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Una vida cercana a las personas 

marzo 28, 2026

Autor: Sophie Berg

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Él escucha. Vive lo que cree. Y habla el lenguaje del amor. Después de 40 años en el ministerio, el Apóstol de Distrito Minio (Sud América) pasará a descanso el domingo. 

“Siempre listo”. Esta actitud la aprendió el Apóstol de Distrito Enrique Eduardo Minio a los ocho años en los Scouts: estar dispuesto a ayudar, comprometerse con los demás, realizar buenas obras. Un deseo que lo ha acompañado desde entonces. Lo que aún no sabía era hasta qué punto podría vivir realmente ese deseo. 

De la búsqueda al hallazgo 

En agosto de 1960, Enrique, el hijo menor de la familia Minio, vino al mundo en Argentina. Él y sus dos hermanas crecieron en un hogar cristiano. “Tuve una infancia muy feliz”. 

Ya conocía la Iglesia Nueva Apostólica a través de dos compañeros de juego. Pero no encontró el camino a los Servicios Divinos hasta los 23 años. El motivo: él y su futura esposa, Esther, buscaban la bendición de Dios para su matrimonio. 

Un hombre como Enrique Minio analiza a fondo las cosas antes de formarse una opinión y tomar una decisión. “Todo lo analiza desde varias perspectivas, estudia cada situación y todas las posibles variables”, relata su sucesor, Herman Ernst (Sud América). En lo que respecta a la Iglesia, todo fue bastante rápido: en 1983 se adoptó, en 1984 recibió la bendición matrimonial y el Sellamiento, y en 1985 su primer ministerio como Subdiácono. 

Cristo en el centro 

Este Ingeniero Electricista, que realizó una Maestría en Dirección y Administración de Negocios y también ejerció la docencia, acabó convirtiéndose en “arquitecto de la Obra de Dios”. Así expresó el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider al instituir a Minio como Apóstol de Distrito en 2015 para Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay. 

Minio formuló así sus expectativas respecto a la nueva tarea: “Medir cada decisión a la luz de la enseñanza de Jesucristo y de la promesa de su retorno, preservar la unidad de los portadores de ministerio y de las almas confiadas, y hablar siempre el lenguaje del amor”. 

“Me consta que ha intentado aprender idiomas por muchos años”, cuenta el Obispo Berardo, un compañero de camino desde hace mucho tiempo. “Su intento es acercarse, comprender, aprender y luego trasladar estas experiencias a los hermanos”. Y así, como nuevo Apóstol de Distrito, también aprendió el idioma internacional de la Iglesia: el inglés. 

Estar allí para los demás 

Acercarse a los demás es algo que Minio hace a su manera inconfundible: con serenidad, empatía, consideración, dedicación, lleno de amor, amable y, al mismo tiempo, siempre con la mirada puesta en las diferencias y la diversidad de los países que le han sido confiados. La autenticidad y la cercanía lo caracterizan. Se interesa por cada persona, se toma su tiempo y consigue establecer rápidamente vínculos profundos. 

Y Herman Ernst agrega: “Habla poco y escucha mucho, por lo que muchas veces quien está frente a él no sabe lo que piensa; pero lo que está sin duda haciendo es colocarse en el lugar del otro, aceptándolo tal como es y preguntándose cómo poder ayudar”. 

Con la tarea de Apóstol de Distrito, el deseo de Minio de ayudar y servir da un giro: “Lo que describe nuestra misión de la Iglesia– ‘ofrecer asistencia espiritual y cultivar una estrecha comunión en la cual cada uno experimente el amor de Dios y la alegría de servir a Él y a los demás’– se convirtió en una necesidad diaria que transformó el sentido de mi vida”. 

Establecer estructuras, fortalecer la fe 

El área de Apóstol de Distrito Sud América experimentó algunos cambios. Así, Enrique Minio hizo frente a la incorporación de los países de Brasil y Bolivia. Además, estableció los parámetros estructurales en lo referente a gestión y administración. 

La asistencia espiritual lo preocupa especialmente. Por ello, visitó las 700 comunidades de su área de competencia. Además, puso especial énfasis en la capacitación, la participación y la inclusión de los portadores de ministerio, los maestros y los hermanos y hermanas. 

El Apóstol de Distrito Minio es descrito por sus compañeros como una persona absolutamente confiable, clara y precisa, así como de gran integridad: “Como portador de ministerio y como persona es siempre el mismo”. Extremadamente inteligente, extraordinariamente paciente, comprometido, honesto, con talento para la organización, puntual, solidario, decidido. “Siempre nos invita a descubrir el ‘don’ del otro, sin prejuicios”. 

marzo 28, 2026

Autor: Sophie Berg

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