Una Cuaresma que puede tener buen sabor

Primero el Mardi Gras o martes de Carnaval, luego el Miércoles de ceniza y después la Pasión: en el calendario eclesiástico la Cuaresma se extiende hasta Pascua. No se trata en sí de pasar hambre, sino sobre todo de echar una mirada al propio corazón.

En algunas regiones del mundo hay abundancia. Allí, los supuestos ricos viven en una sociedad del bienestar. Lo tienen todo, no necesitan nada y, sin embargo, exigen más y más. En muchos otros países del mundo ocurre exactamente lo contrario: la gente se muere de hambre, se enferma por desnutrición, vive en campos de refugiados o en las calles de las ciudades ricas. Existe una amplia gama entre estas dos situaciones máximas. Las festividades de la Cuaresma nos recuerdan que la vida se compone de dar y recibir, de altibajos, de luces y sombras.

Voluntario y consciente

El ayuno tiene que ser voluntario, esto es, por definición, la diferencia con pasar hambre. Centrarse en lo importante y alejarse de lo secundario es el orden del día. El ayuno lo deja a uno vacío y en la mella que surge uno se llena con lo importante y correcto: una ecuación simple.

Numerosos ejemplos en las Sagradas Escrituras lo demuestran: Los que se abstienen conscientemente se hacen fuertes y se sienten dotados a pesar del renunciamiento. Jesús ayunó antes de emprender su misión. Pablo ayunó antes de ser bautizado. El ayuno es la puerta de entrada a algo superior, un entrenamiento para momentos decisivos, un motivo de peso. Ayunar significa querer renunciar, los tiempos de ayuno son tiempos de penitencia. Sirven para la purificación. Ayunar significa mirar conscientemente lo que uno tiene. Y al mismo tiempo darse cuenta de que lo que uno tiene, no lo posee. Solo se nos presta por un tiempo.

Prestado por un tiempo

Hay una historia apropiada al respecto en la Biblia, la historia del rico insensato: “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas 12:16-21). ¡Qué rico tan pobre!

Entonces, ¿qué es lo importante?

El cristiano creyente responde: que esté con el Señor, que le agrade, que guarde sus mandamientos, que pueda ser una bendición, que pueda ser un testigo de Jesucristo en el mundo, que el Evangelio siga siendo un alegre mensaje, que pueda vivir. E incluso para los creyentes más reservados, la paz, un entorno sano o una distribución justa de los recursos naturales son más importantes que la propia dicha a costa de los demás.

Hasta aquí todo bien, estos pensamientos encajan en un entorno consciente. ¿Pero cómo es la realidad? En este tiempo también existen guerras, conflictos, agresiones, y también pueden encontrarse en los hogares cristianos. El egocentrismo no disminuye porque un calendario litúrgico exhorte a reflexionar. ¡El arrepentimiento y el renunciamiento no son precisamente el vocabulario favorito de la humanidad!

Nuestra decisión

Y aquel de quien los cristianos toman su nombre, Jesucristo, sentó el precedente: ayunó durante 40 días. Incluso fue en el desierto, bajo condiciones difíciles. Las palabras con las que el diablo tentó a Jesús en el desierto son todavía hoy objeto de la prédica en la Iglesia y, sin embargo, a muchos oyentes les parecen poco realistas y exageradas. Y mientras lo piensan, ellos mismos caen en el ámbito de atracción de un amor propio exagerado. “Yo puedo hacer cualquier cosa, lo sé todo, yo, yo, yo”. Muchos mensajes en los tiempos modernos comienzan con “yo”.

El tiempo cristiano de la Cuaresma comienza el 17 de febrero y dura 40 días hasta el Sábado Santo. Antes de celebrar la grandiosa resurrección del Señor, debe haber primero silencio y reflexión en el alma. Lo que hagamos o dejemos de hacer depende exclusivamente de nosotros. Pero un pequeño impulso a la reflexión no sería mala idea.

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Peter Johanning
17.02.2021