Todos fueron creados iguales

La Iglesia Nueva Apostólica profesa la igualdad de los sexos. Una carta doctrinaria publicada en la nueva community resume las conclusiones de la asamblea de Apóstoles de Distrito sobre el informe de la creación. Aquí un resumen del resumen.

El Catecismo solo aborda brevemente el tema “El hombre y la mujer como imagen de Dios”. Por ello, la asamblea de Apóstoles de Distrito intentó responder con la Biblia de qué se trata la semejanza del hombre y la mujer. Los dos relatos de la creación (Génesis 1:1 al 2:4a y Génesis 2:4b al 3:24) constituyen el fundamento teológico más importante para referirse al ser humano como criatura.

El primer relato de la creación

El primer relato de la creación mira el mundo en su conjunto y divide su surgimiento en seis épocas. ¿Qué significa esto para el ser humano y para la igualdad del hombre y la mujer?

  • El ser humano es la imagen de Dios: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26). Dios se dirige a sí mismo en su Trinidad y se pone en relación directa con el hombre, pues debe ser una “imagen, conforme a nuestra semejanza”. Esto coloca al hombre en una relación igualmente irrevocable con Dios.
  • Representa a Dios en su creación: “Señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Génesis 1:26). El ser humano representa a Dios en su creación y, como imagen de Dios, deja que en el mundo y ante las criaturas se evidencie su naturaleza.
  • El hombre y la mujer tienen el mismo valor: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Primero se utiliza el concepto “hombre” (ser humano) en forma genérica y solo después se le da un significado concreto a través de “varón y hembra” (hombre y mujer). El hombre y la mujer están igualmente hechos a imagen de Dios; ambos se encuentran en una relación idéntica de dependencia de Dios.
  • El hombre y la mujer tienen el mismo encargo: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28). Ambos son bendecidos por Dios. Él se dirigió a ellos y les dio el mismo encargo.

Según Génesis 1, la subordinación de la mujer al hombre debe ser calificada como contraria a la creación, no querida por Dios.

El segundo relato de la creación

El segundo relato de la creación adquiere la forma de un relato con personas que actúan y reaccionan entre sí. Para la cuestión de que ambos géneros son iguales lo relevante es:

  • El hombre recibe el aliento de Dios: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7). El hombre –aún sin connotación sexual– es creado a partir del polvo de la tierra. En el segundo relato de la creación, el aliento de Dios, el aliento de vida ocupa el lugar de la imagen de Dios del primer relato. Dios se dirige al hombre de forma íntima, como no lo hace con ninguna otra criatura. El aliento de vida es al mismo tiempo el aliento de Dios y, por lo tanto, es la base para la unicidad del ser humano dentro de la creación.
  • El hombre recibe un encargo divino: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15). El hombre se convierte en alguien que puede moldear su entorno. “Labrar” y “guardar” son actividades constructivas que se le asignan al ser humano; aquí hay un claro paralelismo con “señorear” de Génesis 1:26 y siguientes.
  • Al hombre se le da un homólogo: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18). Literalmente, la segunda parte dice “una ayuda como homólogo”, y esto significa que el homólogo no solo está “con” y “junto al” hombre, sino que se encuentra con él en igualdad de condiciones.
  • El hombre y la mujer son de la misma materia: “Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Génesis 2:22-23). El homólogo no está hecho de tierra, sino de la carne de hombre. La costilla de la que se crea la mujer es un símbolo de que el cuerpo del hombre y el de su homólogo son de la misma clase y de la misma naturaleza. Existe una unidad física entre ambos.

Tampoco el segundo relato de la creación da cuenta de una subordinación de la mujer al hombre. El ser humano primero existe solo, no habiendo distinción de sexos. Le falta un homólogo que se le parezca. Por esta razón, Dios creó un homólogo con las mismas facultades a fin de superar la soledad humana. El hombre y la mujer han sido creados el uno para el otro, para apoyarse mutuamente y trabajar de tal manera que el otro pueda llevar una vida buena y agradable a Dios.


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Katrin Löwen
5.07.2021
declaraciones doctrinales