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Epi… ¿qué? Cuando la Iglesia invoca al Espíritu

agosto 13, 2026

Autor: Andreas Rother

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La palabra puede resultar desconocida. Sin embargo, el concepto es bien conocido: el Espíritu Santo obra en la Iglesia. Cómo, cuándo y dónde: esto es lo que pone de relieve una carta doctrinaria reciente.

La última edición especial de Pensamientos Guía, la publicación para los portadores de ministerio nuevoapostólicos, gira en torno a la “epíclesis”. El término proviene del griego antiguo, significa “invocar” o “convocar”, y se refiere al Espíritu Santo.

Según la doctrina nuevoapostólica, todo lo que constituye a la Iglesia guarda una relación directa con el Espíritu Santo. Sin embargo, la “presencia de Dios, el Espíritu Santo, no se presupone como algo sobreentendido”, sino que “siempre se debe volver a pedir”, según se afirma en la edición especial de Pensamientos Guía 2/2026.

El poder que hay detrás de los Sacramentos

“El origen de los Sacramentos no es la Iglesia ni el ministerio que los dispensa, sino únicamente Dios”, subraya la carta doctrinaria y describe al Espíritu Santo como el poder activo en el Santo Bautismo con Agua, en la Santa Cena y en el Santo Sellamiento. En la liturgia, la secuencia del Servicio Divino, la petición de su presencia, la epíclesis expresa, ocupa, sin embargo, distintos lugares.

En la Santa Cena, la invocación del Espíritu Santo forma parte de la oración del sacrificio, tras el anuncio del perdón de los pecados (Absolución) y antes de la consagración de las hostias. A este respecto, desde hace algún tiempo existe una recomendación concreta. Esta contiene dos peticiones. Por un lado, que la comunidad reciba el cuerpo y la sangre de Cristo en el pan y el vino. Y, por otro, que los miembros de la comunidad puedan participar dignamente de la Santa Cena.

En el Santo Bautismo con Agua, la epíclesis tiene su lugar dentro de la bendición que se imparte inmediatamente después del acto bautismal. De acuerdo con la liturgia actual, el portador de ministerio se dirige al Espíritu Santo como Creador del nuevo ser humano, que se desarrolla siguiendo el ejemplo de Cristo, y le pide acompañamiento y protección.

En el Santo Sellamiento, la invocación del Espíritu Santo se encuentra en la oración que tiene lugar entre el “sí” de los sellados y la imposición de manos. Se trata de la bendición de Dios, del don del Espíritu Santo y de la fuerza para que dicho don surta efecto.

El poder que hay detrás de los actos ministeriales

También en los actos ministeriales, la liturgia prevé una epíclesis. Esta tiene lugar antes del acto propiamente dicho, concretamente dentro de la oración que sigue al “sí” de los involucrados.

En la ordenación, como autorización para hablar y actuar en nombre de Dios, el punto central es la petición a Dios de que conceda el Espíritu Santo, la bendición, la santificación y la autoridad para el ministerio. En el encargo, es decir, la transmisión de una función de conducción en el contexto de un ministerio espiritual, se piden la bendición y la santificación. Y en el nombramiento, es decir, la transmisión de una función de apoyo a los portadores de ministerio responsables, se pide asistencia en el ejercicio de dicha función.

Lo decisivo en este sentido es que quien realmente obra en la ordenación no es el apostolado, sino únicamente Dios. “Su obrar no se produce por su propio poder y autoridad, sino con el poder del Espíritu Santo”, como deja claro la edición especial de Pensamientos Guía. Los portadores de ministerio solo pueden “obrar con este poder para el bien de la comunidad y de cada persona”.


Foto: BillionPhotos.com – stock.adobe.com

agosto 13, 2026

Autor: Andreas Rother

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