La comunidad es donde puedes ser lo que eres

¿Qué hace que una comunidad realmente sea una comunidad? ¿Cantar los cantos en conjunto, el libro de la Iglesia en común o tener el domicilio cercano al edificio de la iglesia? La comunidad es más, mucho más.

Motivo suficiente como para que las prédicas del mes de septiembre se ocupen del tema. Los Servicios Divinos deben incentivar a la comunidad a reflexionar sobre el verdadero núcleo de su comunión. A pesar de todas las diferencias de sus miembros, los une la comunión de la Santa Cena con Jesucristo y el amor y la misericordia de Dios. La alabanza que prodigan todos juntos a Dios mantiene unida a la comunidad. Cuando la comunidad sabe que Jesucristo es la cabeza de su Iglesia, esto tiene una repercusión contundente.

Los gustos predominantes hacen que el espacio sea pequeño

"Espacio para creer, espacio para dudar, espacio para tener esperanza, ¡la comunidad local!": Es el título que se le dio a los seminarios de la juventud 2018 en la Iglesia Nueva Apostólica Alemania del Oeste. En el texto explicativo dice que cada comunidad local ofrece un espacio de aceptación incondicional. Sus miembros no tienen que "funcionar" o adaptarse a una cierta "norma" o a los "gustos predominantes" de la comunidad.

¿Es posible esto realmente? ¿Las personas se pueden tratar unas a otras dejando que cada uno pueda ser lo que es?

"Ser un corazón y un alma" cuando no es fácil …

El pasaje bíblico de Hechos 2:46-47 brinda una respuesta emocional, interpersonal, a la pregunta de qué distingue a una comunidad. Describe casi lo central de la cohesión entre los miembros de la comunidad: "Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos". Es evidente que esta primera comunidad cristiana ejerció una gran fuerza de atracción en su entorno. Por más difícil que sea la "unanimidad", es decir la cohesión a pesar de las diferentes opiniones, deja tras sí un cálido sentimiento de seguridad. No la conformidad, no el ser una masa uniforme, no una dictadura de opiniones deben ser determinantes en la vida de una comunidad, sino el reconocimiento, el aceptarse, la armonía, la consonancia y la vinculación. ¿Quién no lo desea?

¿Vale esto también en tiempos difíciles?

Para profundizar aún más en el tema: ¿Vale nuestra confraternidad también en tiempos difíciles, en los que se presentan aflicciones y pobreza? Sí, pues este también es un testimonio recibido de la comunidad del cristianismo primitivo: ¡Los hermanos se ayudaban unos a otros! Una comunidad era generosa para con la otra. La segunda epístola a los Corintios, por cierto uno de los textos más personales de Pablo, informa que la comunidad de Macedonia, a pesar de que ella misma era pobre, donó generosamente dinero para los hermanos y hermanas de la comunidad de Jesursalén. Esto es asistencia practicada de unos para otros. Tenían bien claro que así como la asistencia de Dios está dirigida a nosotros, los seres humanos, también nosotros debemos apoyar a nuestro prójimo en comunión fraternal.

¡Esto es válido para todo y para todos! Podemos donar dinero, entusiasmo, experiencia, tiempo para los demás. La solidaridad y el fortalecerse unos a otros en la fe son tornillos de ajuste en los cuales cada uno puede girar a gusto. Nadie es obligado a desvalorizar o marginar al otro porque se encuentra en dificultades. En aquella época era válida la divisa: aunque eran perseguidos como cristianos, se mantuvieron unidos y experimentaron la protección de Dios. Cuanto más eran perseguidos, tanto más se difundió el Evangelio por todo el mundo. ¡Esto todavía puede tener vigencia en la actualidad! Allí donde hay generosidad, a uno le gusta estar en casa. La generosidad hace ser amplio de pensamientos, agranda el horizonte y vence a la estrechez de miras.

Seguir siendo generosos

La historia de la redención del hombre por Jesucristo, con su muerte y su resurrección, todavía no está escrita hasta el final. Nosotros, los cristianos de hoy, la seguimos escribiendo. ¡En nuestra comunidad, con nuestro lápiz!



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Peter Johanning
1.09.2018
servicio Divino, vida en la comunidad