Cuando Israel se presenta lleno de temor ante el tribunal de Dios, ocurre algo maravilloso: Dios no condena a su pueblo. Le infunde valor mediante su ayuda, su fuerza y su cercanía.
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo (te fortalezco); siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. El entonces Ayudante Apóstol Mayor Helge Mutschler, basó en este versículo bíblico de Isaías 41:10 la prédica del miércoles 20 de mayo de 2026 en Erica West (Sudáfrica).
La palabra se refiere a una situación particular del profeta Isaías en un tiempo de gran incertidumbre. El rey asirio había conquistado un país tras otro: “Por todas partes había refugiados y gente pobre”. El futuro parecía muy incierto. Entonces, en una profecía, Dios le mostró a Isaías una sala del tribunal en la que había convocado a todos los pueblos del mundo. “Y entonces Dios habló desde su trono: ‘Ahora os juzgaré’”. Temblando, lleno de temor, el pequeño Israel se presentó ante Él.
Una palabra que sustenta
“Entonces ocurrió el gran milagro. Dios no condenó a su pueblo”. Intercedió públicamente por su pueblo y pronunció la palabra bíblica de Isaías 41:10. Ese es el Evangelio en el Antiguo Testamento, ese es el Dios amoroso y solícito. “Su luz ya se podía reconocer en el Antiguo Testamento. Ese es Jesucristo”, subrayó el Ayudante Apóstol Mayor. Él no juzga ni condena, sino que brinda apoyo y da consuelo: “No temas”.
Con la caída en el pecado, el miedo entró en el mundo y se extendió por todas partes: en los países, en la sociedad, en la comunidad, en los corazones. “De vez en cuando no sabemos qué hacer ni cómo afrontar este miedo”. Dios, el Todopoderoso, conoce a cada uno en sus circunstancias vitales y en su miedo. “Él dice: ‘No temas, y os daré cinco razones contra el miedo’”.
Seguridad en tiempos de incertidumbre
Las cinco razones contra el miedo son:
- Yo estoy con vosotros: “Cada día estamos rodeados del amor de nuestro Padre celestial”, subrayó Helge Mutschler refiriéndose a Salmos 139. Cada mañana, de nuevo, Dios nos quiere acompañar a cada uno de nosotros a través de los problemas.
- Yo soy vuestro Dios: Dios es un Dios verdadero —no un ídolo— que puede hacer todo y lo ha creado todo; para Él, todo es posible. No es un Dios lejano, sino un Dios personal. “Deseo que podáis confiar en este Dios”.
- Yo os fortaleceré: Dios nos da fuerzas en momentos de debilidad y agotamiento. “Os deseo que vuestro Dios personal os fortalezca, para que podáis volar con alas como las águilas”, explicó el Ayudante Apóstol Mayor Mutschler, basándose en Isaías 40:31. Para alcanzar una nueva soberanía y poder sobrepasar muros.
- Yo os ayudaré: En la lucha contra el mal, el pecado y la tentación, Dios quiere estar al lado del ser humano. En esta lucha, a menudo uno se siente desamparado, pero la ayuda viene de la cruz. Jesús va al lugar “donde está nuestro pecado, nuestro dolor, donde incluso está nuestra muerte, para ayudarnos a vencer el pecado”.
- Yo os sustento con la diestra de mi justicia: Dios quiere honrar a cada uno, pues para Él todos son valiosos. Por eso os ofrece su mano derecha, justa y fuerte —el lugar de honor— para brindar apoyo y seguridad, así como para proteger de la caída. Que llegue el día en que Jesucristo venga otra vez y “nos tienda su mano derecha a nosotros, como su novia, diciéndonos a todos: ‘Ahora entremos en mi reino. Mi novia, te amo tanto’”.









