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Quien sabe escuchar, también tiene algo que decir

noviembre 3, 2026

Autor: Tim Rosar

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Abiertos a los demás y firmes en la propia fe: ¿cómo se concilian ambas actitudes? ¿Y qué papel desempeña en ello el retorno de Cristo? Quinta parte de la entrevista con el Apóstol Mayor Helge Mutschler.

¿Qué importancia tiene para usted el diálogo ecuménico?

El intercambio es importante para mí. Y lo es por una razón teológica, no estratégica. Confesamos una Iglesia. ¡Una sola! Porque confesamos a un solo Dios. Y esta única Iglesia es más grande que la Iglesia Nueva Apostólica. Donde las personas debidamente bautizadas confiesan a Jesucristo como su Señor, donde lo siguen, donde aman a su prójimo, allí está la Iglesia de Cristo. Así lo dice expresamente nuestro Catecismo. Y ese mismo Catecismo dice lo siguiente: la Iglesia de Cristo se manifiesta con mayor claridad allí donde obra el ministerio de Apóstol, donde se dispensan los Sacramentos, donde se predica correctamente la palabra. Ambas cosas están allí. Y ambas deben permanecer.

Sé que esto es percibido de maneras diferentes. Para algunos, el diálogo es algo natural. Otros son más cautelosos y preguntan: ¿No perdemos con ello lo que nos ha sido confiado? Me tomo en serio ambas preocupaciones. Y creo que no es una cuestión de “o una cosa o la otra”. Nuestro Catecismo tiene una buena fórmula para esto. Dice: de manera abierta, respetando nuestra propia identidad. Para mí, eso significa: no entro en un diálogo para adaptarme. Entro porque tengo algo que escuchar. Y porque tengo algo que decir. Quien ya no se conoce a sí mismo, al final no aporta nada.

¿Qué temas le gustaría abordar ante todo?

Me importa que en el ecumenismo también se escuche la voz apostólica. No en voz alta, no de manera didáctica, pero sí audible. Tenemos algo que aportar y debemos hacerlo. Sobre todo, una cosa: el retorno de Cristo. Ese es el núcleo de nuestra esperanza y hablamos de ello en cada Servicio Divino. Tengo la impresión de que ya no se habla tanto de este tema en muchas Iglesias. Sin embargo, ocupa un lugar central en el Nuevo Testamento y figura en cada Confesión de fe cristiana. De eso quiero hablar. No para dar lecciones a nadie, sino porque creo que esta esperanza nos hace bien a todos, incluso a quienes en este momento no lo expresan tan abiertamente.

Como Ayudante Apóstol de Distrito también estuvo a cargo de Rusia y Asia Central. ¿Qué se llevó de esa época?

Sobre todo, una experiencia: ahora sé lo que significa ser parte de una minoría como cristiano o, en términos más generales, como persona creyente. Porque es un punto que se pasa por alto fácilmente: en muchos lugares, el grupo más numeroso no son los creyentes de otras confesiones o religiones. Son aquellos que no creen en absoluto. Quien vive en un entorno así no puede dar por sobreentendida su fe. Debe explicarla. Una y otra vez. La mayoría de las veces, sin que nadie se lo haya preguntado. Eso es agotador. Pero he observado que esto no debilita la fe. La hace más clara. Quien tiene que explicarse constantemente, al cabo de un tiempo sabe muy bien en qué cree y por qué. Cuando la fe se da por sentado, a veces eso se pierde. Esto es lo que me llevo.

En Europa, la tendencia va en una dirección similar…

Sí, también en Alemania somos desde hace tiempo una minoría. No solo nosotros como Iglesia Nueva Apostólica, sino los cristianos activos en general. Lo que para nuestros hermanos y hermanas del Este era parte de la vida cotidiana, aquí se está convirtiendo en realidad. Y aquí es donde, para mí, está el punto de contacto. No principalmente entre nuestras enseñanzas, sino en la situación en la que nos encontramos juntos. La pregunta es: ¿cómo mantenemos viva la fe en un entorno que ya no se pregunta por ella?


Foto: Marcel Felde

noviembre 3, 2026

Autor: Tim Rosar

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