En foco 5/2017: Dar la gloria al que corresponde

Glorificar es un tema delicado. Tambien implica riesgos. El Apóstol de Distrito Rüdiger Krause (Alemania del Norte y del Este) tiene una respuesta clara a la pregunta: ¿A quién le corresponde la gloria?

En la "Concordancia real y verbal de mano" de Friedrich Büchner se puede leer bajo el concepto "gloria" lo siguiente: "Es el respeto por la soberanía, méritos y virtudes que se aprecia en el corazón sin falsedad, se enaltece exteriormente con palabras y gestos, y se muestra en los hechos con sinceridad". Así los hombres deben tributar la gloria a Dios. Por cierto, nunca alcanzaremos la soberanía, los méritos y las virtudes de nuestro Señor y Redentor Jesucristo, pero igualmente intentémoslo.

Moisés, el agua y la roca

Dar la gloria a los hombres puede llevar a un callejón sin salida. Aquí pienso primero en Moisés. Una vez más el pueblo de Israel murmuraba porque no tenía agua. Dice que la congregación se juntó contra Moisés y Aarón (Números 20). Esto seguramente fue un gran desafío para ambos. Dios se confesó a ellos y les dio la promesa de que proveería agua para el pueblo.

El Señor mandó a Moisés que reuniese la congregación delante de la roca. Moisés lo hizo con las palabras: "¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir agua de esta peña?". Entonces el gran Dios, aunque dio agua para el pueblo, también anunció a Moisés y Aarón que ellos no conducirían a los israelitas a la tierra prometida. Es posible que hayan dudado o querido despertar la impresión de que ellos mismos podrían hacer salir agua de la roca. Pero a Dios no le rindieron gloria en ese momento.

El Pastor, el Obispo y el Apóstol

Pienso en este lugar también en los futuros Apóstoles Carl Wilhelm Louis Preuss y Friedrich Wilhelm Schwartz. Ambos se habían unido junto a la comunidad de Hamburgo al llamamiento del Apóstol Rudolf Rosochacky. Esto no les gustó a los Apóstoles de la Iglesia Católica Apostólica de Inglaterra, de modo que estos excluyeron a toda la comunidad, al Obispo Schwartz y también al Pastor Preuss y los relevaron del ministerio. No obstante, la pequeña comunidad de Hamburgo se siguió reuniendo y los Servicios Divinos se siguieron realizando. Se puede suponer que los conduciría principalmente el Obispo Schwartz.

El Espíritu Santo, en esas reuniones, llamó al Pastor Carl Wilhelm Louis Preuss como Apóstol. Sabemos por los informes de aquella época que el Obispo Schwartz se subordinó de inmediato a ese llamamiento. Imagináos que el Obispo Schwartz, como "portador de ministerio de mayor rango" se hubiese puesto en contra. ¿Existiría la Iglesia Nueva Apostólica entonces? ¿Hubiese sido escrito este artículo entonces? Yo creo que no.

Ambos ejemplos muestran claramente qué graves consecuencias puede tener el dar la gloria equivocadamente, esto es, a los hombres. Por eso, demos la gloria al gran y trino Dios.



Foto: Oliver Rütten

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Rüdiger Krause
6.03.2017