Cuando el miedo nubla el pensamiento, las decisiones equivocadas de repente parecen razonables. El Apóstol de Distrito Joseph Opemba Ekhuya (África del Este) explica por qué la confianza es mejor guía que el pánico.
El Apóstol Mayor ha dado a conocer el lema para 2026 bajo el título “No temas, ¡solo cree!”. Hay muchas razones por las que no debemos permitirnos sentir miedo. El miedo desvía nuestra atención de lo que Dios ha dicho sobre aquello a lo que tememos, y puede convertir un futuro lleno de esperanza en una oportunidad perdida. El miedo tiene un poderoso efecto sobre la mente humana. Puede distorsionar nuestro pensamiento, nublar nuestro juicio y llevarnos a tomar decisiones que normalmente no tomaríamos. El Antiguo Testamento ofrece un claro ejemplo de ello en la historia del rey Saúl, en 1 Samuel 13.
En ese momento de la historia de Israel, Saúl gobernaba la nación en un periodo de conflicto con los filisteos. La situación era tensa. Su ejército era pequeño, sus enemigos estaban ganando fuerza y sus soldados comenzaban a perder el coraje y a dispersarse. El profeta Samuel le había ordenado a Saúl que esperara siete días a que él llegara para ofrecer un sacrificio antes de entrar en batalla. Esto era importante porque demostraba dependencia de Dios en lugar de esfuerzo humano.
Pero a medida que pasaban los días y la presión aumentaba, el miedo comenzó a apoderarse de Saúl. Vio cómo se marchaban sus hombres, sintió la urgencia de la situación y supuso que Samuel tal vez no llegaría a tiempo. En lugar de esperar como se le había indicado, Saúl tomó el asunto en sus propias manos y ofreció el sacrificio él mismo, algo para lo que no estaba autorizado. Esta decisión no la tomó solo por rebeldía, sino por miedo. Su juicio se vio afectado. Permitió que la situación que lo rodeaba se impusiera sobre la orden que había recibido de Dios. Irónicamente, justo cuando terminó de ofrecer el sacrificio, llegó Samuel. La impaciencia de Saúl, impulsada por el miedo, tuvo una grave consecuencia: le fue dicho que su reino no perduraría.
Esta historia muestra cómo el miedo puede empujarnos a tomar decisiones precipitadas e imprudentes. Cuando nos centramos más en lo que vemos que sucede a nuestro alrededor que en lo que Dios ha dicho, somos más propensos a actuar por pánico que por fe.
Sin embargo, la lección va más allá del fracaso. Nos recuerda que Dios se complace cuando confiamos en Él lo suficiente como para esperar y obedecer, incluso bajo presión. Elegir la fe en lugar del miedo no siempre es fácil, pero conduce a mejores decisiones y a una relación más sólida con Dios.
El miedo puede nublar nuestro juicio, pero la fe despeja el camino.