Cuando finalizó un Servicio Divino y los miembros vuelven a casa, ¿qué es lo que se llevan? ¿Ya habrán olvidado la prédica al salir? O ¿había una meta o propósito claro que daba forma a las palabras?
Cada prédica es como llevar a la comunidad a un viaje, con un comienzo, un camino con un propósito y un destino. Llegar a ese destino es importante. La prédica orientada a objetivos transmite el mensaje y ofrece un valor “para llevar a casa”, por lo que el Evangelio acompaña a las personas en su vida cotidiana.
Establecer un objetivo claro para la prédica
Antes de desarrollar los puntos principales (el cuerpo) de la prédica, es una buena idea establecer un objetivo claro. ¿Qué debería haber logrado la prédica para cuando se transmiten el resumen y la conclusión? ¿Cuál es el valor “para llevar a casa”? Este objetivo debe ser una confluencia entre el mensaje principal de la prédica, el texto bíblico y las necesidades contextuales de la comunidad. Además, la naturaleza del objetivo de la prédica dependerá de la naturaleza del mensaje en sí y estará influenciada por los diversos factores que se analizan a continuación. El portador de ministerio debe decidir en qué aspectos centrarse y cómo transmitirlos.
Reunir, equipar, enviar
Podemos clasificar tres categorías diferentes de la prédica: reunir a la Iglesia, equipar a la Iglesia y enviar a la Iglesia.
En primer lugar, hay que reunir a la Iglesia. Se trata de llevar a las personas a Cristo y que tengan fe en el Evangelio. Se trata de presentarles la misión del ministerio de Apóstol. El Evangelio (“las nuevas buenas”) y la doctrina y misión de la Iglesia debe ser anunciadas a todos.
En segundo lugar, la Iglesia debe estar equipada con conocimientos y habilidades. Esto implica una prédica que provea conocimiento del Evangelio y de la doctrina de la Iglesia, al mismo tiempo que proporcione orientación práctica para aplicar el Evangelio ante las circunstancias contemporáneas. Esa prédica es un llamamiento a tomar decisiones, a cambiar la actitud y comportamiento. La prédica también busca sanar y ofrecer consuelo y esperanza.
En tercer lugar, la Iglesia debe ser enviada al mundo para dar testimonio del Evangelio y de la misión de la Iglesia, lo que, a su vez, ayudará a reunirla. También se trata de llegar a todos los necesitados.
Piensen en la meta de la prédica. ¿Es reunir? ¿Es equipar? ¿Es enviar?
Recuerden vuestro rol como predicadores
Como siervo de la palabra, son una fuente de bendición. Recuerden:
- Son una fuente de autoridad: un siervo líder enviado por el ministerio de Apóstol a predicar.
- Son una fuente de conocimiento: anunciando el Evangelio, enseñando la doctrina y ofreciendo habilidades prácticas.
- Son una fuente de sanación: anunciando el amor, el perdón, la esperanza y la reconciliación de Dios.
- Son una fuente de significado.
En cuanto a esto último, tras haber reflexionado sobre el mensaje principal de la prédica y las necesidades contextuales de la comunidad, pregúntense: luego de la prédica, ¿qué es lo que los miembros deben saber o comprender, sentir, creer, decidir y, finalmente, hacer?
Esto debe determinar su sentido de
- identidad: ¿Quién soy?
- valor: ¿Soy importante?
- propósito: ¿Por qué estoy aquí?
- acción: ¿Puedo marcar la diferencia?
Por lo tanto, consideren el contexto específico de la comunidad y cómo las indicaciones anteriores pueden ayudar a dar forma al propósito y al valor “para llevar a casa” de la prédica.
De la escucha activa a la implementación activa
Una vez que hayan determinado el objetivo de vuestra prédica, incorpórenlo a su resumen. La comunidad debe percibir claramente que ha llegado al final de la prédica, pero también que tiene una tarea o responsabilidad concreta al retirarse. Esto es lo que deben llevarse consigo de la prédica. Este debe ser el valor “para llevar a casa”, y es el punto en el que el “mundo de significado” del Evangelio conecta con el “mundo de significado” de los miembros y comienza at transformarlo.
Este objetivo no es algo fijo o inmutable. A medida que se profundiza en la comprensión del mensaje principal, y mientras se desarrolla el cuerpo y se experimentan momentos de descubrimiento personal, siempre puede cambiar el objetivo de la prédica en consecuencia. Lo importante es que el mensaje central se comunique de una manera adecuada al contexto y que conduzca a un valor “para llevar a casa” que los miembros puedan reflexionar y poner en práctica.
La prédica no debe ser un evento único que permanece dentro de las paredes de la Iglesia. Los miembros deben llevar consigo el mensaje, interiorizarlo y experimentar una transformación personal. Entonces, ellos mismos se convierten en una prédica viva para el mundo al ser lo que están llamados a ser: hijos de Dios.
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Sobre el autor

El Dr. Markus Cromhout (nacido en 1972) es teólogo de la Iglesia Nueva Apostólica África del Sur y está activo como Evangelista en su comunidad. Estudió en la Facultad de Teología de la Universidad de Pretoria y es doctor en Nuevo Testamento. Además de obras académicas, también escribe libros de divulgación científica. Organiza seminarios sobre el tema de la “homilética” y aporta semanalmente contribuciones de fondo.