El principio de vida de Jesús: ¡levantar a los seres humanos! Tanto entonces como ahora, Cristo nos tiende la mano, nos ayuda a levantarnos y nos anima a ser nosotros mismos la luz en la vida cotidiana.
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”, con esta palabra bíblica de Isaías 60:1, el Apóstol Mayor Helge Mutschler comenzó el Servicio Divino del domingo 7 de junio de 2026 en Luanda (Angola).
Hace unos 2500 años, el pueblo de Israel vivía en el cautiverio babilónico y se llenó de alegría cuando se le permitió regresar a Jerusalén. Sin embargo, al llegar, se vio invadido por una amarga decepción, pues todo estaba destruido. El profeta Isaías ya había previsto esta situación hacía mucho tiempo y la voz de Dios le había dicho en hebreo: “¡Kumi! ¡Ori!”.
¡Levántate! ¡Resplandece!
“Kumi – ¡Levántate! Ori – ¡Resplandece!”. Al contemplar la Jerusalén destruida, así fue como sucedió. La ciudad y el templo fueron reconstruidos y la luz volvió a resplandecer. “No somos personas perfectas. Todos somos pecadores”, explicó el Apóstol Mayor, y añadió: “Fracasamos y caemos”. Sin embargo: “El problema no es caerse, sino quedarse tirado”.
“Kumi – ¡Levántate!”: Por nuestras propias fuerzas resulta difícil, pero con la fuerza de Dios se consigue. Basta con pensar en Elías: estaba agotado, quería morir, y entonces vino el ángel del Señor: “¡Levántate y come!”. Pensemos en la crucifixión de Jesús. “Su caída fue la mayor caída que se pueda imaginar”. Él habitaba en el cielo y vino a esta tierra. Pensemos en los discípulos, que, llenos de miedo, se escondieron y cerraron las puertas: “Ahora todo ha terminado, ahora hemos fracasado por completo”.
Pero: “Jesucristo es el poder de la resurrección”. Levantar a otras personas y animarlas a levantarse fue el principio de su vida. “Que Él también te levante a ti”.
“Ori – ¡Resplandece!”: “‘Hágase la luz’, dijo Dios al principio de todas las cosas”, recordó el Apóstol Mayor Mutschler. En el paraíso había luz; con el pecado, la oscuridad llegó a la tierra. Pero Jesús venció al pecado y a la muerte, y no solo dijo: “Yo soy la luz del mundo”, sino también les dijo a los suyos: “Vosotros sois la luz del mundo”.
Levantarse y resplandecer en la vida cotidiana
¿Y cómo se traduce esto, de manera práctica, en los distintos aspectos de nuestra vida?
Fe: En la fe, uno tropieza una y otra vez. “Jesucristo nos tiende la mano a todos” y nos exhorta: “Empieza de nuevo, ora de nuevo, vuelve a leer la Biblia, vuelve al Servicio Divino. No solo levántate, sino que también resplandece”. Esto significa: “Lucha por tu Señor Jesucristo. Mantente fiel a su Evangelio y no hagas concesiones”.
Pecado: También en el mundo del pecado uno cae. Jesús nos anima a levantarnos y a luchar contra el pecado: reconoce, arrepiéntete, confiesa, conviértete. “Empieza de nuevo. Recibe el perdón de los pecados”. El llamamiento es: resplandece y perdona a tu prójimo.
Sufrimiento: A veces uno se siente destrozado y permanece sumido en el sufrimiento, porque se queda estancado en la ira, en una actitud de víctima o en una imagen errónea de Dios. Dios te tiende la mano, te consuela y te ayuda a levantarte. El llamamiento aquí es: resplandece y acércate al prójimo: escucha, estate a su lado, acompaña, consuela.
Conflictos: De vez en cuando pueden surgir discusiones y conflictos. “El problema es cuando digo: ‘Nunca te perdonaré. Tengo una imagen de ti y nunca la cambiaré’”. Lo mismo ocurre con mantenerse en silencio y con hablar mal a espaldas de alguien. Cristo nos ayuda a dar el primer paso, a resplandecer y a sembrar paz.
Esperanza y alegría: Puede perderse la alegría y dar paso al cansancio. “¿Nos acostamos a dormir una siesta cuando pensamos en el retorno de nuestro Señor Jesucristo?”. Llevamos esperando tanto tiempo. “Despierta, levántate y ve al encuentro del Señor. No solo debes levantarte, sino que debemos resplandecer”. Que haya esperanza y alegría, Jesucristo vendrá otra vez.
















