Color del sitio web:

apostles.today faith.today

Pequeña fe, gran Dios: ¡eso basta!

junio 17, 2026

Autor: Oliver Rütten

Imprimir
Escúchalo

Quien pide tener una fe más grande, no ha tenido en cuenta el grano de mostaza. A veces, lo imposible comienza precisamente allí donde uno ha dejado de luchar contra ello.

El Ayudante Apóstol Mayor Helge Mutschler visitó por primera vez el área de Apóstol de Distrito Alemania del Oeste. El 1° de febrero de 2026 celebró un Servicio Divino en el auditorio municipal de Lindlar (distrito Colonia Este), que se retransmitió a las comunidades de la Iglesia regional. Basó su prédica en el pasaje bíblico de Lucas 17:5-6: “Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería”. El mensaje central de aquella mañana: ¡La fe no es un mérito!

Un árbol que nadie trasplanta

El Ayudante Apóstol Mayor se refirió al sicómoro al que Jesús señaló como “un esqueleto bastante feo, pero un esqueleto feo con raíces muy, muy profundas”, una planta que se resiste a cualquier trasplante. Jesús eligió deliberadamente algo que en el mundo de entonces se consideraba inamovible. Sería como si el Señor se situara hoy junto al Empire State Building y le ordenara sentarse en el río Hudson. La imagen es provocadora: ¿Quién tendría el valor de dar órdenes a un rascacielos?

Una petición nacida de la sensación de agobio

El contexto es decisivo: en los versículos anteriores, Jesús habla de la tentación y de los conflictos en las propias filas, de las heridas y del deber de perdonar una y otra vez al hermano arrepentido. Siete veces, es decir, sin fin. Ante la sensación de agobio que sentían, los Apóstoles pidieron tener más fe. Perdonar siete veces, una y otra vez… eso supone un reto, sí, resulta abrumador.

El anhelo de una fe fuerte

Según el Ayudante Apóstol Mayor, los Apóstoles deseaban una fe más grande y más poderosa, con la que pudieran curar enfermedades mediante la oración y llevar una vida más fácil. Los Apóstoles pensaban, como a menudo piensa la gente hoy en día: más es más. El Ayudante Apóstol Mayor Mutschler citó la lógica que hay detrás de ello: “Cada vez más fuerte, cada vez más contundente…”. Quien fuera débil, no contaría para nada en este cálculo. Precisamente allí es donde comienza Jesús con la parábola del grano de mostaza.

Pequeña fe en el gran Dios

El grano de mostaza era la semilla más pequeña conocida en aquella época; setecientas unidades sumaban apenas un gramo. Lo que importaba era ese tamaño tan minúsculo. “Incluso tu fe muy pequeña, tu fe casi destrozada, cuenta a los ojos del Señor Jesucristo”, dijo el Ayudante Apóstol Mayor Mutschler. Lo esencial no es el gran tamaño, sino la contraparte: “Lo decisivo es que tengas una pequeña fe en el gran Dios”. Lo que cuenta no es la fuerza propia, subrayó el Ayudante Apóstol Mayor, sino que Cristo es poderoso en la debilidad. Por eso, esta fe pobre y sencilla arranca árboles de raíz. La describió como “una fe pobre, sencilla y humilde, que no cree que tenga que luchar”. En lugar de confiar en la propia fuerza, se deja llevar.

La fe del grano de mostaza en seis ámbitos de la vida

Este principio se aplicó concretamente a seis ámbitos de la vida en los que lo arraigado se ha incrustado como raíces profundas.

  • Sufrimiento: Quien padece una enfermedad grave y cree que debe forzar la curación con suficiente fe, malinterpreta el grano de mostaza. “No es malo si dudas”.
  • Antigua imagen de Dios: Quien durante décadas ha llevado en su corazón a un Dios castigador y exigente ha echado raíces profundas allí. En su lugar puede crecer otra imagen: “Quizá este Dios sea, después de todo, el amor”.
  • Pecado: Quien quiera arrancar de raíz su propio pecado favorito con todo su esfuerzo fracasará por culpa de sí mismo. “Al hacerlo, no te das cuenta de que nunca lo lograrás con tus propias fuerzas”.
  • Perdón: Dos hermanos, enemistados durante años, se reconciliaron después de un Servicio Divino, aunque la herida parecía insuperable desde hacía tiempo. “Lo escuché, en realidad era algo absolutamente imposible…”. Y, sin embargo, lo lograron.
  • Miedo en la sociedad: En los últimos años, el miedo se ha arraigado en muchos corazones. “La vida sigue. Todo está en manos de Dios”.
  • Misión: Los bancos cada vez más vacíos y la descristianización podrían desanimarnos. “Simplemente dejémonos llevar por las manos de Jesucristo y cumplamos nuestra misión”.

Alegría en lugar de miedo al futuro

Al final se habló del retorno de Cristo, un pensamiento que, a lo largo de la historia de la Iglesia, ha provocado miedo en algunos. En su lugar debe reinar la alegría. También aquí se aplica la sencilla fe del grano de mostaza, que no se obsesiona, sino que se entrega. “¡No luchéis, no os pongáis tan tensos!”. El Ayudante Apóstol Mayor dejó la última palabra al Señor: “Simplemente puedes dejarte caer en mi mano y entonces podrás arrancar árboles de raíz”.

junio 17, 2026

Autor: Oliver Rütten

Imprimir