Después 20 años, el Apóstol de Distrito Michael Ehrich pasa a descanso ministerial. Su actividad lo llevó al altar, a las comunidades, junto a los jóvenes, a asumir responsabilidades internacionales… y, una y otra vez, de vuelta al encargo de anunciar a Cristo.
El 23 de abril de 2006, el Apóstol Michael Ehrich fue ordenado en Karlsruhe como Apóstol de Distrito para Alemania del Sur. El Apóstol Mayor Wilhelm Leber describió la tarea de un Apóstol de Distrito con palabras de Isaías 52: ser mensajero de alegría, anunciar la paz, traer nuevas del bien y proclamar la salvación. Además, mencionó cuidar la unidad, suministrar dones ministeriales a las comunidades y resolver problemas.
Ya al asumir su ministerio, Michael Ehrich había descrito su tarea desde el punto de vista de la asistencia espiritual. Consideraba que su tarea principal consistía en ayudar a los miembros de la Iglesia a alcanzar la meta de la fe. Quería animar a llevar una vida de fe orientada al sistema de valores del Evangelio. Y agregó una frase que suena como un programa: “¡Tenemos un lugar en el centro de la comunidad!”.
Este “centro” siguió siendo una aspiración espiritual de su actividad. Esta aspiración también se hizo patente en la fiabilidad externa de su servir: Servicio Divino tras Servicio Divino, viaje tras viaje, comunidad tras comunidad.
Preparado, sereno, enviado
Cuando le preguntaron cómo era para él una mañana de domingo, dijo una vez que la preparación del Servicio Divino ya estaba terminada el sábado por la noche. Durante el trayecto hacia el lugar del Servicio Divino, buscaba la paz interior. No sentía nerviosismo, pero sí una tensión interior ante la tarea que tenía por delante. La palabra de Dios debía estar estrictamente separada de la opinión propia y siempre debía situar a Jesucristo en el punto central.
Quizá este servir pueda describirse con una frase pronunciada en un momento muy personal. Cuando el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider impartió la bendición por las bodas de plata a la pareja formada por Michael y Elke Ehrich, habló de servir: “por amor al Señor —para el Señor”. Fue un homenaje al camino recorrido juntos.
Líneas espirituales
Más de dos décadas después, el encargo recibido en Karlsruhe no solo se refleja en fechas, competencias y viajes. También ha perdurado en los impulsos espirituales que Michael Ehrich redactó para nac.today.
Allí está la alegría que no depende de circunstancias favorables. En “La alegría hace fuerte”, describió la alegría en el Señor como fuente de fuerza: algo que puede experimentarse en el Servicio Divino, en la Santa Cena, en la oración y en la confianza en Dios. Para él, la alegría no se convierte en un simple estado de ánimo, sino en fortaleza espiritual.
Está el futuro, que no surge en primer lugar de la seguridad en la planificación, sino de la confianza en Dios. En “¡Forjando activamente el futuro!” escribió sobre no limitarse a esperar el futuro, sino prepararlo y contribuir a darle forma con fe.
Allí está la actitud interior. En “Aprender del ejemplo”, colocó en el centro la actitud de Jesucristo. Lo decisivo no es la apariencia exterior, el rango ministerial ni la capacidad de imponerse, sino la orientación hacia Cristo.
Allí está el servir. En “La verdadera grandeza se demuestra sirviendo”, dejó claro que el lema anual “Servir y reinar con Cristo” no anima precisamente a la búsqueda del poder. Jesús reina de forma diferente a los poderosos de este mundo: no vino para ser servido, sino que Él mismo sirvió.
Está la oración. En “Orar con fe y perseverancia”, Michael Ehrich mostró cómo la oración es escuchada por Dios. También en ello se refleja en parte su interpretación de ministerio: la conducción espiritual no comienza con lo que es factible, sino con la entrega a Dios.
Y, por último, está el amor como motivación. En “Por amor y para el Señor”, recordó que el amor al prójimo no se queda en palabras. Esto se refleja en la manera en que servimos: fortaleciendo a las personas, despertando confianza, dando testimonio de Cristo y ayudándonos unos a otros a alcanzar la meta de la fe.
Amplitud y cercanía
Su área de actividad era amplia. Al emprender la dirección de la Iglesia regional Alemania del Sur, el Apóstol de Distrito Ehrich asumió la responsabilidad de una de las mayores Iglesias regionales nuevoapostólicas de Europa. A ello se sumaban países de África y Asia, atendidos desde Alemania del Sur.
Para Michael Ehrich, el intercambio con los jóvenes creyentes también formaba parte del centro de la comunidad. A lo largo de los años, buscó una y otra vez el contacto directo con ellos: en reuniones con la juventud, atardeceres para jóvenes y mesas redondas en distintos lugares de su área de actividad. El formato era sencillo: los jóvenes preparaban preguntas, moderaban ellos mismos y hablaban sobre la fe, la Iglesia, la vida cotidiana, el futuro, las dudas y la esperanza.
Algunas escenas ilustran bien este formato. Por ejemplo, saludaba personalmente a los jóvenes con un apretón de manos y, tras las rondas de preguntas, dedicaba tiempo a conversaciones adicionales —e incluso a duelos de metegol—.
Estos encuentros formaban parte de un formato recurrente en su actividad, en la que la fe no solo se anunciaba, sino que se abría al diálogo.
Al servicio de la Iglesia mundial
Michael Ehrich asumió responsabilidades también allí donde su actividad era menos visible públicamente. Colaboró en numerosos órganos y grupos de trabajo de la Iglesia internacional. A modo de ejemplo, cabe mencionar el grupo coordinador de la Iglesia Nueva Apostólica Internacional, el recién creado comité de finanzas y, más tarde, el directorio de INAI.
No todas estas tareas estaban en el primer plano. Sin embargo, forman parte del panorama de su largo servicio de liderazgo: escuchar, asesorar, sopesar, fortalecer estructuras… y asumir la responsabilidad no solo en su propia área, sino en la Iglesia en su conjunto.
Seguir adelante con gratitud
El 21 de junio de 2026, el Apóstol de Distrito Michael Ehrich pasará a descanso. Lo sucederá el Ayudante Apóstol de Distrito Martin Rheinberger. Con ello concluye una etapa ministerial, pero no aquello a lo que siempre se ha orientado su servir. Porque los mensajeros de alegría no se anuncian a sí mismos. Señalan a aquel de quien provienen la alegría, la paz, el bien y la salvación.
Quizá sea precisamente allí donde resida la dignidad silenciosa de esta despedida: reconocer con gratitud lo que se ha hecho por amor al Señor y, al mismo tiempo, seguir adelante con la confianza de que Cristo guía a su Iglesia.