Aún no es Apóstol Mayor. Sin embargo, en la asamblea de Apóstoles de Distrito celebrada en Ciudad del Cabo ya dejó claras sus prioridades: la asistencia espiritual como tema y la continuación del trabajo en equipo como método.
No se trata de programas, listas ni control: cuando el Ayudante Apóstol Mayor Helge Mutschler habla de asistencia espiritual, se refiere a algo muy distinto: la relación. Y es precisamente allí donde comienza el camino que ya ha emprendido la asamblea de Apóstoles de Distrito y que ahora continúa.
En la última reunión celebrada en Ciudad del Cabo, el futuro Apóstol Mayor presentó los resultados de un proceso de larga duración: experiencias de talleres, preguntas abiertas de grupos de debate y primeras respuestas a las mismas.
El punto de partida se remonta a hace unos meses. En Zúrich, los Apóstoles de Distrito y los Ayudantes Apóstol de Distrito habían comenzado a hablar sobre la asistencia espiritual: ¿Qué funciona? ¿Qué ya no funciona? ¿Dónde están los límites? ¿Y quién asume la responsabilidad?
La realidad en el punto de mira
Ahora siguió el siguiente paso: la presentación en Ciudad del Cabo no comienza con normas, sino con la realidad de la vida. Las personas viven de manera diferente, marcadas por la familia, el trabajo, la salud, la cultura y las experiencias personales. La individualización, la presión del tiempo, la migración y los cambios en los estilos de vida influyen desde hace tiempo también en la vida de la Iglesia.
La conclusión: la asistencia espiritual debe tomarse en serio esta realidad. Porque, a pesar de todos los cambios, el anhelo de encuentros auténticos persiste; tal vez incluso vaya en aumento.
Una nueva descripción del rol
El portador de ministerio debe ser “acompañante y anunciador”, no un solucionador de problemas ni una instancia decisoria, subrayó el Ayudante Apóstol Mayor Mutschler. Los miembros no son objetos de asistencia de la Iglesia, sino personas con responsabilidad propia. Dios mismo sigue siendo el que verdaderamente obra.
De ello se derivan consecuencias. La asistencia espiritual no debe ser paternalista ni manipuladora. No se impone el consejo. El amor necesita libertad. Y la asistencia espiritual tiene límites: no sustituye ni a la terapia, ni al asesoramiento jurídico, ni al trabajo social.
En el centro hay una tríada: interés, empatía y autenticidad. Estas actitudes no son un método, sino expresión del amor divino. Y así surge casi inevitablemente una forma de asistencia espiritual que se acerca a las personas.
Más que una cuestión del ministerio
La asistencia espiritual se concibe de manera más amplia. Es cierto que la responsabilidad de los ministerios sacerdotales se mantiene —por ejemplo, en los Sacramentos y en las competencias concretas—. Al mismo tiempo, queda claro que el develo mutuo forma parte de la misión de toda la comunidad: ayuda, oración, acompañamiento y apoyo práctico en la vida cotidiana.
Los trabajos aún están lejos de haber concluido. Sin embargo, la hoja de ruta ya está trazada: en primer lugar, se evaluarán los resultados y se recabarán comentarios adicionales. A continuación, se sintetizará todo en un documento de posición que se remitirá de nuevo a los Apóstoles de Distrito y se debatirá en la segunda mitad del año.