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El camino a través de la puerta abierta

julio 15, 2026

Autor: Andreas Rother

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¿Cómo se llega al cielo? O, dicho de otro modo: a la armonía perfecta. Cómo no se debe hacer, nos lo muestra el hermano del hijo pródigo. Y un Servicio Divino con el Apóstol Mayor nos muestra cómo se debe hacer.

“Quiero volver con mi padre”. Con este pensamiento, el hijo pródigo emprende el camino cuando tocó fondo. Así lo cuenta la parábola de Jesús en Lucas 15. Y el que regresa es recibido por el padre mejor de lo que jamás hubiera imaginado.

Hasta aquí, todo conocido. Sin embargo, el Apóstol Mayor Helge Mutschler destaca en el Servicio Divino del 21 de junio de 2026 en Karlsruhe (Alemania) el comportamiento del hermano mayor: este ve la fiesta que el padre celebra con tanto regocijo y se queda afuera, ofendido.

Quien se excluye a sí mismo

Una advertencia para todos los creyentes, pues “esta fiesta es una imagen del cielo: comunión entre el Padre y el Hijo, comunión de todos los presentes, unidad en toda la diversidad, una comunión perfecta en el amor”, explica el Apóstol Mayor y pregunta: “¿Cómo se entra en esa fiesta? ¿Cómo se llega al cielo?”.

Desde luego, no de esta manera: “Yo siempre he cumplido todos los mandamientos. El otro lo ha malgastado todo”, se queja el hermano mayor, básicamente, refiriéndose al hijo pródigo: “Yo soy un hombre de honor; él no. A mí no me han dado nada; a él le dan todo”. El dirigente de la Iglesia califica, en resumen, de “vanagloria y contienda” estas actitudes que destruyen los vínculos y la unidad.

Mostrar dignidad y estima

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria”, escribe el Apóstol Pablo en Filipenses 2:3-4 a una comunidad dividida: “Antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”.

Todo un escándalo, pues la palabra griega para “humildad” designaba en aquella época la sumisión de los esclavos. Sin embargo, explica el Apóstol Mayor, Pablo da un giro al asunto con la palabra “estimando”. “Incluso a la persona más pequeña, más insignificante, quizá la más débil: honradla como si fuera un rey”.

Tampoco se trata de ignorar las propias necesidades. “No debemos girar solo en torno a nosotros mismos, sino, más bien, ver también las necesidades del otro”. En realidad, suena bastante factible, ¿no?

El miedo a salir perdiendo

“Cuanto más reflexionamos sobre ello, más claro queda: este mandamiento no se puede cumplir por nuestras propias fuerzas”. La pregunta fundamental es: “¿Por qué actuamos así? ¿Por qué hay contienda y vanagloria, este dar vueltas en torno a nosotros mismos?”.

Y la respuesta es sorprendentemente sencilla: “Miedo. El miedo a no ser visto; el miedo a salir perdiendo: un profundo sentimiento de necesidad”. El remedio más eficaz contra el miedo lo describe 1 Juan 4:18: “El perfecto amor echa fuera el temor”.

No con nuestras propias fuerzas

“Y este amor no es nuestro. Es el amor de Jesucristo. Solo este amor puede disipar ese miedo”, subraya el dirigente de la Iglesia. “Y con esto llegamos al quid de la cuestión: no se trata de que nos esforcemos por ‘ser humildes’. Se trata de que alcemos la mirada a Jesucristo”.

En los versículos siguientes, en el llamado Himno a Cristo, Pablo describe el camino de Jesús desde la gloria divina a una vida sencilla como ser humano, hasta su muerte en la cruz. “Cuando alzamos la mirada a Cristo —especialmente a su humildad—, algo ocurre en nuestro interior”, aclara el Apóstol Mayor.

El camino a través de la puerta abierta

“El miedo que nos impulsa comienza a disiparse. El ansia de reconocimiento pierde fuerza”. Porque “Cristo me ve, Cristo me ama, Cristo me da lo que necesito”.

Para concluir, el Apóstol Mayor Mutschler vuelve a recurrir a la imagen de la fiesta: “La puerta del cielo está abierta. Sin embargo, la pregunta decisiva es: ¿me quedo afuera, atrapado en la vanagloria y la contienda? ¿O entro, impulsado por la humildad de Cristo? La invitación sigue vigente. El camino está libre”.

Fotos: Volker Balling, CC. Spindler

julio 15, 2026

Autor: Andreas Rother

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