Maran-atha, una fe firme (1/2)

Dios es todopoderoso, eterno, trino. Desde hace siglos, esta fe se halla descripta detalladamente en las Confesiones de fe. También la fe en el retorno de Jesucristo puede unir a los creyentes de hoy.

En las revistas community y Unsere Familie se publicará en estos días una carta doctrinaria del Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider sobre el retorno de Cristo. En primer lugar, el dirigente internacional de La Iglesia lo presentó en el círculo de los Apóstoles de Distrito; más adelante a los 260.000 portadores de ministerio de toda la Iglesia por medio de una edición especial de los Pensamientos Guías.

El Espíritu Santo está activo en la Iglesia

“Los cristianos creen que el Espíritu Santo está presente y activo en la Iglesia” (Catecismo INA PyR 712), escribe el Apóstol Mayor y menciona tres puntos por medio de los cuales se puede reconocer que el Espíritu Santo está activo en la Iglesia:

  • se mantiene viva la promesa de que Jesucristo vendrá otra vez (Catecismo INA PyR 203);
  • los Apóstoles –llenos del Espíritu Santo– cumplen su tarea de preparar a los creyentes para el retorno de Cristo (Catecismo INA PyR 433);
  • la prédica inspirada por el Espíritu siempre tiene por objetivo preparar a la comunidad para el retorno de Jesucristo (Catecismo INA PyR 626).

Los Apóstoles están activos en las comunidades

¿Y en el siglo XXI cómo puede mantenerse viva concretamente en los creyentes la promesa de Dios de enviar otra vez a su Hijo? El Apóstol Mayor Schneider ve para el ministerio de Apóstol dos posibilidades esenciales. Pues “los Apóstoles han recibido el encargo de dispensar el Santo Sellamiento, por medio del cual el creyente se convierte en heredero de Dios, y de prepararlo para el retorno de Cristo”. Los Apóstoles deben, como convoca el Apóstol Mayor, multiplicar el amor de los creyentes y hacer que la Iglesia sea un anticipo del reino venidero.

Tarea 1: Multiplicar el amor de los creyentes

Un gran desafío para todos, pero “a través del Santo Sellamiento, Dios permite al hombre participar de su naturaleza transmitiéndole el don de su amor (Romanos 5:5). De este amor crece en el creyente el deseo de retribuirlo (1 Juan 4:19). Podemos multiplicar este amor en el corazón de los creyentes

  • mostrando la magnitud del sacrificio de Jesús;
  • permitiéndoles compartir la plenitud del mérito de Cristo;
  • anunciándoles la herencia que Dios tiene preparada para ellos;
  • permitiéndoles probar el amor de Cristo a través de nuestro desvelo y nuestra comprensión.

Cuando el creyente conoce verdaderamente este amor de Cristo desea estar con Jesús, expresa el Apóstol Mayor. Este deseo se expresa en su oración diaria: “Ven, Señor Jesús”. Como conclusión intermedia, el Director de la Iglesia establece: “Gracias a la enseñanza de los Apóstoles y participando dignamente de la Santa Cena, los creyentes pueden crecer en Cristo. El amor de Cristo los capacita para vencer el egoísmo y la indiferencia, y así abrirse para otros”. Esto se hace notar en forma muy concreta: Los creyentes se ocupan del prójimo, procuran ayudarle a descubrir a Cristo a través de su testimonio, piden por redención para todos y se preparan para el reino de paz, en el que será anunciada la salvación a toda la humanidad.

Tarea 2: Dar forma a la Iglesia

“Nuestra meta es”, escribe el Apóstol Mayor Schneider, „que cada uno pueda reconocer que Jesús gobierna en su Iglesia”. La presencia de Jesucristo puede reconocerse por las siguientes señales:

  • Con la ayuda de Jesús podemos lograr que nuestra relación con el prójimo tenga una impronta cristiana.
  • Los acusadores pueden callar, porque ya no se habla sobre los errores que Jesús ya ha perdonado.
  • Todas las disputas sobre quién es el mayor cesan, y cada uno está dispuesto a servir al otro.
  • La unidad en Cristo se vuelve más importante que las diferencias humanas.
  • La preocupación por lo espiritual ya no es contaminada por las cosas materiales.

Y para los portadores de ministerio se agrega otra tarea, escribe el Director de la Iglesia: “Santificarnos a través de la oración, leer la Biblia y meditar sobre sus contenidos, para que los Servicios Divinos que realizamos sean para los creyentes verdaderos encuentros con Jesús”.

El Apóstol Mayor Schneider sintetiza: “El retorno de Cristo es la culminación de toda nuestra existencia; la gracia de Dios nos permitirá llegar a ser aquello para lo que Él nos ha creado. El retorno de Cristo constituirá una intervención divina motivada por el amor de Dios para toda la humanidad”.



Trasfondo: Maran-atha, el llamado arameo a la oración del cristianismo primitivo significa asociado con Apocalipsis 22:20: „Nuestro Señor viene“. Como llamado por la venida del Señor enaltecido a la parusía, da testimonio de su espera inminente (Herder, Léxico para Teología e Iglesia).


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