Desde el abismo no hay salida por nuestras propias fuerzas. Pero Dios nos tiende la mano. “Porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él”: el Servicio Divino basado en Salmos 130:7.
Había un joven que no miraba por dónde iba. Y se cayó en una cisterna, a muchos metros de profundidad. Así lo contó el Apóstol Mayor Helge Mutschler el 5 de julio de 2026 en Kananga (República Democrática del Congo). El joven quería trepar para salir, pero resbalaba una y otra vez. Entonces pidió ayuda.
El clamor desde lo más profundo
Algo parecido le sucedió al autor del salmo. “Él se encontraba en algún lugar en un pozo profundo y, cada vez que intentaba salir trepando, fracasaba”, dijo el Apóstol Mayor. “Pero hizo lo único correcto: clamó”: “De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo”, dice Salmos 130:1.
El problema del salmista es que “él es un pecador y sabe perfectamente que, por mucho que lo intente, no conseguirá salir de ese agujero por sus propios medios”. Pero ahora entra en juego el versículo bíblico del Servicio Divino: “Porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él”.
Incluso en el punto más bajo
“¿Qué tiene que ver este versículo bíblico con nosotros?”, preguntó el dirigente de la Iglesia y respondió: “Es muy sencillo: yo mismo y todos vosotros sois pecadores, y estamos sumidos en un profundo abismo”.
Basta con fijarse en el primer mandamiento: “Yo soy el Señor, tu Dios. No tendrás dioses ajenos delante de mí”. Y entonces surge la pregunta: “¿Ha sido Dios realmente lo primero para mí en las últimas semanas y meses? Si no es así, entonces soy un pecador”.
Clamar, pero de verdad
“El hecho es que estamos sumidos en un profundo abismo y no conseguimos salir de él por nuestras propias fuerzas”. Pero: “No te acostumbres al pecado, no transijas con él y no te victimices diciendo que la culpa es de los demás”.
“Lo único que se puede hacer es clamar al Señor, el Todopoderoso. Es un Dios que oye, es un Dios al que le importas”. Pero no basta con limitarse a clamar pidiendo ayuda. “No te escondas, acércate a Jesucristo y dile con toda franqueza: ‘Soy un pecador, por favor, perdóname’”.
“Y entonces —pero solo entonces— te encontrarás ante un Dios lleno de amor, de misericordia y de perdón”.
Dios oye y ayuda
“Hay almas, muchas almas en el más allá, que se encuentran en un abismo profundo, en una prisión, y no pueden ayudarse a sí mismas”, subrayó el Apóstol Mayor. También para ellas se aplica lo siguiente: “Hay un Dios que oye, y quiere oírte: tú le importas”.
“¿Quién te ha dicho que este Dios sea un Dios del castigo? No, eso no es cierto, es un Dios de misericordia y perdón”. Y agregó: “El corazón de Dios es lo suficientemente grande para cada alma que haya vivido jamás”.
“El cambio es posible, los brazos de Dios están bien abiertos”, dijo el Apóstol Mayor Mutschler. “Y entonces podremos esperar junto a nuestros hermanos y hermanas en el mundo del más allá”. Tal como lo expresa Salmos 130:6: “Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana”.