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No hacer, sino dejar crecer

octubre 30, 2026

Autor: Andreas Rother

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Paz en lugar de alto el fuego, lealtad en lugar de cálculo: todas las personas buscan el bien. Pero ¿cómo se puede encontrar? Reflexiones de un Servicio Divino con el Apóstol Mayor.

Hungría es conocida por su buen vino. Y, en los bordes de los viñedos, crecen a veces vides descuidadas. Estas también dan fruto. Pero “son muy pequeños y ácidos”.Así comenzó el Servicio Divino del 12 de septiembre de 2026 en Budapest (Hungría). Este giró en torno a las palabras de Jesús de Juan 15:3 y parte de 4: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros”.

Hace falta una nueva vid

“En realidad, todas las personas van de vid en vid”, dijo el Apóstol Mayor Helge Mutschler. “Todos buscamos paz, alegría y fidelidad”. Sin embargo, la realidad suele ser muy diferente: “solo un alto el fuego que quizá dure 24 horas”. O bien: “Te apoyo, pero solo mientras me seas útil”.

En el camino hacia la solución, el dirigente de la Iglesia miró hacia atrás 2000 años: la vid fue en su momento el símbolo nacional de Israel. Una parra dorada adornaba la puerta del templo, y racimos de uvas decoraban las monedas. El pueblo se consideraba a sí mismo como una planta de Dios. Pero, según critica el profeta Isaías, solo daba malos frutos. Y entonces llegó Jesús.

La puerta ya está abierta

“Yo soy la vid verdadera”, les dice a sus discípulos en aquella situación durante la última cena. “Dios hace algo grandioso: sustituye la vid”, explicó el Apóstol Mayor. En lugar del ser humano pecador, viene Cristo, que no tiene pecado.

Y ofrece a las personas unirse a Él: “Sed simplemente pámpanos en mí y daréis automáticamente buen fruto”. Para el dirigente de la Iglesia, esta es “una palabra tan reconfortante, tan liberadora”.

Lo que hay que eliminar para crecer

“Ya vosotros estáis limpios”, dice Jesús a sus discípulos durante la cena. En aquella época, poco antes de la Pascua judía, la purificación ritual era la condición para ser admitido en el templo. Los once Apóstoles no habían realizado tales rituales. Y, sin embargo, Jesús los declaró limpios.

Esta promesa sigue vigente hoy en día, subrayó el Apóstol Mayor: “El corazón de Dios está abierto para ti. Tienes acceso. La puerta está abierta para ti”. Y ello independientemente de tu estado personal: “Aunque hayas pecado por mucho que sea, aunque tengas dudas por grandes que sean, aunque estés muy triste”.

Dios te espera con los brazos abiertos. “No tienes que realizar cien mil rituales ni demostrar nada para que se te permita acudir al amado Dios”.

Sostener y ser sostenido

Estar limpio tiene también un segundo significado. Jesús describe a Dios como un labrador que poda las vides que no dan fruto y limpia las fructíferas para que den aún más fruto. Esto se refleja en el renacimiento de agua y del Espíritu.

¿Para qué todo esto? Para que pueda crecer el fruto del Espíritu Santo: 

  • Paz auténtica: “Eres hijo de Dios para que traigas paz auténtica al mundo y no solo un alto el fuego”.
  • Fidelidad auténtica: “Eres hijo de Dios para que traigas fidelidad auténtica a este mundo y no te quedes con las personas solo mientras te resulte útil”.
  • Amabilidad auténtica: “Eres hijo de Dios, una vid limpia, para llevar amabilidad auténtica a la vida de las personas”.

¿Y qué debe hacer el ser humano para ello? “Esta acción es la más pequeña que se pueda imaginar: permaneced en mí”. Y “Él sabe perfectamente que ni siquiera somos capaces de hacerlo”. Por eso agrega: “Y yo en vosotros”. Eso significa: “Pero yo, en cualquier caso, permaneceré con vosotros”.

Y eso se extenderá hasta el futuro: en su retorno, Cristo aceptará a su novia como pura y digna. En el reino de paz que seguirá, los seres humanos, unidos a Cristo, darán por fin esos frutos que todo el mundo ha estado esperando desde siempre: la paz auténtica.

octubre 30, 2026

Autor: Andreas Rother

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