¿Popularidad, milagros, madurez espiritual? ¿Cómo son los buenos frutos de la fe? El Apóstol Mayor da una respuesta clara.
“Así que, por sus frutos los conoceréis”. La palabra bíblica de Mateo 7:20 estuvo en el centro del Servicio Divino para portadores de ministerio del 15 de noviembre de 2025 en Cooper City (Florida). Después de unas palabras de agradecimiento, el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider describió los tiempos difíciles y el complicado entorno en el que trabajan hoy los portadores de ministerio. Algunas congregaciones religiosas tienen muchos adeptos, otras no: “¿Qué estamos haciendo mal?”.
La madurez espiritual como piedra de toque
Jesús lo sabía y anunció de antemano que habría muchos falsos profetas. “Vienen a vosotros con vestidos de ovejas y dirán: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, y harán grandes señales y prodigios” (Mateo 7:15; 24:23-24). Estos se conocerán por sus frutos, pero con estos frutos no se refiere al éxito. “El fruto del que hablaba Jesús es la madurez espiritual”. Esto no se puede medir con cifras y datos. “La madurez espiritual solo se puede alcanzar a través de la fe. Hay que creer en la victoria de Jesucristo”.
Cuidado: malos frutos
El Apóstol Pablo tuvo mucho que ver con falsos profetas en su época y los describe con precisión: “Enemigos de la cruz”. Hoy en día siguen existiendo y se pueden reconocer por los siguientes puntos:
- Ley en lugar de gracia: Buscar la salvación en el cumplimiento estricto de ciertas normas corresponde al Antiguo Testamento, no al Nuevo. “Jesús dice: ‘No puedes ganarte la salvación solo por comportarte correctamente, cumplir los mandamientos y respetar ciertas tradiciones’. Necesitas un Salvador”. Y ese Salvador es Jesucristo.
- Placeres terrenales y gloria propia: Orar y hacer sacrificios para mejorar la vida, una actitud que también se corresponde más con el Antiguo Testamento. “Pablo dice: ‘Cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza’”. Los asuntos terrenales son la única preocupación y todo gira en torno a la propia persona. Los predicadores de hoy en día, en la televisión, en la radio, en todas partes, “utilizan a Jesucristo para su propia gloria y sus propios intereses”.
- Difundir falsedades: “Pablo dice: ‘Utilizan palabras suaves y lisonjas para decir a la gente lo que quiere oír’”. Al hacerlo, se comprometían con los poderosos para evitar problemas. Y tampoco se avergonzaban de difundir falsedades que “no son la doctrina de Jesús”.
Atención: buenos frutos
“El buen fruto del apostolado es la sana doctrina”, es decir, el anuncio veraz del Evangelio. Esto incluye:
- Vida eterna: “Predicamos a Jesucristo, el Hijo de Dios, que vino a la tierra y adoptó la condición de hombre para que los seres humanos tuvieran acceso a la vida eterna”.
- Salvación: “Él vino como Hijo de Dios porque quería reconciliar a los seres humanos con Dios y permitirles volver a la comunión en el reino de Dios”.
- Gracia: “El apostolado enseña que la salvación no se puede ganar. Se necesita la gracia”. Enseña cómo obtener la gracia y la verdadera ley de Jesucristo.
- Sacramentos: “Jesús nos enseñó que para ser salvos hay que recibir los Sacramentos. Hay que renacer de agua y del Espíritu Santo. Hay que recibir la Santa Cena”.
- Amor al prójimo: “Ama a Dios y ama a tu prójimo”. Cada persona debe ser considerada como un individuo, “como un alma amada por Dios”. Jesús dio su vida por cada alma.
El Apóstol Mayor resume: “Amados hermanos y hermanas, este es el fruto del apostolado. Una doctrina sana, una fe verdadera, una confianza verdadera en Dios y un amor verdadero al prójimo”. Y todo aquel que produzca este fruto podrá fortalecer la fe en Cristo y en el apostolado.





