“Hermanos míos, prestad atención, no hagáis distinciones”. Así suena hoy el llamamiento de la Biblia. Se trata de amar. ¿Cómo se logra? El Apóstol Mayor nos da una respuesta.
El trasfondo es Santiago 2:8: “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis”. En torno a estas palabras giró el Servicio Divino del 22 de febrero de 2026 en Plauen (Alemania).
Y al final quedó claro: Dios quiere que amemos a nuestro prójimo —y también nos amemos a nosotros mismos— porque Dios nos ama, y lo debemos hacer como Él nos ama.
La tríada del amor
“En la comunidad se era muy amable y gentil con los ricos”, explicó el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider el contexto del pasaje bíblico. “Y a los pobres se los descuidaba un poco”. Santiago contrapone a esto el mandamiento del amor al prójimo, que ya aparece en el Antiguo Testamento.
Jesús lo retomó en su Sermón del Monte y lo profundizó más tarde. Por un lado, con el consejo práctico: “Lo que quieras que te hagan a ti, hazlo a los demás”. Y, por otro lado, con una dimensión completamente nueva: “Amaos unos a otros como yo os amo”.
Cómo nos ama Dios
Dios ha demostrado su amor, subrayó el dirigente de la Iglesia:
- “Dios te ha creado. No eres una casualidad. Él quería que existieras”.
- “Dios cuida de nosotros. Nos da todo lo que necesitamos para vivir”.
- “Dios quiere que estés con Él para siempre. Este anhelo de comunión contigo es tan fuerte que envió a su Hijo a la tierra y lo sacrificó por ti”.
- “Dios ha trazado un camino que te permite alcanzar esta comunión. No importa dónde te encuentres hoy, no importa cómo te sientas hoy, no importa cuál haya sido tu pasado, no importa cuál sea tu presente, hay un camino para ti”.
- “Dios respeta tu libertad. Nunca te obligará a nada”.
Cómo amarse a uno mismo
“Amar al prójimo como Dios nos ama”. Y “amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos”. Esto también significa: “Ámate a ti mismo como Dios te ama”, explicó el Apóstol Mayor:
- “No midas tu valor por tu éxito o tu fracaso, y mucho menos por la opinión de los demás. Mide tu valor por el amor de Dios hacia ti”.
- “Trata con sensatez y cuidado tu cuerpo y tu espíritu. Utiliza tus fortalezas y dones, no corras riesgos innecesarios”.
- “Desea lo mejor para ti. Lo mejor es la comunión eterna con Dios. Esa es la coronación del amor propio. Date lo mejor. Es decir, paga lo que hay que pagar. Sacrifica al viejo Adán”.
- “Sigue el camino seguro. Toma el camino del seguimiento a Jesucristo. Acepta la ayuda y la gracia que Dios te da”.
- “Y conserva tu libertad. Tú quieres la vida eterna. Que nadie te lo impida. Que digan, hagan, publiquen y se comporten como quieran. Yo soy libre”.
Cómo amar a los demás
¿Y qué significa “ama a tu prójimo” en este sentido? La respuesta:
- “Veamos a nuestro prójimo, sea este como sea, tal como lo ve Cristo: una criatura de Dios, un alma a la que Dios ama y quiere salvar”.
- “Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. El amor al prójimo nos obliga a reflexionar. Mi decisión no solo tiene consecuencias para mí, sino también para el prójimo, de manera muy práctica y concreta en la vida cotidiana normal”.
- “Deseamos al otro la salvación que nosotros tenemos. Sí, claro, él no se la merece, ella no se la merece, pero yo tampoco”.
- “Ayudemos a estas almas a reconocer a Dios, a encontrarlo y a experimentar su amor. No necesito predicarlo con palabras grandiosas: lo logramos a través de nuestro comportamiento en la vida cotidiana”.
- “Y también ahí conservaremos nuestra libertad. Da igual si nos va bien o mal: contribuyamos a la salvación del prójimo”.






















