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Dios no se rinde

septiembre 29, 2026

Autor: Sophie Berg

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¿Quebrado, agotado, al límite? Dios vela por nosotros y nos da esperanza. ¿Cómo? Así lo explicó recientemente el Apóstol Mayor en un Servicio Divino.

“Con nuestro pasaje bíblico nos remontamos muy atrás en la historia, al menos 2500 años”, dijo el Apóstol Mayor Helge Mutschler al iniciar el Servicio Divino del domingo 23 de agosto de 2026 en Chişinău (Moldavia). Utilizó el pasaje de Isaías 42:3: “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia”.

En aquella época era habitual utilizar cañas para la construcción, ya que son estables, grandes y altas. Se empleaban como varas de medición o para construir casas. Una caña doblada resultaba inservible, irreparable, por lo que se partía y se desechaba.

Algo muy similar ocurría con la lámpara de aceite. Las casas de entonces estaban a oscuras, ya que no tenían ventanas. Un cuenco con aceite y una mecha o pábilo en su interior servía de lámpara. Pero cuando el aceite se agotaba, solo quedaba la mecha humeante, que se apagaba apretándola entre dos dedos.

El profeta Isaías utiliza estas dos imágenes. Y la actitud que en ellas se describe sigue siendo hoy en día la norma en el mundo: “Deséchalo, se acabó”.

Dios consuela en el silencio

Sin embargo, en el pasaje bíblico, Isaías se dirigía al pueblo de Israel, quebrado y sometido al cautiverio babilónico: Jerusalén y el templo habían sido destruidos. La luz de la fe estaba a punto de apagarse, pero Dios le había dicho al pueblo: “No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare”.

“¿Por qué habla Dios aquí de ‘Él’?”, preguntó el responsable de la Iglesia, y dio la respuesta: “Dios dice: He aquí, este ‘Él’ es mi siervo y mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento”. Estas palabras del Antiguo Testamento son una referencia al Bautismo de Jesús en el Nuevo Testamento.

“Él” es Jesucristo, y la justicia que proclama no se quebrará ni se apagará. Otra característica de Jesucristo es que no grita ni clama, sino que consuela. “El consuelo no se puede gritar”, subrayó el Apóstol Mayor, “y su consuelo necesita calma y tiempo”. Pensemos en Elías: Dios no fue un terremoto, un fuego ni una tormenta, sino silencio. “Si queremos escuchar a Dios, si queremos ser consolados, debe reinar el silencio, debe haber silencio”.

Abatido, pero no quebrado

“Quizás tú también seas una caña abatida o cascada, porque…”

  • “… de repente se produjo un golpe del destino en tu vida”. Dios te sostendrá y te devolverá la estabilidad.
  • “… ya no tienes orientación”. Dios te mostrará el camino hacia Jesucristo, que es la verdad y la vida.
  • “… te sientes inútil”. Para Dios, todos somos útiles y valiosos.
  • “… has pecado y temes el castigo de Dios”. Dios no rompe el bastón sobre nadie.

Humeando, pero sin apagarse

“Quizás tú también seas una mecha que humea, …”

  • “… porque la fe ha disminuido, y has venido a este Servicio Divino con las últimas fuerzas y lleno de dudas”. Dios no apaga la mecha, sino que sopla con mucho cuidado para que las llamas de la fe vuelvan a arder.
  • “… pues cuando las personas mueren, solo queda un hilo de humo gris y todo se acaba y se va”. Dios nunca apaga la luz de la vida del alma.
  • “… pues algunos se han alejado de la comunidad porque ya no creen, porque ya no quieren vivir aquí”. Dios no apaga la comunidad que ora.

Con la justicia llega la paz

“Jesucristo no romperá ni apagará nada”. Él estuvo colgado de la cruz, “se dejó quebrantar para poder levantar a los que se quebrantan”. Y Jesucristo resucitó, “la luz que trajo, no se ha apagado”.

“Jesucristo vendrá”. Él reavivará las cañas quebradas y las mechas humeantes. Entonces se celebrará la boda en el cielo y se establecerá el milenario reino de paz. “Él mismo no se quebrará hasta que establezca la justicia en la tierra”. Y con esta justicia traerá la paz.

septiembre 29, 2026

Autor: Sophie Berg

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