Cuanto más profunda es la noche, más cerca está el amanecer
Las tormentas de la vida son poderosas: oscuridad, viento en contra y remar en vano. Pero Jesucristo nunca pierde de vista a los suyos y hoy más que nunca puede andar sobre las aguas.
El Apóstol Mayor Helge Mutschler celebró un Servicio Divino el viernes 3 de julio de 2026 en Demba (República Democrática del Congo). La base de su prédica fue el pasaje bíblico de parte de Marcos 6:50-51: “Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento”.
La multiplicación de los panes y los peces constituye la historia en torno a este pasaje bíblico. Jesús y sus discípulos solo disponían de unos pocos panes y peces para saciar a las cinco mil personas. Demasiado poco para tantos. Sin embargo, Jesús pronunció una oración de agradecimiento, bendijo los dones y, al final, incluso sobró algo, explicó el Apóstol Mayor.
Para la gente, Jesús había sido “alguien muy especial”, por lo que querían hacerlo rey. Jesús respondió con estas palabras: “Mi reino no es de este mundo, mi reino está en los cielos”. A continuación, dejó atrás a sus discípulos y subió a un monte para orar. Desde allí vio a los discípulos en una barca en el mar, de noche y en medio de una tempestad furiosa, remando en vano contra ella.
Remando contra la tormenta
“A veces, sobre todo por la noche, nos sentimos perdidos y solos”, explicó el Apóstol Mayor. “A veces, por la noche, nos vienen a la mente las preocupaciones y los problemas”. A veces recordamos malas experiencias de nuestra propia vida, nos sobresaltan ruidos extraños y nos invade el miedo a fuerzas incontrolables.
“Así fue la noche para los discípulos, que se vieron envueltos en una tormenta poderosa”. Todos tienen tormentas en la vida: un hijo enfermo y ningún médico que pueda ayudar, o una cosecha arrasada. Otro viento que sopla en contra son las hostilidades a causa de la propia fe.
“Los discípulos remaban y remaban con gran fatiga, pero era en vano, pues la fuerza del viento era demasiado grande”. Un sentimiento bien conocido: a pesar del esfuerzo, llegan el hambre, el pecado y el fracaso. “Miramos al mundo y pensamos que algo tendría que cambiar, pero con mis escasas fuerzas no puedo cambiar nada”.
“En esta noche tormentosa podemos preguntarnos: ‘¿Dónde está Dios?’”. Jesucristo está orando allí arriba, en el monte, pero ha visto a sus discípulos. “No te ha olvidado”, Jesús ve a cada uno y ora por él.
Esperanza en la noche más oscura
“Jesucristo desciende del monte y anda sobre las aguas hacia los discípulos”, continuó contando el Apóstol Mayor Mutschler. Esto demuestra que Jesús tiene todo el poder. Los discípulos se asustaron, pensando que veían un fantasma. Jesús subió a la barca con ellos, la tempestad se calmó y dijo: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”.
“Tened ánimo”: Dios quiere infundir valor. “Yo soy”: en hebreo, Dios se llama “Yahvé”, lo que significa “Yo soy el que soy”, por lo que es firme y constante. Además, significa “Yo estoy contigo”, por lo que es todopoderoso y nunca deja solo a nadie. “¡No temáis!”, Jesús vence el miedo con su amor. “Y experimentaremos la paz del Resucitado”.
“Precisamente cuando todos nos encontramos en la mayor necesidad, viene Jesucristo”. Él sube en la barca, y esa barca es la comunidad, cada uno de nosotros. Porque Él ha hecho la promesa: “Donde dos o tres se congreguen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.
Todo esto ocurrió durante la cuarta vigilia de la noche, es decir, entre las tres y las seis de la madrugada. Este es el momento en que la noche es más oscura y fría. Pero también es el momento en el que el amanecer está más cerca. Justo en ese momento, Jesús subió a la barca. “Cuando sea la noche más fría del mundo, vendrá Jesucristo, nuestro Novio”.