de febrero de 2025 en Lusaka (Zambia).
En este contexto, Pablo recuerda a la comunidad de Corinto la época cuando Israel estaba en el desierto: habían sido liberados de Egipto, pero sin alcanzar la meta por haber tomado decisiones equivocadas. “A veces adoraban a ídolos, a veces no confiaban en Dios e incluso se rebelaban contra Él”, explicó el Apóstol Mayor.
Estableció un paralelismo con la actualidad: “Nuestra salvación no depende de las circunstancias que vivimos”, sino “de nuestra voluntad y nuestras decisiones”. El Bautismo y el renacimiento de agua y del Espíritu no son automáticos: “Todos, incluido yo, podemos fracasar”.
Qué significa caer para los cristianos
La prédica se vuelve muy concreta, con cinco riesgos que pueden socavar silenciosamente la fe:
Descuidar la vida eterna: “Estamos tan ocupados con las cosas de nuestra vida terrenal que nos olvidamos por completo de que tenemos un alma y debemos cuidarla”.
Adorar ídolos: No en altares, sino en nuestro propio corazón: “Mi ego, todo gira en torno a mí, a mí, a mí: ese es el ídolo más poderoso de nuestro tiempo. Todo gira en torno a mí, a mis intereses, a mi fama, a mi poder, a mi reputación”.
Poner a prueba a Dios: “Si realmente me amas, dame eso”.
Ceguera ante la propia debilidad: “Asisto a todos los Servicios Divinos, traigo mis ofrendas, sirvo al Señor: me merezco la salvación. Al final, uno olvida que depende de la gracia”.
Devoto por fuera, vacío por dentro: “Recuerdo la higuera y el ejemplo de Jesús: El árbol tenía muchas hojas, pero no daba frutos. Por fuera parecía hermoso, pero no daba frutos”.
Pero el Apóstol Mayor Schneider no dejó que las advertencias terminaran en incertidumbre. Más bien recordó que Dios ayuda a superar las tentaciones. Por eso: “No temas, solo cree”. Creer significa: “Confía en su palabra, confía en su promesa, confía en su amor. La verdad es lo que Dios dice”. En este sentido, hay que estar alerta y vencer el primer reflejo de transmitir las advertencias de Dios al prójimo: “¡La palabra de la prédica no es para tu prójimo, sino para ti!”.
Quien no quiera caer necesita el impulso adecuado: no el deber, ni la ambición, ni el miedo, solo el amor sostiene: “Cualquier otra motivación no es lo suficientemente sólida, fracasaremos. Necesitas la comunión de los hijos de Dios. No puedes hacerlo solo”.
Advertencia a la Iglesia
Entonces, la prédica se convierte en una evaluación de la situación de la propia Iglesia: “Lo que se aplica a los creyentes, también se aplica a la Iglesia como institución”. Incluso los Apóstoles y la Iglesia pueden pensar que están firmes, y sin embargo caer si se desvían del encargo.
El Apóstol Mayor recordó en primer lugar la misión de la Iglesia Nueva Apostólica tal como la describe claramente el Catecismo: Ir hacia todas las personas para enseñarles el Evangelio de Jesucristo y bautizarlas con agua y con el Espíritu Santo. Ofrecer asistencia espiritual y cultivar una estrecha comunión en la cual cada uno experimente el amor de Dios y la alegría de servir a Él y a los demás. Los Apóstoles tienen el encargo de anunciar el Evangelio, dispensar los Sacramentos y preparar a la novia de Cristo.
A ellos también les concierne la advertencia de Dios: “Hay algunos riesgos, tened cuidado de no caer y de no fallar en vuestra misión”. A continuación, el Apóstol Mayor Schneider enumeró algunos obstáculos:
• Centrarse en las cosas mundanas: Esto ocurre cuando la Iglesia se ocupa demasiado de los asuntos mundanos. Las diversas actividades dentro de la Iglesia nunca deben ser más importantes que la misión real: la preparación para el retorno de Cristo.
• Idolatría: La institución se convierte en un ídolo en cuanto cobra más importancia que Jesucristo. Esto podría suceder si se toman como referencia las cifras, el dinero o el prestigio. Sin embargo: “La madurez de la novia de Cristo no se mide con cifras, sino con la madurez espiritual. Por eso anunciamos y profesamos la voluntad de Dios, independientemente de si a las personas les gusta o no”. No se trata de una competencia entre las Iglesias, ni de cifras, ni de clasificaciones, sino de la fidelidad al encargo: anunciar el Evangelio sin adulterarlo.
• Presunción a través de las reglas: Para funcionar como una Iglesia mundial, se necesitan reglas. “Pero nunca debemos poner estas reglas al mismo nivel que las reglas de Dios”. Existe el peligro de que las reglas creadas por los seres humanos se equiparen a la voluntad de Dios. Por eso, el Apóstol Mayor subrayó: “Una vez más, la Iglesia necesita reglas para funcionar, pero estas no son relevantes para la salvación”.
• Ceguera ante la propia debilidad: Como personas débiles que conforman la Iglesia, se cometen errores una y otra vez en todo el mundo. Es importante que se aborden abiertamente y se actúe con toda determinación para resolver el problema. Quien oculta los errores para no dañar su propia reputación o la de la Iglesia, antepone la reputación a la voluntad de Dios, y el Apóstol Mayor advirtió precisamente contra este cambio de perspectiva. Y estableció la norma: “Tenemos el valor de abordar estas situaciones. La ley de Dios es más importante para nosotros que nuestra reputación”.
División en pequeños reinos: La diversidad es buena y deseable, pero las diferencias nunca deben separarnos. El Apóstol Mayor describió una actitud con la que se encuentra una y otra vez cuando se exageran las peculiaridades regionales. A menudo, el asunto en sí mismo no es dramático, lo problemático es la mentalidad que hay detrás: cuando el impulso de diferenciarse y enfatizar las diferencias se vuelve más fuerte que la voluntad de cultivar lo que nos une, entonces la unidad en Cristo se ve amenazada.
Por eso es tan importante permanecer unidos. En todas las tentaciones, Jesús nos anima: “Sé que estás siendo tentado, pero no temas, solo cree”.













