Homilética (12): Conectar los distintos puntos
El objetivo y el mensaje central de la prédica están claros, se han tenido en cuenta el texto bíblico y las necesidades de la comunidad. Ahora es el momento de dar forma a la prédica.
El nombre lo dice todo. Los Pensamientos Guía para el Servicio Divino sirven para preparar la prédica. En el momento de la ordenación, los portadores de ministerio reciben del ministerio de Apóstol la “autoridad, bendición y santificación” para su servicio. Estos dones despliegan ahora todo su efecto, ya que lo escrito debe ser asimilado y transformado en una prédica inspirada por el Espíritu Santo que responda a las necesidades concretas de la comunidad.
Los puntos centrales de la prédica
Los puntos centrales son fundamentales para toda prédica. En ellos se profundiza y se desarrolla concretamente el mensaje real de la prédica. Aquí se seleccionan aquellos puntos del artículo de los Pensamientos Guía que son necesarios o que responden directamente a las necesidades de la comunidad. (No es necesario tratar en detalle cada párrafo o cada punto de la lista). Lo decisivo es más bien dar espacio al Espíritu Santo para que pueda despertar pensamientos. Esto incluye la oración, la lectura del Catecismo y un examen detallado del texto bíblico.
También es útil tener en cuenta que los hermanos no quieren escuchar prédicas complicadas con muchos puntos individuales. Lo que la comunidad necesita son prédicas sencillas que transmitan verdades profundas. Por lo tanto, el predicador debe limitar sus puntos centrales al mínimo. La pregunta decisiva es: ¿se complementan los distintos puntos entre sí y conducen claramente al objetivo de la prédica?
Lo viejo frente a lo nuevo
Mateo, que era escriba, dijo: “Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas” (Mateo 13:52). Esta palabra también se aplica a los servidores de la palabra.
Nuestras prédicas están arraigadas en nuestra teología. Por eso, el lenguaje tradicional y los términos teológicos tienen su lugar: generan continuidad, orientan y fortalecen la identidad de la comunidad. Al fin y al cabo, es la doctrina de los Apóstoles la que debe predicarse.
Al mismo tiempo, puede y debe haber cosas nuevas en el anuncio. “Nuevo” significa nuevas perspectivas y conocimientos o la explicación de contenidos conocidos de una manera nueva y estimulante. De este modo, el Evangelio se anuncia de manera actual y se aplica a las circunstancias concretas de la comunidad de hoy.
Esto también implica que nos ocupemos regularmente de nuestra literatura de la Iglesia y nos mantengamos al día: ¿Qué pensamientos ha expresado últimamente el Apóstol Mayor sobre el anuncio y la prédica? ¿Qué desarrollos hubo en la doctrina? Al mismo tiempo, hay que procurar evitar términos obsoletos, clichés y formulaciones que se repiten constantemente.
La introducción
Una vez determinados los puntos centrales de la prédica, se procede a elaborar la introducción. Aquí surge la pregunta: ¿hay alguna forma interesante o atractiva de comenzar la prédica? ¿Hay algún gancho que despierte el interés de la comunidad? Se podría empezar con una pregunta y desarrollar la respuesta a lo largo de la prédica. ¿Cómo se relaciona esta prédica con la anterior? ¿Qué series temáticas se tratan en los Pensamientos Guía del mes en curso?
La introducción también es un buen momento para explicar brevemente el texto bíblico y mostrar cómo transmite y aclara el mensaje central. A menudo, el versículo bíblico solo se lee una vez y luego no se vuelve a mencionar. Sin embargo, constituye la base de toda la prédica y debe retomarse conscientemente una y otra vez durante la interpretación de la palabra.
También es recomendable nombrar el mensaje central de la prédica desde el principio. Y dejemos claro a la comunidad desde el principio de qué se trata. Son útiles las indicaciones o una breve “descripción del objetivo”. Es bueno invitar a la comunidad a este viaje espiritual: así, los hermanos y hermanas obtienen un “mapa” interior y pueden seguir la prédica.
Dejarse guiar por el Espíritu Santo
Como ya se ha mencionado al principio, el Espíritu Santo está activo antes y durante la preparación de la prédica, y por supuesto también durante el Servicio Divino. Por lo tanto, una prédica inspirada por el Espíritu Santo no se trata de una mera forma “mecánica” de predicar o de un discurso pulido, sino de proclamar la voluntad salvífica universal de Dios en Cristo. ¡Es poderosa y da vida!
Una prédica inspirada por el Espíritu tiene sus raíces tanto en el envío y el obrar del ministerio de Apóstol como en la convicción personal y la fe del predicador. Se basa en la autenticidad y la devoción, y se ajusta al encargo y la doctrina de la Iglesia. ¡Y su objetivo principal es preparar a la comunidad nupcial para el retorno del Señor!
Foto: Natalia – stock.adobe.com
Sobre el autor

El Dr. Markus Cromhout (nacido en 1972) es teólogo de la Iglesia Nueva Apostólica África del Sur y está activo como Evangelista en su comunidad. Estudió en la Facultad de Teología de la Universidad de Pretoria y es doctor en Nuevo Testamento. Además de obras académicas, también escribe libros de divulgación científica. Organiza seminarios sobre el tema de la “homilética” y aporta semanalmente contribuciones de fondo.