En foco 13/2020: El lugar de la libertad

Este lugar de libertad tiene un nombre: hogar. Porque allí puedes ser tú mismo. Pensamientos sobre el lema de este año del Apóstol de Distrito Michael Deppner de la República Democrática del Congo Oeste.

Supongo que con la epidemia de Covid todos nos hemos acostumbrado a pasar un poco más de tiempo en casa. Aunque es limitante, podemos apreciar el hecho de que el aislamiento sea justamente allí. A pesar de que pueden faltar algunas cosas, hay una cierta sensación de libertad cuando estamos en casa. Imaginemos si –como en algunos casos reales– tuviéramos que aislarnos fuera de casa. Hay historias de personas que quedaron varadas mientras estaban de viaje (de vacaciones o de negocios) y tuvieron que permanecer afuera.

Una de las cosas más lindas que se dicen cuando uno tiene una visita es: ¡siéntase como en casa! En casa, eres libre de comer y beber lo que quieras, puedes ser tú mismo. Tú eliges quién viene y quién se va, y quién se queda.

Aunque sabemos que solo cuando estemos en nuestro hogar eterno seremos los más libres, tenemos el hogar de la comunidad. Tal vez no sea siempre el lugar más hermoso, pero ¿nos sentimos en casa en la comunidad? ¿Nos sentimos libres en ella?

Es un lugar de perdón. Un lugar donde podemos oír el anuncio del perdón de los pecados. Una y otra vez somos hechos libres (Hechos 13:38-39).

Es un lugar de confort. No tenemos que vestirnos con ropa elegante. A pesar de nuestras imperfecciones y debilidades, podemos venir al altar de Cristo sin miedo, porque no hay ninguna condenación para los que están en Cristo (Romanos 8:1). Venimos como somos.

Es un lugar donde recibimos alimentación y donde podemos recibir libremente el agua de la vida. No tenemos que pagar ningún otro precio que el de la humildad, la cortesía, la disposición a crecer y aprender.

Es un lugar de consuelo. Estamos rodeados de nuestros hermanos y hermanas (ciertamente con sus faltas). Es un lugar donde ha venido y está activo el Espíritu, el Consolador, para secar las lágrimas.

En Salmos 118:5 el salmista dice: “Desde la angustia invoqué a Jah, y me respondió Jah, poniéndome en lugar espacioso“. En otras palabras, no tenía libertad, pero ahora me dio espacio y libertad para que pudiera moverme sin obstrucción ni dolor.

Mantener la libertad

En Gálatas 2, Pablo dice que surgió el tema de la circuncisión porque algunos falsos hermanos trataron de entrar en la comunidad para espiar la libertad que tenían en Cristo. Se refería a algunos que trataban de recuperar la costumbre judía de la circuncisión. Era un rito o ley costoso, oneroso y probablemente doloroso del Antiguo Testamento.

Ahora somos libres y no queremos volver al pasado o traer otros elementos que pongan en peligro nuestra libertad en Cristo. Es el deber del apostolado asegurar que esta libertad se mantenga, pero todos debemos hacer nuestra parte.

Somos libres. No se trata solo de ser libres en el futuro. Cristo nos hizo libres y por eso anhelamos caminar como quienes son libres, no esclavizándonos de nuevo en el pecado, hasta que podamos entrar en nuestro hogar eterno.

Mientras tanto, disfrutamos de la libertad en la casa de Dios.

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Michael Deppner
16.07.2020