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Una fe que se hace oír

agosto 14, 2026

Autor: Andreas Rother

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Góspel en la Plaza del Castillo, el órgano resonando por toda la ciudad, música clásica en la nave de la iglesia: los cristianos de la Iglesia Nueva Apostólica invitan a la gente o salen a la calle. Tres ejemplos de cómo la música supera las fronteras.

De lleno en el festival

380 coreutas, una plaza céntrica y un público numeroso: a principios de mayo, el coro de juventud de Alemania del Sur ofreció su primera gran presentación desde su fundación como entidad permanente. Y esta los llevó directamente al corazón del Festival Europeo de Góspel de Stuttgart.

Más de 5000 participantes de más de 200 coros y 23 países se habían desplazado hasta allí. Durante tres días, la capital de Baden-Wurtemberg se convirtió en la ciudad del góspel. En medio de todo ello actuó el coro de juventud nuevoapostólico.

Tras el ensayo general en la iglesia de Stuttgart-Sur, se dirigieron a pie al centro de la ciudad. En las escaleras del Museo de Arte, justo en la Plaza del Castillo, resonaron “I live in Christ, he lives in me”, “Coming back to my lord”, “Trust and obey” y el “Aleluya” de Händel.

Los tubos del órgano marcan el ritmo

Unos meses más tarde, unos cientos de kilómetros más al norte: en Herford, la música no lleva a una plaza central, sino de iglesia en iglesia. El programa del “Verano de órgano en Herford”, que se celebra entre julio y septiembre, incluye doce conciertos en diferentes templos. Además, hay paseos por la ciudad, un concierto nocturno y música especialmente pensada para los niños.

La Iglesia Nueva Apostólica también figura entre los anfitriones. El 16 de agosto se interpretará allí “En ti hay alegría” con el organista Benjamín Gruchow. Y el 22 de septiembre “El pequeño pájaro feo” con Tabea Fuhr al órgano y la narradora Annina Ligniez estará dirigido especialmente a los niños.

De este modo, la comunidad nuevoapostólica se integra en el panorama eclesiástico de Herford. Diferentes confesiones, diferentes espacios, diferentes instrumentos… y, sin embargo, un objetivo común: escuchar música, vivirla y alabar a Dios.

La iglesia se convierte en sala de conciertos

Ya en mayo, en Bochum, quedó patente que un encuentro a través de la música puede funcionar de una forma totalmente diferente. Allí, la propia Orquesta Sinfónica de Bochum había solicitado si la Iglesia Nueva Apostólica de Bochum-Centro podía ser sede de su formato “BoSy vor Ort”. La respuesta fue positiva y acudieron unos 250 asistentes.

Ravel, Elgar, Stravinski, Koussevitzky, Brahms y Rachmaninov: solistas y pequeños ensambles presentaron un programa que abarcó desde la música clásica hasta la contemporánea. El canto de Brahms “¡Oh, muerte, cuán amarga eres!” generó un momento de especial recogimiento. Un contrabajista se la dedicó a un colega y amigo fallecido poco antes.

El dirigente de la comunidad, Jörg Escher, resumió en su alocución de bienvenida lo que la velada pretendía demostrar: que la música puede tender puentes, precisamente allí donde la convivencia se vuelve difícil. Después del concierto, el encuentro continuó con aperitivos y bebidas. Los donativos de la velada se destinaron al servicio de asistencia espiritual de emergencia de Bochum.

agosto 14, 2026

Autor: Andreas Rother

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