Un profeta en huida, cuervos como proveedores y un Dios en quien se puede confiar. El Apóstol Mayor destaca cinco enseñanzas del acontecimiento ocurrido junto al arroyo de Querit, que en conjunto muestran una verdad fundamental.
Casi 1100 participantes se reunieron el lunes 29 de junio de 2026 en la comunidad Boende para el Servicio Divino. El Apóstol Mayor Helge Mutschler lo celebró en la provincia de Tshuapa, dentro del área de actividad del Apóstol de Distrito Élie Taty Mukinda, de la Iglesia regional República Democrática del Congo Oeste.
La base de la prédica fue un pasaje del primer libro de Reyes: “Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo” (1 Reyes 17:6). La prédica fue traducida en el altar del inglés al francés y al lingala.
Al inicio, el Apóstol Mayor recordó el lema anual 2026: “No temas, ¡solo cree!”. En la vida cotidiana abundan los motivos para temer: la pregunta acerca de dónde vendrá el pan de cada día, la educación de los hijos en la fe, una enfermedad y su evolución, el desarrollo del país y del mundo. Se necesitan modelos a seguir que se rijan por este lema. Uno de ellos se encuentra en el capítulo del que proviene el pasaje bíblico.
Acab, Elías y la sequía
Hace 2800 años reinaba en Israel el rey Acab, contó el dirigente de la Iglesia. Acab había abandonado la fe en el único Dios, había construido un templo al ídolo Baal y había orado ante una imagen que debía traer lluvia en medio de la sequía. Al mismo tiempo vivía allí el profeta Elías.
El nombre de Elías significa “Dios es mi Señor”, y a ese único Dios le había sido fiel. Se enfrentó al rey con gran valentía y le anunció una sequía. Después tuvo que huir sin saber adónde ir. Dios lo guió hasta el arroyo de Querit y le prometió que allí los cuervos lo alimentarían. Sin embargo, los cuervos son considerados animales impuros, explicó el dirigente espiritual. El primer pensamiento de Elías habrá sido: “No puedo hacerlo. Los cuervos son animales impuros”. Su segundo pensamiento habrá sido entonces la obediencia. Elías se puso en camino.
Lo que Elías aprendió acerca de Dios
Junto al arroyo sucedió entonces lo que relata el pasaje bíblico. Cada mañana y cada tarde, los cuervos le traían pan y carne, y Elías podía beber del arroyo. El Apóstol Mayor extrajo cinco enseñanzas de esta historia y las presentó a la comunidad una por una.
- Dios es el Único: Solo este único Dios es capaz de todo; Baal y su imagen no habrían podido hacer nada. Hizo hincapié expresamente en su respeto por la cultura y las tradiciones. Sin embargo, la pregunta que se le plantea a cada uno es si los amuletos, el culto a los antepasados, la brujería, los curanderos o los falsos profetas son más importantes que Jesucristo. “Como cristianos nuevoapostólicos, no necesitamos curanderos, no necesitamos brujería, no necesitamos amuletos”.
- Dios no traiciona a nadie: Elías estuvo en peligro y tuvo que esconderse; Dios no lo delató ante sus perseguidores. Ante Él se puede expresar lo más íntimo, incluso lo más privado. “Dios guarda los secretos que le confías”.
- Dios cumple su palabra: Lo que Dios le prometió al profeta se cumplió. Pero la promesa más grande se refiere al futuro: Cristo vendrá otra vez y se llevará a los suyos como novia a casa. “Dios es la verdad. Dios no miente”.
- Dios muestra el camino: Casi a diario hay que tomar decisiones. El dirigente de la iglesia se dirigió directamente a la comunidad: “¿Ya le has preguntado a Dios cuál es el mejor camino para tu vida?”.
- Dios provee: Hizo referencia al Sermón del Monte, en el que Jesús preguntó por qué había tantas preocupaciones por la vestimenta, la comida y la bebida. Quien en el Servicio Divino pida por el pan de cada día, lo recibirá. “Él también nos da lo que nuestro corazón y nuestra alma necesitan”.
Lo que ofrece el Servicio Divino
Lo que el ser humano necesita en lo más profundo de su corazón es la sensación de estar seguro, de tener un hogar, de ser aceptado y amado. Eso es precisamente lo que Cristo le da a la comunidad en un Servicio Divino, explicó el máximo dirigente espiritual. El pan de vida que ofrece el Servicio Divino es esta única frase: “Hijo mío, te amo”.
A veces hay que huir porque uno es perseguido, dijo el Apóstol Mayor. Pero vendrá el cielo. Allí, Dios dará más de lo que un ser humano pueda imaginar, y ya no habrá hambre ni sed, ni enfermedad ni dolor. Al final de la prédica, destacó una frase sobre lo que nos espera allí: “Allí solo estarán los brazos abiertos de nuestro Señor y Redentor Jesucristo, quien dirá: ‘Te amo’”.
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