Has leído el artículo de los Pensamientos Guía para el Servicio Divino y has reflexionado sobre su mensaje principal y cómo se relaciona y puede conectarse con la comunidad. Ahora es el momento de considerar el texto bíblico.
Como dice nuestro Catecismo: “La Sagrada Escritura constituye el fundamento de la doctrina de la Iglesia Nueva Apostólica. Consecuentemente, el anuncio de la palabra en los Servicios Divinos está basado en la Sagrada Escritura. La misma es el punto de partida y el fundamento para la prédica” (Catecismo INA 1.2.5; cf. 2.1.6).
Leer de manera responsable
Una prédica se deriva de un texto bíblico. Una de las cosas más importantes que debe hacer un predicador es entender el significado y el contexto del pasaje bíblico. Por lo tanto, es importante tener algunos conocimientos básicos sobre cómo hacerlo. ¿Por qué es esto importante? A veces, podemos importar significados al texto que en realidad no están en él, o simplemente malinterpretarlo.
Para muchos cristianos, la Biblia es una fuente de consuelo e inspiración. También es un libro misterioso, con muchas cosas que no se conocen o comprenden adecuadamente. Es bueno que los cristianos (especialmente los portadores de ministerio) lean la Biblia, pero es aún mejor si lo hacen de una manera informada y responsable.
Consideremos que leer la Biblia es como emprender un viaje a un país extranjero. Algunas cosas nos resultan familiares, pero también nos encontramos con costumbres, idiomas y valores extraños y desconocidos. Nos separan del texto bíblico y sus acontecimientos no solo el tiempo y los idiomas, sino a menudo también visiones del mundo muy diferentes. Antes de aplicar el texto bíblico a nuestra época, debemos considerar y entender su “alteridad” y la de las personas que vivieron en aquella época.
Exégesis, no eiségesis
Interpretar un texto para esclarecer su significado en su contexto literario e histórico se denomina “exégesis”. La palabra “exégesis” se basa en una palabra griega que significa “extraer”, es decir, queremos “extraer” el significado original de un texto. Esto es para evitar “introducir” nuestro propio significado en un texto (eiségesis).
Entonces, ¿cómo se puede realizar una exégesis básica? Algunas preguntas que podemos hacernos son las siguientes:
- ¿Cuál es el contexto literario del texto bíblico? ¿Qué nos dice este pasaje sobre su significado?
- ¿Dónde comienza y termina este pasaje más amplio (conocido como perícopa)? ¿Cuál es su estructura literaria? ¿Hay palabras clave en el pasaje? ¿Cómo encaja en el libro en su conjunto?
- ¿De qué tipo de literatura (género) se trata? ¿Cuáles son las pistas para interpretar este género?
- ¿Se citan (o se alude a) otros textos bíblicos en el pasaje?
- ¿Qué tipo de persuasión (para cambiar actitudes y acciones) hay en el pasaje?
Y para aquellos interesados en un enfoque más científico e histórico de la Escritura:
- ¿Cuál era el contexto histórico del pasaje y del libro? ¿Quién lo escribió? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué?
- ¿Cuál era la visión del mundo de sus primeros lectores? ¿Cuáles eran sus valores culturales y sus costumbres y creencias tradicionales?
- ¿Existe alguna arqueología que nos ayude a comprender este pasaje?
Leer la Escritura de manera cristocéntrica
Además, las siguientes consideraciones para la prédica son aún más importantes.
Como dice nuestro Catecismo: “Jesucristo es el centro de la Escritura” (Catecismo INA 1.2.5.2). Y como Jesús dijo a sus discípulos: “Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lucas 24:44-45).
Esto es obviamente cierto para el Nuevo Testamento, pero también es un principio importante en nuestra forma de abordar el Antiguo Testamento. Un enfoque cristocéntrico afirma que el objetivo último, el propósito y el significado final de todo el Antiguo Testamento se encuentran en la persona y el obrar de Jesucristo. Esto también significa que no todo lo que está escrito en el Antiguo Testamento sigue siendo relevante para la fe cristiana.
Debemos ser conscientes de que los autores del Nuevo Testamento también utilizaron e interpretaron el Antiguo Testamento de esta manera, aunque el autor original no tuviera la intención de escribir sobre Cristo. Esto es cierto, por ejemplo, en Salmos 22, donde el salmista hablaba de su propio dolor y angustia, pero se cumplió plenamente en la crucifixión de Cristo. Esta forma de leer el texto es conocida por los teólogos como sensus plenior (“el sentido más profundo”), que se refiere a un significado más profundo pretendido por Dios, pero no necesariamente por el autor humano, que solo se hace evidente a la luz de la revelación posterior (es decir, Jesucristo, el Nuevo Testamento; y podemos añadir, la autoridad del ministerio de Apóstol para interpretar la Escritura).
Incorporar el texto bíblico a la prédica
Conocer el contexto de un texto bíblico puede añadir mucho valor a una prédica, y explicarlo puede ayudar a nuestros hermanos a comprender mejor la Biblia. Sin embargo, la explicación histórica debe ser breve, ya que la prédica debe centrarse en el mensaje principal.
Por último, hay que tener en cuenta que, con bastante frecuencia, el texto bíblico se lee una sola vez al principio, luego se olvida y nunca más se vuelve a mencionar. Sin embargo, el texto bíblico es la base de nuestra prédica y debe ser mencionado durante el transcurso de la misma.
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Sobre el autor

El Dr. Markus Cromhout (nacido en 1972) es teólogo de la Iglesia Nueva Apostólica África del Sur y está activo como Evangelista en su comunidad. Estudió en la Facultad de Teología de la Universidad de Pretoria y es doctor en Nuevo Testamento. Además de obras académicas, también escribe libros de divulgación científica. Organiza seminarios sobre el tema de la “homilética” y aporta semanalmente contribuciones de fondo.