Sin miedo, sin presión por rendir, sin luchar por el amor: quien comprende su propia relación con Dios, puede afrontar de forma muy diferente la culpa, el sufrimiento y el futuro.
¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿Soy amado? “Quizá en cada uno de nosotros haya estas preguntas”, dijo el Apóstol Mayor Helge Mutschler en el Servicio Divino del 12 de julio de 2026 en Nürtingen (Alemania).
Detrás de estas preguntas se esconde el anhelo de ser amado y de tener un lugar. “Y eso es, en definitiva, el cielo: la más hermosa de todas las relaciones, esa cercanía, esa confianza, ese amor entre Dios y el ser humano, y entre el ser humano y Dios”.
Bajo coacción o como en casa
“¿Qué tipo de relación puede haber entre Dios y el ser humano?”. Pablo contrapone dos modelos en Romanos 8:15: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino quehabéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”.
Por un lado, el esclavo: debe permanecer en silencio, teme el castigo, vive bajo coacción, sin derechos y sin posesiones. Por otro lado, el hijo: puede decir lo que quiera, no tiene por qué tener miedo, lleva el nombre de la familia y más adelante lo heredará todo.
El camino hacia la libertad
“Una característica del esclavo es que no puede liberarse por sí mismo”, explicó el Apóstol Mayor. Pero hace 2000 años existía una posibilidad. “Podía llegar un nuevo amo y declararse padre. Tenía que pagar una gran suma de dinero. Y entonces recibía al esclavo como hijo o hija en su casa. Y así, el hijo quedaba libre”.
“Todos éramos esclavos del pecado”. Pero: “Entonces vino Jesucristo y nos rescató. Con su sangre, con todo lo que tenía, en definitiva, con todo su amor”. Es más: “Nos acogió, nos recibió como hijos en la casa del Padre”. Y eso significa: “Eres un hijo libre que puede vivir sin miedo ante Dios. Un hijo libre que puede preguntar todo lo que quiera. Un hijo libre que, al final, lo heredará todo“.
Ya hoy, un pedacito de cielo
“A veces nos preguntamos: ¿Es esto demasiado hermoso para ser verdad?”. Sin embargo, en la epístola a los Romanos, un versículo más adelante dice: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”. Y así lo completó el máximo dirigente de la Iglesia: “Puedes escuchar esa voz interior del Espíritu Santo, que te da seguridad. Es una realidad. Y esta realidad lo cambia todo”.
- Cambia la forma de afrontar los propios pecados: “Eres hijo y recuerda que puedes acudir a este Padre con todos tus pecados y recibir perdón, consuelo y valor”.
- Cambia la presión de tener que rendir y demostrar algo en la fe: “No necesitas ganarte el amor de Dios. El amor de Dios está. Él te ama tal como eres”.
- Cambia la forma de afrontar el sufrimiento: “Él está contigo. Es tu Padre. No estás solo en la lucha por la supervivencia y su amor es mayor que todos los poderes y fuerzas”.
- Cambia la perspectiva de la vida: “Tú, hijo de Dios, heredarás y ya ahora tienes un anticipo del cielo. Pero llegará el día en que Jesucristo venga otra vez y en el que lo verás tal como es”.
“Por eso ya hoy podemos clamar ‘Abba’”. Así es como Jesucristo se refería al Dios todopoderoso y fuerte del cielo. Se traduce más o menos como: ¡padre amado, papito, papá!