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En foco 04/2026: “No temas delante de ellos…” 

marzo 20, 2026

Autor: Herman Ernst

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Dios llama a las personas a pesar de sus limitaciones. No desanimarse y confiar en el Señor: este es el consejo del Ayudante Apóstol de Distrito Herman Ernst (Sud América), pues el llamado de Dios es más fuerte que el miedo. 

“No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová” (Jeremías 1:8). Cuando Dios llama a Jeremías para encomendarle su misión, el joven analiza sus posibilidades y, observando sus limitaciones, responde aduciendo inexperiencia y falta de dones (versículo 6). Ante ello, Dios le da ánimo, asegurándole que contaría con el poder de su envío, su acompañamiento y su protección (versículos 7-8). 

En muchos Servicios Divinos el Señor nos recuerda nuestra elección y misión. Evaluamos una y otra vez nuestras condiciones. Y al observar las limitaciones, es natural que se despierten en nuestro interior incertidumbre y temor. Al ver el impacto que causan en el corazón las preocupaciones, las luchas, las injusticias que padecemos u observamos en el prójimo, el desafío de seguir al Señor en fidelidad parece muy difícil y complicado. 

La premisa de vencer con el bien al mal, de hacer a los demás lo que deseamos que nos hagan a nosotros, de amar al prójimo como a nosotros mismos porque primero amamos a Dios por sobre todo, y de luchar por ser imagen de Cristo, es el gran desafío de nuestra vida. Especialmente en tiempos tan turbulentos en los que el egocentrismo y la superficialidad parecen ser el común denominador en la sociedad donde nos desenvolvemos. 

Al mismo tiempo, nos encontramos con el mensaje acerca de nuestra elección para ser primicias con Cristo, que conlleva el desafío de dejar la vieja forma de vivir, alejarnos del pecado, negarnos a nosotros mismos y ser testigos de nuestro Señor en un entorno que parece dirigirse en sentido contrario. Es común apreciar a nuestro alrededor, y posiblemente en nosotros mismos, que se van naturalizando las excusas y la victimización como argumentos para no cambiar conductas. A la concupiscencia humana esto le resulta más cómodo. Se recurre al derecho al libre albedrío y a la libertad de decisión para restar importancia al pecado y sus consecuencias, a una fuerte autovaloración de la personalidad para no cambiar aspectos contraproducentes de ella y a un perjudicial respeto a la individualidad de cada persona como excusa para no compartir lo más valioso que poseemos, que es la fe que lleva a la vida y la gloria eterna.  

No obstante, nuestro Señor Jesucristo, que nos conoce y ama tan profundamente como para haber dado su vida por nosotros, nos dice: “No temas, ¡solo cree!”. Esta expresión proviene de quien conoce exactamente las dificultades y limitaciones –internas y externas– a las que nos debemos enfrentar para seguir su voluntad. Esta certeza es consuelo, fuente de ánimo y valor. Nos proporciona el coraje necesario para avanzar hacia la meta de nuestra fe.  

No temamos delante de nadie ni nada, ¡somos hijos de Dios! Elegidos por gracia, herederos del reino de Dios. Recordemos cuando Pedro caminó sobre las aguas y temió. Recurrió al Señor por auxilio; no intentó nadar, solo creyó en el poder del Señor y experimentó su ayuda para salvar su vida. ¿Y nosotros? 

Foto: INA América del Sur

marzo 20, 2026

Autor: Herman Ernst

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