La salvación es un regalo y, al mismo tiempo, una misión: quien cree en Jesús está llamado no solo a recibir el amor de Dios, sino también a transmitirlo.
“Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”, con esta palabra bíblica de Juan 5:17, el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider dio inicio al Servicio Divino del viernes 6 de febrero de 2026 en Livingstone (Zambia).
“La palabra de hoy forma parte de la historia del milagro en el estanque de Betesda”, prosiguió el dirigente de la Iglesia. Un hombre paralítico llevaba 38 años esperando junto al estanque a ser sanado. Y entonces llegó Jesús y le dijo: “Levántate, toma tu lecho, y anda”. Como esto ocurrió en un día de reposo, los fariseos se indignaron. La reacción de Jesús fue: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”. Así reafirmó su filiación divina. Porque, como Hijo de Dios, tiene la misma naturaleza, la misma autoridad y el mismo poder que su Padre.
La misión de Jesús en la tierra
Jesús hace la voluntad y el obrar de Dios. Esto incluye:
- Él vino a la tierra para traer la vida eterna a los seres humanos.
- Él “trajo al mundo la vida eterna mediante el poder de la palabra de Dios”.
- Él “sacrificó su vida”. Así, el ser humano puede volver a Dios por gracia, no por méritos propios.
- Él ama a todos los seres humanos incondicionalmente y “nadie es olvidado”.
- “Él hizo la voluntad de Dios a pesar de todas las dificultades con las que tuvo que luchar. Se mantuvo firme hasta el final”.
El Dios incansable
“Dios sigue obrando”, subrayó el Apóstol Mayor: “Él no duerme, no descansa, trabaja y continúa su Obra de salvación”. Él quiere preservar su creación, cuida de ella, quiere dar la vida eterna y que todos los seres humanos sean salvos. “La salvación es posible para todos los que creen en Jesucristo y lo siguen”.
Dios trabaja por la salvación de cada uno:
- “Él se preocupa por ti en tu vida cotidiana”.
- “Confía en Dios y acepta su palabra, cree que su palabra es tu solución, aunque parezca que no tiene absolutamente nada que ver con tu situación actual”.
- “Él sigue siendo paciente y sigue estando dispuesto a perdonarnos de buena gana”.
- “Él se encarga de que tus pruebas y tentaciones no sean demasiado pesadas para ti”.
- “Dios me forma para que sea integrado de manera perfecta en su reino”.
Los hijos de Dios obran como Dios
Mediante el renacimiento de agua y del Espíritu “hemos llegado a ser hijos de Dios”. El Apóstol Mayor Schneider explicó: “Hemos recibido la vida, que es de la misma naturaleza que la de Dios, y como somos hijos de Dios, obramos lo mismo que Dios”. No por sentido del deber, sino porque la vida de Dios mora en nosotros. Y continuó: “Anunciamos la voluntad y la palabra de Dios”, y no solo “con nuestras palabras, sino también a través de nuestro comportamiento”.
“Deseamos la salvación de todos los seres humanos, y queremos ayudarlos a contribuir a su salvación”. Amar al prójimo incondicionalmente, tal como lo hizo Jesús. En la Iglesia de Cristo nos brindamos apoyo: “Ayudamos, trabajamos, ofrecemos nuestros dones, contribuimos a la unidad de la Iglesia”. Jesús sirvió a Dios e hizo su voluntad tanto en los días buenos como en los muy malos. “Un verdadero hijo de Dios hace la voluntad de Dios siendo obediente, sirviendo, amando y perdonando”, sin importar cuáles sean las circunstancias de la vida. “Porque nuestro servicio a Dios está relacionado con nuestra naturaleza y no con nuestra vida”.
Levántate y trabaja
El Ayudante Apóstol Mayor Helge Mutschler añadió: “Este gran y omnisciente Dios nos dice: Levántate, puedes lograrlo, aunque pienses que no puedes”. No hay que ser perezoso, pues Dios tampoco lo es. Más bien: “Ponte a trabajar”. Esto tiene lugar en la comunidad, en el vecindario. “Regala a las personas de tu vecindario la gracia de Dios. Haz el bien, acércalas a Dios. Cuéntales la historia de Jesús”.








