“Una Iglesia en la que todos se sientan amados”
Abierta a las personas, firmemente arraigada en el Evangelio: con sus últimas palabras espirituales dirigidas a la asamblea de Apóstoles de Distrito, el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider volvió a marcar claramente el rumbo.
En primer lugar, se centró en el encargo de los Apóstoles: llamar a las personas a Cristo y prepararlas para su retorno. El crecimiento no se mide en cifras, sino en la madurez en la fe.
Sin embargo, el Espíritu Santo no solo obra donde están activos los Apóstoles, expresó. También otras Iglesias llevan a las personas a Cristo. Es bueno que los cristianos colaboren en sus esfuerzos, argumentó a favor de las actividades ecuménicas.
Mejor desventajas que falsos compromisos
Al mismo tiempo, el Apóstol Mayor saliente trazó límites claros: la tarea del apostolado es “anunciar el Evangelio con veracidad”, dijo advirtiendo contra los falsos profetas. Entre ellos se incluyen todos aquellos que
- quieren ejercer poder en nombre de Jesús,
- justifican la violencia y la guerra con argumentos religiosos,
- dan más importancia a la riqueza que a la salvación,
- marginan y condenan a las personas, así como
- hacen negocios con la fe.
El Apóstol Mayor se refirió expresamente al décimo artículo de la fe, que acepta la autoridad estatal siempre que no entre en contradicción con los mandamientos divinos: “En los últimos años he observado en varias ocasiones que había en acción fuerzas que querían imponer a nuestra Iglesia opiniones contrarias al Evangelio”.
A este respecto, exhortó a “oponerse decididamente a estos intentos”. Porque: “Al igual que Pedro y los primeros Apóstoles, creemos que es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres, incluso si esta actitud resultara perjudicial para el funcionamiento de la Iglesia como institución”.
Más amor y menos reglas
“Cristo desea una Iglesia abierta a todos, en la que cada uno se sienta aceptado, respetado y amado”, dejó claro el Apóstol Mayor Schneider. “¡Lo que sin duda es nefasto para la Iglesia son las reglas que sirven principalmente para consolidar la autoridad de los responsables!”.
Su pregunta a los Apóstoles de Distrito: “¿Están realmente bien fundadas y son útiles todas las reglas que hemos establecido, las costumbres a las que nos aferramos tanto?”. Su respuesta: “Por mi parte, estoy convencido de que podríamos mostrar un poco más de flexibilidad aquí y allá sin poner en peligro a la Iglesia”.
No presionar, sino invitar
La tarea de la Iglesia es simplemente dar testimonio, no convertir a las personas. La decisión por Cristo sigue siendo cosa de cada uno —y del obrar de Dios. Por eso, lo decisivo no es el volumen de la comunicación de la Iglesia, sino la credibilidad de sus mensajeros: el amor, la abnegación y la firmeza hacen que el Evangelio sea audible.
Al final de su alocución, el dirigente de la Iglesia volvió a centrar la atención en la relación con otras Iglesias. La Iglesia Nueva Apostólica no compite por el número de miembros y sus miembros no se consideran mejores cristianos.
“Simplemente creemos que Dios nos ha llamado a formar parte de la comunidad nupcial para cumplir una tarea especial en el reino de paz”, subrayó el Apóstol Mayor Schneider, que es la de conducir a Cristo a todas las personas de todos los tiempos y lugares. “Nos preparamos juntos para esta tarea”.
Foto: NAKI