Color del sitio web:

apostles.today faith.today

La justicia como regalo 

marzo 16, 2026

Autor: Sophie Berg

Imprimir
Escúchalo

Se predice la llegada de un Rey que impartirá justicia. Las expectativas son altas, pero Él trae algo diferente: la justicia como regalo, la salvación por gracia, la esperanza en el reino de Dios. 

El anuncio del Mesías fue el tema del Servicio Divino del domingo 21 de diciembre de 2025 en Bensheim (Alemania). El Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider se basó en la profecía de Jeremías 23:5-6: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días, será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra”. 

La justicia de Jesús es otra 

Al pueblo de Israel se le dijo: “Será un Rey que hará juicio y justicia en la tierra”. Los creyentes de entonces estaban llenos de expectación por este Rey: uno que “intervenga en el gobierno”, uno que “haga justicia en la vida cotidiana”, uno que “castigue a los pecadores y establezca los límites de quién es bueno y quién no lo es”. 

“Y entonces llegó Jesús y se sintieron decepcionados”, explicó el dirigente de la Iglesia, y continuó: “No hizo en absoluto lo que esperaban de Él”. Jesús no vino para castigar. La mala hierba debía permanecer tal como estaba. Jesús “quería algo diferente y quería demostrar con ello: mi justicia es otra”. 

El camino al reino de Dios 

Como cristianos, lo sabemos. Sin embargo, nos cuesta aceptar cuando Dios no interviene: hay tanta injusticia en el mundo, en la vida familiar, en la comunidad, en el trabajo. Jesús tiene otra visión, otra misión. “Quiero hacer justicia, quiero que seáis salvos. Pero solo lo haré en mi reino”. Jesús quiere llevarnos allí, al reino de Dios. 

Allí hay paz y justicia. Allí todo es como Dios quiere. Allí hay ayuda y salvación. Dios concede la vida eterna. Pero solo entrarán en el reino de Dios los que sean justos y “cumplan totalmente la voluntad de Dios”. Jesús es el Justo, el Perfecto, tal como Dios lo quería. “Por eso, el hombre Jesucristo pudo entrar en el reino de Dios”. “Pero nosotros no lo logramos”. 

Lo que Dios exige, Cristo lo concede 

Pero Jesús “te concede la justicia que Dios pide”. Con su sacrificio y su muerte, la ha conseguido y ha abierto el acceso a Dios. Perdona los pecados, purifica, concede la Iglesia, los Apóstoles y los Sacramentos, ofrece ayuda y salvación con su constante paciencia y amor, da la palabra y la fuerza para ser justos y seguirlo. 

A menudo pensamos “en todo lo que hacemos, en todo lo que realizamos por el amado Dios”. Pero todos, el Apóstol Mayor, los hermanos y las hermanas “solo hacen lo que le deben al amado Dios por la salvación que les concede”. No es mérito propio, “lo hacen por gratitud”. 

Dios exige cosas diferentes de cada uno. “La justicia de Dios no consiste en que todos tengan que hacer lo mismo”, sino “en que Él da a cada uno la fuerza para llevar la carga que le ha impuesto”. 

Fe: confianza a pesar de todo 

Para que Jesús pueda ayudar y salvar, hay que creer. “Creer significa, sencillamente, tener una confianza absoluta”. 

  • Palabra: Confiar en su palabra, aceptarla y asimilarla. “Esa es la solución para ahora, aquí, para mí, hoy, en mi situación”. 
  • Amor: Confiar en su amor, aunque no se comprenda a Dios. “Él me ama y yo le sigo siendo fiel, pase lo que pase”. 
  • Promesa: Confiar en su promesa, aunque no parezca que se vaya a cumplir. “Confío en Él. Él vendrá pronto”. 

Seguro con Dios 

Dios da lo necesario para ser justo. Jesús fue justo y su vida no fue fácil. “Dios solo se encargó de que Jesús pudiera seguir su camino, cumplir su misión y entrar en su reino”. 

Quien acepta al Salvador con fe, puede estar seguro: “Dios está conmigo”. Nadie puede arrebatar a un creyente de la mano de Dios. La propia salvación no depende del obrar de otros, de las circunstancias y condiciones de la vida, sino del obrar salvífico de Dios y de la propia voluntad. 

“Quien tenga este deseo, este anhelo, esta aspiración en su corazón: quiero ser como Jesucristo, quiero entrar en su justicia”, apeló el Apóstol Mayor. Y “puede estar seguro: Dios me ayudará. Dios me salvará. Esa es nuestra seguridad”. 

marzo 16, 2026

Autor: Sophie Berg

Imprimir