2021: Cristo, nuestro futuro

“La venida de Cristo es la meta de nuestra fe”, dice el Apóstol Mayor Schneider. Esto motiva al creyente y también influye en sus relaciones en la familia, la comunidad y con su prójimo.

La alocución de Año Nuevo dice textualmente:

Mis queridos hermanos y hermanas: El año 2020 estuvo marcado por la pandemia del coronavirus. Me llegaron noticias de todo el mundo, muchas de ellas llenas de preocupación y tristeza. Pero hay una cosa que esta crisis no nos ha podido quitar: ¡nuestra confianza en Dios, nuestro Señor! Él es y sigue siendo nuestro Padre celestial, que solo quiere lo mejor para sus hijos.

Esta fe también debería determinar nuestro futuro. Aunque no sabemos lo que nos depara este nuevo año 2021, lo comenzamos con la certeza de que Jesús vendrá pronto. El retorno del Señor no es un sueño a través de cual ocasionalmente reprimimos los problemas de la vida cotidiana. Nuestra fe en el retorno de Cristo nos da fuerza, nos hace fuertes, nos da coraje, nos mantiene firmemente unidos como la Iglesia del Señor en un espíritu, en una mente y en una esperanza. La venida de Cristo es la meta de nuestra fe que hemos elegido. Por eso, nuestro lema para este año es: ¡Cristo, nuestro futuro!

Muchos pasajes de la Sagrada Escritura enfatizan esta dimensión futura de la fe cristiana. El autor de la epístola a los Hebreos dice: “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:1b-2a). Deben librarse muchas batallas si al final queremos salir victoriosos. Como un atleta, el creyente debe hacer un gran esfuerzo, no aflojar nunca y permanecer activo hasta llegar a la meta. Pero no libramos nuestras batallas solos: Jesucristo está a nuestro lado. Pongamos nuestros ojos en Él.

En Cristo encontramos la energía y la motivación para perseverar en nuestro camino de la fe. ¡Miremos a Jesucristo, nuestro Señor! Ni las dificultades de la vida ni el comportamiento de los demás deben desanimarnos. Tampoco nos compadezcamos de nosotros mismos ni nos quejemos de nuestra suerte en la vida. Eso sería una verdadera pérdida de tiempo y energía. Más bien, vayamos decididamente hacia la meta.

No olvidemos que Jesucristo dio su vida por nosotros. Su muerte y resurrección son la base de nuestra salvación. Ha conquistado el pecado y la muerte y, con ello, el mal. Es Jesucristo quien nos ha elegido con pleno conocimiento de nuestra situación. Él sabe que podemos alcanzar la salvación y nos provee todo lo necesario para este propósito.

La promesa del Señor de que perfeccionará su obra es segura: “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Su verdad prevalecerá. En su retorno, Él, y solo Él, juzgará nuestra dignidad. Si permanecemos fieles a Él, podemos esperar su gracia, que compensará nuestras imperfecciones. Y podemos estar seguros de que su gloria eclipsará todas nuestras penas.

Ahora bien, depende de nosotros cómo vivimos, cómo actuamos, cómo creemos. Nuestra elección para el futuro define nuestra vida. Para vivir con Cristo para siempre, buscamos ya hoy la comunión con Él. Y tomamos nuestras decisiones basándonos en sus enseñanzas. Su Evangelio es el fundamento sobre el que construimos nuestro matrimonio, educamos a nuestros hijos y nos relacionamos con nuestro prójimo. Jesucristo es el modelo al que queremos conformarnos.

Si pensamos en ello, nuestras comunidades están compuestas por personas muy diferentes unas de otras. Pero esta diversidad no es un problema si nos centramos en lo esencial: ¡Tenemos la misma meta y debemos seguir el mismo camino para alcanzarla!

Para este año os deseo a todos pensamientos y experiencias llenos de paz. ¡Que la bendición de Dios os acompañe y que la paz del Resucitado esté con vosotros! Mantengamos nuestra confianza en Jesucristo, porque nuestro futuro espiritual depende de ello. ¡Manteniendo nuestros ojos puestos en Cristo, alcanzaremos la meta!

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Peter Johanning, Oliver Rütten
1.01.2021
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