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En la mesa de Dios aún hay lugar 

junio 10, 2026

Autor: Simon Heiniger

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Imagina que llegas a una mesa que está puesta para una celebración, y todos los asientos parecen ya ocupados. Miras a tu alrededor, dudas un instante y te preguntas: ¿habrá un lugar aquí para mí? 

Precisamente esta imagen fue la que tomó el Apóstol Mayor Helge Mutschler el 31 de mayo de 2026 en Stendal (Alemania) en su primer Servicio Divino como Apóstol Mayor. La base fue Juan 17:20-21: “Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”. 

En la mesa de la Trinidad 

Una semana después de Pentecostés, la Iglesia celebra la Trinidad, la fiesta de la Trinidad de Dios. El Apóstol Mayor trazó el recorrido del año litúrgico: el Adviento, la Navidad, el Viernes Santo, la Pascua, la Ascensión y Pentecostés han mostrado paso a paso cómo se revela Dios: como Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la fiesta de la Trinidad, todo esto converge. 

Resumió el misterio de la Trinidad con las palabras de Jesús: “Tú en mí, y yo en ti”. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son distintos y, sin embargo, completamente uno: en cercanía, confianza, relación y amor. Para ilustrarlo, el Apóstol Mayor se refirió a una conocida imagen de la Trinidad: tres figuras sentadas a una mesa, con el cáliz en el centro, mirándose unas a otras en paz. Y luego, la mirada decisiva hacia el lado abierto: “Lo hermoso de esta imagen es que, al frente, ese lado de la mesa está abierto y libre. Todavía hay lugar”. 

“Que también ellos sean uno en nosotros” 

A partir de allí, el Apóstol Mayor se adentró en el texto bíblico. Jesús no solo ora por sus discípulos y Apóstoles, sino también por los que han de creer por la palabra de ellos. “Así pues, por todos nosotros, por ti y por mí, dondequiera que te encuentres, Jesucristo intercede por ti”. La primera gran promesa: nadie queda fuera de esta oración. 

“Hay lugar para ti en esta mesa, y también para mí, y para todos nosotros como comunidad. Porque Dios es amor, y el amor nos impulsa a hacer un hueco en esta mesa”. Eso es precisamente lo que quiere Jesucristo: que las personas no solo miren a Dios desde afuera, sino que sean aceptadas en la comunión con Él. “Jesucristo intercede por nosotros para que seamos literalmente atraídos hacia este amor de Dios y para que también estemos en Dios y Dios en nosotros, y para que estemos en su corazón y Él en el nuestro”. 

¿Cómo se llega a esta mesa? El Apóstol Mayor mencionó la invitación de Dios a través de su palabra, el renacimiento de agua y del Espíritu, y la Santa Cena como comida y bebida en esta mesa. “Dios nos ha escrito a todos una tarjeta de invitación y nos ha invitado personalmente a través de su palabra, a través de la palabra de los enviados por Él, a través de la palabra de los Apóstoles. Esa es la palabra de los Apóstoles, esa es la enseñanza de los Apóstoles. Déjate reconciliar con Dios. Ven y siéntate a esta mesa”. 

El ser humano no tiene que ganarse esta comunión. Creer significa: confiar y tomar asiento. “Esa es la fe: simplemente sentarse en esta silla que Dios te ha acercado y me ha acercado, y ser simplemente hijo del Padre y hermano del Hijo, y sentir la fuerza unificadora del Espíritu Santo, que hace uno del ‘yo’ y del ‘tú’”. 

“Que todos sean uno” 

La segunda petición de Jesús fue: “que todos sean uno”. Y “todos”, así lo dejó claro el Apóstol Mayor, significa realmente todos: la pequeña comunidad como la grande, los que están al margen como los que están en el centro. “Hay débiles y fuertes, grandes y pequeños, ricos y pobres. Hay progresistas y conservadores. Hay quienes tienen un punto de vista y quienes tienen otro. Que todos sean uno”. 

“No es que debamos ni tengamos que pensar y sentir todos igual, ni tener el mismo punto de vista, ni ser todos amigos personales entre nosotros. No es eso lo que se quiere decir, sino yo en ti, y tú en mí, y nosotros, unidos por el poder del Espíritu Santo”. La unidad surge allí donde personas diferentes se orientan hacia un mismo amor y un mismo objetivo: el retorno de Cristo. 

Pero la realidad suele ser otra. El Apóstol Mayor habló de una comunión de mesa quebrantada: consigo mismo, con el prójimo, con Dios. “Desde Adán y Eva, las relaciones están alteradas. Sé que se han apartado sillas, y se siguen apartando, de esta comunión de la mesa”. Tales rupturas se manifiestan en la relación con uno mismo, con el prójimo y con Dios: cuando las personas se consideran indignas, apartan interiormente a los demás o alejan a Dios de su vida. 

El camino de vuelta no comienza con el mérito humano, sino en la cruz de Cristo. Allí se manifiesta Dios como el que ama. Allí se hace posible la reconciliación. “Es Dios, es Jesucristo, quien quiere volver a acercar la silla a la comunión de la mesa, quien te dice esta mañana: ‘Hijo mío, eres tan valioso que no tienes por qué sentarte en cualquier rincón de la casa, sino que yo acerco tu silla hasta esta comunión de la mesa’”. 

“Para que el mundo crea” 

La tercera petición de Jesús dirige la mirada hacia el exterior: “para que el mundo crea”. El mundo está marcado por la desconfianza, el miedo, la distancia y las relaciones rotas. Y, sin embargo, en el ser humano permanece un profundo anhelo. “… en todos los corazones, sin embargo, el anhelo, porque eso nos une como seres humanos, es nuestra naturaleza humana, el anhelo de volver a sentarnos a la mesa y tener paz”. La confianza puede crecer cuando las personas experimentan que en la comunidad —a pesar de todas sus imperfecciones— existe una auténtica comunión de la mesa: una convivencia sostenida por el amor de Dios. 

Al final, el Apóstol Mayor dirigió la mirada hacia el futuro. Algún día habrá una comunión de la mesa perfecta: con Dios, con los que viven y con los difuntos, sin obstáculos y en alegría perfecta. “Y entonces celebraremos una fiesta. No será la Trinidad, ni la Navidad, ni la Pascua, ni Pentecostés. Celebraremos a Dios, porque reconoceremos lo hermoso que es Dios”. 

Hasta entonces, la invitación sigue vigente: la mesa está puesta, el lugar está libre, ¡y Cristo acerca la silla! 


Fotos: NAK Nord- und Ostdeutschland

junio 10, 2026

Autor: Simon Heiniger

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