¿Qué mueve a una persona que asume el ministerio de Apóstol Mayor? En la primera parte de la entrevista con la redacción de “neuapostolisch” (revista de la Iglesia en idioma alemán), el Apóstol Mayor Helge Mutschler habla sobre sus primeras semanas en el ministerio, el peso de la responsabilidad y la confianza en Dios.
Redacción: Estimado Apóstol Mayor, lleva ya algunas semanas en el ministerio. ¿Hay algún momento, algún encuentro, algún sentimiento que le gustaría compartir con nosotros?
Apóstol Mayor Helge Mutschler: Hubo muchos momentos especiales. Por ejemplo, cuando el Apóstol Mayor Schneider bajó del altar después de su pase a descanso y yo me quedé allí solo. No fue algo en lo que pensé. Fue una experiencia en mi cuerpo. En ese instante, la responsabilidad se volvió real, como algo que ahora está en mí y ya no se va.
Y luego, después de la oración y el himno final, simplemente me sentí abrumado. Lo que viví en las semanas siguientes, para mí también forma parte de ello. Tantos hermanos y hermanas me desearon lo mejor. Se interesaron por mí. Se alegraron conmigo. Oraron. Yo estaba solo detrás del altar. Pero no estoy solo.
Cuando dijo su primer “sí” como Subdiácono, su Anciano de Distrito de entonces le dijo: “El ministerio es el ministerio”. ¿Qué le diría usted a él hoy?
Probablemente: “Tenías razón” (ríe). “El ministerio es el ministerio”: eso no fue una forma de presionarme. Fue una promesa. Quería decirme: “No depende de ti, de tus habilidades, ni de tu grandeza, ni de si te sientes digno. Depende de quien llama. Y en Él puedes confiar”.
¿Qué aconseja a los hermanos y hermanas que se enfrentan a la decisión de decir “sí” o “no”?
Tómate tu tiempo. Da tu respuesta de manera plenamente consciente. Ora para que el Espíritu Santo te conceda claridad y paz interior. Porque todos tendrán objeciones prácticas; a mí me pasó lo mismo en su momento. La mente siempre hace cálculos: ¿Qué me va a costar esto? ¿Se ajusta a mi vida? Esto es normal, está bien que sea así.
Pero el Espíritu de Dios puede hacer algo que la mente por sí sola no puede: genera paz, genera tranquilidad. No porque de repente todas las preguntas se hayan resuelto, sino porque la forma de enfrentarlas cambia. Cuando existe esa paz, puedes decidir con tranquilidad. Y sea cual sea la respuesta, no decides por presión ni por miedo a equivocarte. Si finalmente es un “sí”, quien te llama nunca te dejará solo con ese llamado.
¿Hubo momentos en el camino hacia el nuevo ministerio en los que dudó o sintió miedo?
Nunca cuestioné la tarea en sí, porque sabía cuánto tiempo y con qué intensidad el Apóstol Mayor Schneider había luchado con la cuestión de su sucesión —incluso había luchado en oración con Dios—.
¿Por qué yo? No puedo responder a esa pregunta. El ministerio es muy grande, el ser humano es tan pequeño. Eso lo dijo una vez el Apóstol Mayor Schneider. ¿Quién soy yo para ocupar este lugar? Hay dos sentimientos o pensamientos que tuve y que sigo teniendo: es imposible. Y: con Dios, será posible. Simplemente confío en que Dios me proteja, me acompañe, me guíe y me conceda el éxito. Su gracia es suficiente. Justo donde termina mi propia fuerza, comienza la suya.
¿Qué fue lo que más lo sorprendió en sus primeras semanas como Apóstol Mayor?
Lo mucho que el Apóstol Mayor está en el centro de atención. Eso lo había subestimado. Estuve cerca durante años; vi lo que sobrellevaba el Apóstol Mayor Schneider. Pero ver y estar en esa posición son dos cosas diferentes. Ya casi no existe una frase que sea solo una frase. Casi ningún viaje que sea solo un viaje. Todo se escucha, todo se interpreta. Estoy tratando de acostumbrarme a eso.
La conversación continúa: se podrá leer la segunda parte de la entrevista con el Apóstol Mayor Mutschler el 15 de octubre de 2026.