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Jesucristo, vivo y cercano

julio 8, 2026

Autor: Sophie Berg

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Encontrarse con Cristo: al igual que a los discípulos de entonces, su presencia nos brinda también hoy paz, alegría y esperanza. Quien acepta la invitación, experimenta su cercanía.

“En los últimos días he orado y reflexionado, ¿qué versículo bíblico podría servir de base para este Servicio Divino?”, así introdujo el entonces Ayudante Apóstol Mayor Helge Mutschler su prédica del domingo 19 de abril en Nieuwegein (Países Bajos). “Entonces me llamó la atención este pasaje bíblico: Lucas 24:39”, que dice: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved”.

Sobre este pasaje, que tiene lugar la noche de Pascua, hay también un paralelo en el Evangelio de Juan. Los discípulos se habían reunido, completamente agotados, tristes por la muerte de Jesús, y se escondían. Estaban desesperados y llenos de miedo, temiendo ser perseguidos y matados también ellos. Pero, de repente, Jesús se presentó en medio de ellos.

Jesús, el Pacificador

“Pronuncia una sola palabra: ‘Shalom, paz a vosotros’”. Cualquiera puede comprender los sentimientos de los discípulos a partir de sus propias circunstancias vitales: agotamiento, miedo, tristeza, desesperanza. Pero cuando dos o tres se congregan, el Señor Jesús “aparece de repente en medio de nosotros y está presente”. No reprocha nada, no exige nada, sino que viene con paz y tranquilidad. En eso se reconoce a Jesucristo: con Él no hay agitación ni inquietud, sino calma y paz.

Jesús, el Viviente

Los discípulos se espantaron muchísimo, tenían miedo y pensaban que el que estaba allí en medio de ellos era un espíritu. “Dice una segunda palabra: ‘Mirad mis manos y mis pies’”. Estas manos habían bendecido a los niños y sanado a los leprosos. Estos pies “han caminado contigo, con todas tus preocupaciones, con todas tus preguntas”. Te han acompañado en el peor de los dolores, “han llevado tu cruz” y “caminarán contigo cuando mueras”.

Las cicatrices en las manos y los pies son testimonio del amor de Jesús y de su sufrimiento. Él sabe lo que significa sufrir, estar de luto, sentir dolor. No es un fantasma, sino que está “realmente contigo. Cristo está presente, con sus heridas. Y Cristo está realmente presente con su paz”.

Jesús, el Verdadero

“Jesucristo dice a los discípulos: ‘Yo mismo soy’”. La resurrección de Jesús no es un símbolo, sino un acontecimiento real en la historia de la humanidad. Él vive de verdad y está presente. Él es la vida, la resurrección y la verdad.

Algunas corrientes teológicas no están convencidas de la resurrección de Jesucristo. Consideran que es imposible desde el punto de vista científico y que se trata de una resurrección en el espíritu. “Nosotros, la Iglesia Nueva Apostólica, pensamos de otra manera en este punto. Creemos y enseñamos que la resurrección del Señor Jesucristo aconteció realmente”.

Jesús, al alcance de la mano

“Jesús dice a los discípulos: ‘Palpad, y ved’”. Aquí pronuncia una de las invitaciones más hermosas de todo el Nuevo Testamento: “Soy alguien a quien puedes tocar. Soy alguien con quien puedes tener un vínculo. Soy personal, estoy cerca. Tócame, abrázame”.

Y “¿cómo vivo con Jesús?”. Lo importante en la fe es que no consista solo en recuerdos, como en el caso de un difunto, sino que la fe esté viva, que “toque a Jesús, lo abrace y le cuente todo”.

“Os amo tanto”

Los discípulos estaban tan abrumados por la alegría que no podían asimilarla. El verdadero encuentro con Cristo llena a las personas de alegría, paz y nueva esperanza. “Así pues, cuando nos falte por completo la alegría, podemos invitar al Señor y decirle una y otra vez: ‘¡Ven en medio de nosotros!’”.

Llegará el día de la Primera Resurrección. Entonces seremos revestidos de un cuerpo nuevo. Jesús llevará a los suyos con Él, les concederá la paz definitiva, los mirará y les dirá: “Os amo tanto”.

julio 8, 2026

Autor: Sophie Berg

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