El Apóstol Mayor se sienta casi alegremente frente a la cámara y graba la alocución de Año Nuevo. Es la última de su período ministerial: observaciones de doce años.
Cada año, una imagen se pone en movimiento: un pequeño cuadro de la época del Apóstol Mayor Richard Fehr. Cuelga en una oficina en Zúrich (Suiza) a la que pocos han entrado, pero que muchos conocen, por la alocución de Año Nuevo del Apóstol Mayor. Como molesta en el fondo, el cuadro tiene que cambiar de sitio una y otra vez.
La tecnología recorre los pasillos. La Iglesia regional Suiza proporciona la cámara y demás equipo, el camarógrafo/montador viene de Alemania del Sur y la redacción viaja desde Alemania del Oeste. La dirección corre a cargo de INAI.


Una sala, un equipo, un mensaje
En la oficina del Apóstol Mayor reina una gran actividad. Y eso que el dirigente de la Iglesia ni siquiera está allí. Dos cámaras, un monitor y más equipamiento: el equipo se prepara para grabar en video la última alocución.
El tema ya no es ningún secreto: “No temas, ¡solo cree!”. Así se titula el primer artículo del número 1/2026 de los Pensamientos Guía, que acaba de distribuirse. Y así dice el lema del año 2026: “No temas, ¡solo cree!”.
Desde 2014, el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider publica un lema de este tipo. Y desde 2015 se dirige a los hermanos mediante una alocución en video. En alguna oportunidad, la alocución ya se grabó en un estudio de Dortmund o en una iglesia de Fráncfort. Pero aquí, en la sede central de Zúrich, es donde el dirigente de la Iglesia se siente más cómodo.


Corbata, cables, cámara
El jefe ha llegado. Toma asiento en su escritorio, mientras las personas a su alrededor siguen tirando de los cables. La dirección de proyectos está lista. Y luego está la carpeta de firmas, cuyo peso requiere una muñeca fuerte.
Ahora hay que conectar el micrófono. El Apóstol Mayor conoce los micrófonos de solapa con minitransmisor de los Servicios Divinos y los conciertos. Puede reconocer fácilmente por el cable si se lo ha pasado una mujer o un hombre, sonríe. En un caso está perfectamente enrollado, en el otro es una maraña.
La cámara está grabando. Última comprobación: ¿está bien la corbata? Porque esta peculiar tira de tela tiende a desplazarse por el pecho y el abdomen, especialmente cuando se habla con las manos y los brazos como lo hace Jean-Luc Schneider.


Entre la tensión y la misión
La puerta está cerrada, el teléfono permanece en silencio. Ahora habla el Apóstol Mayor, en francés, alemán e inglés. Creció con el primero. Con el segundo llegó al periódico en concursos escolares. Y el último lo aprendió en un curso intensivo cuando fue nombrado Ayudante Apóstol Mayor.
A veces, el borde de una mano se apoya en el escritorio. A veces, el pulgar se presiona contra el puño. Y a veces, el dedo medio y el índice casi se cruzan. No, esos gestos nunca serán los suyos. Claro, en realidad está acostumbrado a las cámaras, pero entonces es un Servicio Divino con la comunidad. Esto es algo diferente.


Las palabras fluyen, los gestos las siguen
Una vez grabada la primera versión lingüística, la mano se abre para hacer gestos. Ahora el orador está en plena fluidez. No solo las manos son muy expresivas. Las cejas tampoco pueden estar quietas. En francés, el equipo a veces incluso tiene que frenar. Porque a ese ritmo “ya hubo quejas en casa”.
El equipo tiene lo que necesita: seis grabaciones, dos en cada idioma. Con eso se puede trabajar. Comienza el desmontaje. El cuadro puede volver a su lugar. Para el dirigente de la Iglesia, la jornada laboral no ha hecho más que empezar. Aún deben debatirse los Pensamientos Guía. Y en la sala contigua esperan el departamento financiero y el Ayudante Apóstol Mayor.
Fotos: Oliver Rütten