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El futuro ya ha comenzado

octubre 30, 2026

Autor: Andreas Rother

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La muerte no es el final y el cielo es mucho más que un lugar al que anhelamos llegar. Lo que Dios tiene preparado para los seres humanos va mucho más allá de la vida. De esto tratarán los Servicios Divinos dominicales de noviembre.

Cuando ya no hay salida

En lo más bajo. Y sin salida. Así se siente el ser humano en Salmos 130: “De lo profundo, oh Jehová, a ti clamo”. ¿Qué lo ha llevado a esta situación? Al parecer, sus propios errores. Y ya no puede repararlos por sus propios medios. Sin embargo, el salmista no se rinde. Confía en un Dios que escucha y perdona.

A esto se refiere el 1 de noviembre, el Servicio Divino en ayuda para los difuntos. Incluso después de la muerte, las personas pueden encontrarse en una situación de tanta desesperanza: separadas de Dios por el pecado y la incredulidad. Pero Jesucristo, con su sacrificio, ha tendido un puente sobre este abismo. Y este llega hasta el más allá.

¿Qué significa esto para los que viven y para los difuntos? ¿Y cómo puede ayudar la intercesión en este sentido? El primer domingo de noviembre nos muestra un futuro que ni siquiera la muerte puede limitar.

Cuando el cielo se convierte en el parámetro

¿Dónde está tu hogar? La respuesta parece sencilla: allí donde vives, donde están tu familia y tus amigos. Pero el Apóstol Pablo tiene otra dirección en mente: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos” (Filipenses 3:20).

Con ello, el 8 de noviembre inaugura el tema “Nuestro futuro”, que también marcará los dos domingos siguientes. En primer lugar, el foco se centra en el retorno de Cristo. Y eso ya tiene consecuencias hoy mismo.

Pablo conocía el orgullo que suponía la ciudadanía romana. Pero los cristianos pertenecen ante todo a Cristo. Por eso deben dejarse guiar por otros parámetros: no las posesiones ni las comodidades, sino los valores del Evangelio. ¿Cómo se traduce esto en la vida cotidiana? Pequeños pasos que esconden un gran cambio.

Cuando todo sale a la luz

Hay cosas que quedan ocultas. Buenas obras que nadie nota. Errores de los que nadie sabe nada. E injusticias que nunca salen a la luz. Al menos, no por parte de los seres humanos.

Con Dios es diferente. “Porque Dios traerá toda buena obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastés 12:14). Esta es la palabra bíblica para el 15 de noviembre.

Juicio: a primera vista, suena a acusación, condena y castigo. Pero el juicio de Dios tiene otra faceta: establece la justicia. Nada se pasa por alto. Ni siquiera el bien que ha permanecido oculto. ¿Qué significa esto para la forma en que vemos nuestra propia vida? ¿Hay que temer a un Dios que lo sabe todo? ¿O es precisamente por eso que podemos confiar en Él?

Cuando todo se renueva

No habrá más lágrimas. Ni sufrimiento, ni dolor. Un mundo como nadie ha conocido jamás. Así describe el Apocalipsis la nueva creación. Y Dios promete: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

El 22 de noviembre la mirada se dirige hacia la meta de la historia divina de la salvación: la comunión perfecta de los seres humanos con Dios. Lo que una vez se perdió por el pecado, Dios quiere restaurarlo. Para siempre.

Pero ¿en qué medida podemos vivir ya hoy ese futuro? ¿Y cómo se puede creer en una promesa cuyo cumplimiento aún nadie ha visto?

Cuando lo inconcebible se hace realidad

“¿Cómo va a suceder esto?”. Una pregunta comprensible. Al fin y al cabo, el ángel Gabriel acaba de anunciarle a María algo que cambiará su vida por completo. De ello nos habla el 29 de noviembre, el primer domingo de Adviento. Con él comienza el nuevo año litúrgico y, al mismo tiempo, continúa el hilo conductor de los domingos anteriores: Dios promete un futuro que supera la imaginación humana.

María no puede comprenderlo; sin embargo, confía en Dios. Y eso es precisamente lo que la convierte en un modelo a seguir para los cristianos que esperan el retorno de Cristo. Porque también la resurrección, la transfiguración y el arrebatamiento escapan a la imaginación humana. ¿Qué hacer, pues, cuando la razón llega a sus límites? 

octubre 30, 2026

Autor: Andreas Rother

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