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En foco 09/2026: ¡Oh, en los brazos de Jesús! 

junio 15, 2026

Autor: David Heynes

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Dios creó al ser humano para la vida en comunión. Sin embargo, hay fuerzas que sabotean las relaciones. El Apóstol de Distrito David Heynes (Alemania del Norte y del Este) nos explica cómo se puede mantener la cercanía. 

Mientras caminaba por una concurrida terminal de un aeropuerto, me llamó la atención una niña pequeña. Lloraba y estaba asustada porque, al parecer, había perdido de vista a su familia. Afortunadamente, poco después vio a su madre. Se me alegró el corazón al ver cómo corría inmediatamente a sus brazos. Junto a ella, se sintió segura y protegida. Muchos de nosotros sin duda conocemos esta sensación de pánico y miedo por experiencia propia o la hemos observado en otros: el momento en que de repente nos separamos de un ser querido. Este sencillo ejemplo de la vida cotidiana ilustra la inseguridad y el temor que puede provocar la separación. 

El libro de Génesis dice: “No es bueno que el hombre esté solo”. Por lo tanto, hemos sido creados para la comunión con Dios y entre nosotros. Es esta fuerza formidable del amor divino la que quiere atraernos una y otra vez hacia Él. 

Nuestro Apóstol Mayor Mutschler ya ha señalado en varias ocasiones que en el cielo todo gira en torno a las relaciones. Cuando tenemos una relación estrecha con Dios y entre nosotros, sentimos seguridad y paz. Cuando perdemos esta cercanía, a menudo nos sentimos inseguros y temerosos. Por eso debería ser importante para nosotros trabajar constantemente en nuestras relaciones y, al mismo tiempo, estar atentos a todo lo que pudiera socavarlas. 

También Jesús se mantuvo alerta cuando fue tentado en el desierto. Las preguntas tenían como objetivo crear una brecha entre Él y su Padre. Del mismo modo, también nosotros debemos permanecer atentos ante las influencias que quieren debilitar nuestra confianza en el amor de Dios. 

Otro peligro es que se destaquen más las diferencias que lo que nos une. Todos hemos sido creados de forma única, con diferentes personalidades, historias de vida y antecedentes culturales. El mal intenta aprovechar estas diferencias para fomentar la división, la intolerancia y los malentendidos. Si no estamos atentos, esto puede derivar en miedo o rechazo hacia quienes son de alguna manera diferentes a nosotros. 

Otro riesgo es la búsqueda excesiva de posesiones materiales y riqueza personal. Si no estamos atentos, esto puede llevarnos a centrarnos demasiado en nosotros mismos y a perder de vista las necesidades de los demás. 

Se cuenta que Jesús quería reunir a los habitantes de Jerusalén a su alrededor, como una gallina que junta sus polluelos debajo de las alas. Esto muestra claramente cuánto anhela Dios cuidar de las personas, resguardarlas y protegerlas. Muchos rechazan este ofrecimiento, pero como hijos de Dios deberíamos seguir ese impulso natural y correr a sus brazos cuando sentimos el peligro de ser separados de Él. De manera muy práctica, podemos experimentar esto en su presencia durante los Servicios Divinos, al aceptar su palabra, su perdón y su bendición. 

El Señor Jesús tiene el profundo deseo de celebrar la Santa Cena con nosotros, y nos invita cada vez de nuevo a experimentar esta comunión con Él. Si le damos espacio al Espíritu Santo, Él guiará nuestros pensamientos y nuestras acciones de manera que se ajusten a la voluntad de Dios. Por eso debemos escuchar atentamente sus impulsos. Finalmente, nos tomamos tiempo para hablar con Dios en la oración, para abrirle nuestro corazón, de modo que su paz llene nuestra alma. 

Si hacemos esto por nosotros mismos, también podemos ser un apoyo y un estímulo para los demás. Al dar testimonio del amor de Dios, los ayudamos a experimentar el mismo consuelo, paz y seguridad que encontramos en los brazos de Jesús. 

Foto: Nord- und Ostdeutschland

junio 15, 2026

Autor: David Heynes

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