Dios protege, perdona y renueva, día tras día. Pero ¿todos son conscientes de ello? El Apóstol Mayor recomienda: hacer una pausa, reflexionar y alabar a Dios.
En el último Servicio Divino del año 2025, el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider dirigió la mirada hacia todo lo bueno que el amado Dios ha preparado durante el año que finalizaba. Para ello, el domingo 28 de diciembre de 2025 en Affoltern am Albis (Suiza) se basó en la palabra bíblica del Salmo 103:2: “Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios”.
Dios no se rinde
Dios ha hecho muchas cosas buenas en la vida cotidiana de cada uno:
- “Ha respondido a muchas de las oraciones que le hemos dirigido este año”. Por ejemplo: “Cuántas veces hemos experimentado la protección de los ángeles y hemos notado que el amado Dios nos ha ayudado”.
- “Su Hijo adoptó la condición de hombre y ofreció su sacrificio”. Esto sigue siendo eficaz hoy en día en la vida cotidiana, porque “Él no está sujeto al tiempo”, todo es presente. Dios vio a la humanidad de entonces y a la de hoy, y sin embargo decidió que sea salva.
- “Lo bueno que ha hecho por nosotros es el renacimiento de agua y del Espíritu”. Esto también sigue siendo válido hoy en día y tiene un efecto en la vida cotidiana.
- “Piensa en cuántas veces nos ha perdonado”. Dios trabaja en la salvación de cada uno, no se rinde y sigue adelante, con su paciencia, con su determinación, quiere que todos sean salvos.
- Dios envía y necesita una y otra vez a personas “para hacernos el bien”. De vez en cuando interviene para “reparar el daño que hemos causado”. Dios consuela, fortalece y levanta.
Gracia olvidada
A menudo “ya no somos tan conscientes de la ayuda de Dios”, explicó el Apóstol Mayor Schneider. “Se puede olvidar…”
“… porque se piensa que el amado Dios solo ha corregido una injusticia. Me ha dado lo que me correspondía, lo que tienen todos los demás”.
“… porque lo bueno se ve inundado por cosas nuevas que desplazan a lo antiguo”.
“… porque uno está ocupado con tantas otras cosas”.
“… porque el mal que hacen las personas se vuelve de repente mucho más importante que el bien que nos han hecho y entonces desaparece la gratitud”.
“… porque existe este proceso de banalización. Las obras y las palabras de Dios al mismo nivel que las obras, los pensamientos y las palabras de los seres humanos”.
Detenerse, escuchar, confiar
Por eso, es recomendable hacer una pequeña pausa: “No solo no lo olvides, sino que también reacciona correctamente, alabando al Señor por ello”. Esa es la invitación del día: “¡Alaba al Señor por el bien que te ha hecho!”.
Dependencia: “Alaba al Señor, reconoce, sigue siendo consciente de que: soy absolutamente dependiente de Dios y de su gracia y no digo: ‘No he pedido nada’”.
Entrega: “Acércate a Él y escúchalo”. La gracia no es algo automático, Él se la concede a quien teme a Dios. Todos deben poder entrar en su reino, “por eso queremos ser como Jesucristo”. No es un camino de rosas: hay que trabajar, luchar, orar y esforzarse hasta el final.
Confianza: “Confía en Él. Ya te ha demostrado que te ama, que nada le es imposible, que se preocupa por ti y que también se ocupa de tu vida cotidiana”.
Dios tiene buenas intenciones
Dios nos concede la salvación. “Apreciemos este regalo trabajando por nuestra salvación”. Dios solo tiene buenas intenciones, quiere ayudarnos a deshacernos del lastre innecesario: “Renuncia a tu orgullo, cede, perdona y reconcíliate”. Recuerda: “Dios lo dejó todo para venir a la tierra para que seas salvo”.
Dios se sirve de muchas personas. “Él espera que lo honremos y que hagamos el bien a nuestro prójimo en su nombre”. Para que el otro pueda ver y experimentar a Dios. “Haz a tu prójimo lo que quieres que te hagan a ti”. Esto incluye: dedicar tiempo, escuchar, aceptar a cada uno tal como es, ser misericordioso, perdonar los errores y no guardar rencor, orar unos por otros, apoyarse en la fe.
La alabanza es una preparación para la gloria, porque allí “alabaremos a Dios por siempre y para siempre, porque cada día reconoceremos un nuevo aspecto de su gloria”. Ya hoy debemos aprender a reconocer su ayuda y su gloria.






