¿Nos protegen los ángeles de cualquier infortunio? La Biblia ofrece una visión distinta: los mensajeros de Dios están al lado del ser humano, pero no actúan en su lugar.
A menudo se asocia a los ángeles con la protección. La imagen del ángel de la guarda no es una reliquia popular de tiempos pasados. La liturgia publicada en el año 2025 menciona expresamente la petición por la protección angelical como posible parte de la oración inicial del Servicio Divino. El Catecismo subraya: los ángeles acompañan al ser humano como señal de que el propio Dios quiere protegerlo.
Confianza en lugar de seguridad mágica
Un versículo bíblico muy citado dice: “Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos de Dios te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra” (Salmos 91:11-12). Esto suena a seguridad ilimitada. Sin embargo, los ángeles no son escudos protectores que repelen cualquier peligro. Su protección no sustituye la responsabilidad del ser humano sobre su propia vida. El Apóstol Mayor en descanso Jean-Luc Schneider dijo al respecto en 2016: “Cuando pedimos la protección de los ángeles, no se trata de una fórmula mágica que nos proteja automáticamente de todo. Es más bien una expresión de confianza en que nuestra vida está totalmente en manos de Dios”.
Acompañados, no llevados
Al igual que el propio Dios, los ángeles también respetan el libre albedrío del ser humano. Acompañan, animan, dan instrucciones, pero no obligan a nadie. Cuando Elías está al límite de sus fuerzas, un ángel le trae pan y agua. Pero no lo lleva hasta su destino, sino que lo exhorta: “Levántate y come, porque largo camino te resta” (1 Reyes 19:7). También Pedro, en la cárcel, debe actuar por sí mismo. El ángel no se limita a romper las cadenas, sino que le ordena: “Levántate pronto” (Hechos 12:7). Solo cuando Pedro obedece, se le caen las cadenas.
Aquellos que (todavía) no pueden valerse por sí mismos, como los niños, están bajo la protección especial de Dios. Jesús dijo: “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:10).
Los ángeles actúan allí donde terminan nuestras posibilidades, pero no nos quitan lo que podemos hacer nosotros mismos. Su protección suele ser invisible, aunque a veces es visible o a través de personas que actúan por encargo de Dios. Pero siempre es una expresión del amor divino.
Foto: Volodymyr – stock.adobe.com